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Dentro de los estudios de la filosofía, la
psicología, es una de las ramas que suele más interesarme, cuando de la moral y
la ética se trata, o sea de la recta conducta de los hombres, en el trato con
los demás, dentro de la sociedad. Trayectoria trascendental y provechosa, que
ha significado en todas las épocas de la vida, para la persona que la práctica,
un sano y viable entendimiento, que imprime confianza, entre los hombres y les
provee de un comportamiento inteligente, que consiste en que tengamos una
aptitud más positiva hacia la vida, junto a otros factores, que marcaran
nuestra calidad de vida, y el desarrollo de nuestra personalidad. A
la vez, que da luz para comprender ciertos sentimientos, y puntos de vista, que
marcaran también nuestra conducta a seguir y moral de la persona.
Sobre estos fundamentos, se forja un pensamiento,
para mi forma de pensar, incuestionable, y es que, el refugio, en el cual, se
guarnece nuestra alma, o sea, nuestro cuerpo humano, presenta una estructura
construida con el material del que se nos ha provisto y de las mejoras que le
hayamos proporcionado o se nos hayan podido aportar a lo largo de nuestra vida,
mientras el anima, que nos asiste, habrá estado regida y alimentada por las
sensaciones positivas, que le proporciona el cerebro, que le hace crecer en
valor y solidez. Éstas, son mis convicciones, creencias e ideales, que junto a
la religión que profeso, le da mayor dimensión a ésta nuestra alma, que recibe,
(repito) a través de nuestro cerebro, el impulso y sustento necesario, para que
crezca.
Si considero que una persona es de buena moral, es
porque, doy por hecho, que en todas sus actuaciones, al tratar con los demás,
lo hace con respeto y dignidad y cuando entre dos actuaciones, ha de discernir
cual es la mejor, elegirá siempre, aquella, que más beneficie a todos. Este
es el principio de utilidad que, creo yo, conlleva un comportamiento de esta
categoría: Ser útil a los demás. Y no piense el palurdo, que por el
hecho de servir a los que caminan junto a ti, uno se menoscaba, o pierde
categoría, ¡no!, sino todo lo contrario, le dará un tamaño más honroso de
dignidad para su persona, pues como siempre se ha dicho “lo cortés no quita lo
valiente”. Uno de los valores universales, en el que descansa el hombre,
siempre ha sido, el de su dignidad humana, junto con el poder de la
inteligencia y el valor de la libertad y expresión, que hace ponernos a unos
y otros, en contacto y conocernos mejor, abriéndose nuevas vías de comunicación
en ambos sentidos. Dicho sea, intercambiando correspondencia. Ya, este hecho, de
por sí, se le debe considerar como un valor básico de lo humano, sujeto de
principios y abierto hacia los demás, (repito) que nos permite
conocernos mejor entre nosotros, de acuerdo con el poder de inteligencia,
que cada cual posea. De aquí, que a cada uno, haya que tratarlo, con la
consideración que se le deba a su dignidad y valor, como persona.
Para concluir, añadiré, que nuestros principios,
como el buen fondo, se reflejan en cada una de nuestras acciones. Primordial
para todo hombre que esté provisto de dignidad y desee vivir en paz con él
mismo y los demás. : Que es la de procurar no dañar a otros, si no todo lo
contrario, beneficiarlos, en la medida que cada cual le sea posible.
Y si usted, es un político o posee un cargo
público, como amante de la moral y buenas costumbres, le recomendaría leyese el
siguiente discurso pronunciado por Don Claudio Gutiérrez, donde nos explica,
como la educación cívica y la formación de valores del ciudadano, es el trabajo
fundamental de todo político, para llevar acabo su compromiso. Entre sus
declaraciones, leer podrá también la siguiente sentencia: “De que el hombre
nació libre y sin embargo, siempre lo vemos encadenado”.
http://www.claudiogutierrez.com/Introduccion_a_la_etica.html
¿Y a qué, está encadenado el hombre? Pues a
sus vicios, veleidades, pasiones y todas de sus flaquezas, como son las
mismas vacilaciones, que nos hacen estancarnos, o tomar caminos más fáciles, el
miedo, a exponer o perder algo, y el desprecio asimismo, y ya en este último
caso, como no se puede dar, lo que no se posee, es lo que más infelicidad le
pueda producir. Se me olvidaba la envidia, y el falso testimonio, actitudes,
que producen sensaciones desagradables en los demás y suelen descubrirse,
dejando a la persona que la practica, en mala posición.
Cuando se obra mal, impide al que lo practica,
continuar el camino recto. En las diferentes etapas del desarrollo humano,
muchos de nuestros valores sufren transformaciones continuas, como es el valor
de que les das a las cosas que tienes, como el control que ejerces sobre ellas,
¿o por el cambio que experimenta la sociedad en sus costumbres y forma de
pensar? Pueden ser factores que harán mejorar o por el contrario empeorar tu
actitud y comportamiento. Solo controlando las pasiones, se logrará la
felicidad, y fortalecer la autoestima de uno, al sentirse más seguro de sí
mismo.
De ser considerado persona digna, o por el
contrario, mísera, es como decir ir vestido elegante o por el contrario
andrajosamente. Por eso, el cumplimiento o no de los derechos y deberes
naturales de toda persona, le llamamos moral, y quien los practica, también
se le suele llamar, virtuoso.
Esta ciencia de la conducta del hombre, basada
como digo arriba, en la razón o ley natural, da un orden a nuestros
pensamientos, para beneficio propio y el de la sociedad. De aquí, que, el
contenido de los diez mandamientos, estuviesen basados en las leyes naturales,
para la buena aceptación, cumplimiento, y beneficio de los que la aceptaran. Y
como en cierta ocasión dijo el actual Papa: ¡La ética cristiana no ahoga el
amor, lo hace más sano y libre”. La ética es un proceso de
aprendizaje dentro de la familia y la sociedad y si nuestra sociedad está
enferma por falta de ética, tristemente no tenga fácil cura por ningún medio, ya
que no se la puede obligar ni exista medicamento que la cure.
En esta página, me hubiese gustado hablar del acoso sexual y
moral, ese trato vejatorio que sufren muchas personas para descalificarlas,
u obtener sus favores, pero no lo haré; para dejarlo para otra mejor ocasión,
más apropiada.
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