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 LAS CARTAS DE DON MANUEL

El valor de la ética

 MANUEL RUBIO

 

 

FOTO: MANUEL RUBIO

Dentro de los estudios de la filosofía, la psicología, es una de las ramas que suele más interesarme, cuando de la moral y la ética se trata, o sea de la recta conducta de los hombres, en el trato con los demás,  dentro de la sociedad. Trayectoria trascendental y provechosa, que ha significado en todas las épocas de la vida, para la persona que la práctica, un sano y viable entendimiento, que imprime  confianza, entre los hombres y  les provee de  un comportamiento  inteligente,  que consiste en que tengamos una aptitud más positiva hacia la vida, junto a otros factores, que marcaran  nuestra calidad de vida, y el desarrollo de nuestra personalidad. A la vez, que da luz para comprender ciertos sentimientos, y puntos de vista, que marcaran también nuestra conducta a seguir y moral de la persona.

 

Sobre estos fundamentos, se forja un pensamiento, para mi forma de pensar,  incuestionable, y es que,  el refugio, en el cual, se guarnece nuestra alma, o sea, nuestro cuerpo humano, presenta una estructura construida con el material del que se nos ha provisto y de las mejoras que  le hayamos proporcionado o se nos hayan podido aportar a lo largo de nuestra vida, mientras el anima, que nos asiste, habrá estado  regida y alimentada por las sensaciones positivas, que le proporciona el cerebro, que  le hace crecer en valor y solidez. Éstas, son mis convicciones,  creencias e ideales, que junto a la religión que profeso, le da mayor dimensión a ésta nuestra alma, que recibe, (repito) a través de nuestro cerebro,  el impulso y sustento necesario, para que crezca.

 

Si considero que una persona es de buena moral, es porque, doy por hecho, que en todas  sus actuaciones, al tratar con los demás, lo hace con respeto y dignidad y cuando  entre dos actuaciones,  ha de discernir cual es la mejor, elegirá siempre, aquella, que más beneficie a todos. Este es el principio de utilidad que, creo yo, conlleva un comportamiento de esta categoría: Ser útil a los demás. Y no piense el palurdo, que por el hecho de servir a los que caminan junto a ti, uno se menoscaba, o pierde categoría, ¡no!, sino todo lo contrario, le dará un tamaño más honroso de  dignidad para su persona,  pues como siempre se ha dicho  “lo cortés no quita lo valiente”. Uno de los valores universales, en el que  descansa el hombre, siempre ha sido, el de su dignidad humana, junto con el poder de la inteligencia y el valor de la libertad y expresión, que hace ponernos a unos y otros, en contacto y  conocernos mejor, abriéndose nuevas vías de comunicación en ambos sentidos. Dicho sea, intercambiando correspondencia. Ya, este hecho, de por sí, se le debe considerar como un valor básico de lo humano, sujeto  de principios y  abierto hacia los demás, (repito) que nos permite conocernos mejor entre nosotros, de acuerdo con  el poder  de  inteligencia, que cada cual posea. De aquí, que a cada uno,  haya que tratarlo, con  la consideración que se le deba a su dignidad y valor, como persona.

 

Para concluir, añadiré,  que  nuestros principios, como el buen fondo, se reflejan  en cada una de nuestras acciones. Primordial para  todo hombre que esté  provisto de dignidad y desee vivir en paz con él mismo y los demás. : Que es la de procurar no dañar a otros, si no todo lo contrario, beneficiarlos, en la medida que cada cual le sea posible.

 

Y si usted, es un político o posee un cargo público, como amante de la moral y buenas costumbres, le recomendaría leyese el siguiente discurso pronunciado por Don Claudio Gutiérrez, donde nos explica, como la educación cívica y la formación de valores del ciudadano,  es el trabajo fundamental de todo político, para llevar acabo  su compromiso. Entre sus declaraciones,  leer podrá también la siguiente  sentencia: “De que el hombre nació libre y sin embargo, siempre lo vemos encadenado”.

http://www.claudiogutierrez.com/Introduccion_a_la_etica.html

 

¿Y a qué, está encadenado el hombre? Pues  a sus vicios, veleidades, pasiones y todas de sus flaquezas, como son las mismas vacilaciones, que nos hacen estancarnos, o tomar caminos más fáciles,  el miedo, a exponer o perder algo, y el desprecio asimismo, y ya en este último caso, como no se puede dar, lo que no se posee, es lo que más infelicidad le pueda producir.  Se me olvidaba la envidia, y el falso testimonio, actitudes, que producen sensaciones desagradables en los demás y suelen descubrirse, dejando a la persona que la practica, en mala posición.

 

Cuando se obra mal, impide al que lo practica, continuar el camino recto. En las diferentes etapas del desarrollo humano, muchos de nuestros valores  sufren transformaciones continuas, como es el valor de que les das a las cosas que tienes, como el control que ejerces sobre ellas, ¿o por el cambio que experimenta la sociedad en sus costumbres y forma de pensar? Pueden ser factores que harán mejorar o por el contrario empeorar tu  actitud y comportamiento. Solo controlando  las pasiones, se logrará la felicidad, y fortalecer la autoestima de uno, al sentirse más seguro de sí mismo.

 

De ser considerado persona digna,  o por el contrario, mísera, es como decir ir vestido elegante o por el contrario andrajosamente. Por eso, el cumplimiento o no de los derechos y deberes naturales de toda persona,  le llamamos moral, y quien los practica, también se le suele llamar, virtuoso.

 

Esta ciencia de la conducta del hombre, basada como digo arriba, en la razón o ley natural, da un orden a nuestros pensamientos, para beneficio propio y el de la sociedad. De aquí, que, el contenido de los diez mandamientos, estuviesen basados en las leyes naturales, para la buena aceptación, cumplimiento, y beneficio de los que la aceptaran. Y como en cierta ocasión dijo el actual Papa: ¡La ética cristiana no ahoga el amor, lo hace más sano y libre”. La ética es un proceso de aprendizaje dentro de la familia y la sociedad y si nuestra sociedad está enferma por falta de ética, tristemente no tenga fácil cura por ningún medio, ya que no se la puede obligar ni exista medicamento que la cure.

 

En esta página, me hubiese gustado hablar del acoso sexual y moral, ese trato vejatorio que sufren muchas personas para descalificarlas, u obtener sus favores, pero no lo haré; para dejarlo para otra mejor ocasión, más apropiada.


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