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Pintor que pintas con amor…

Bella vista, es la que disfrutan los astronautas,
desde ahí arriba en el espacio, cuando giran a nuestro alrededor en sus ultra
ligeras naves, y desde allí, observan nuestro planeta azul, tan lleno de luz y
color que a cualquiera le emocionaría. Y si se fijan con atención en el sur
de Europa, podrán contemplar su apéndice, la Península Ibérica, como si sobre el
globo terráqueo, alguien, hubiese extendido una gran piel de toro, rodeada de
mares y como flotando sobre sus aguas, arriba y abajo, unas pequeñas islitas.
Y aún más, si prestasen buena atención, más al sur, también divisarían Ceuta y
Melilla.
Pero descendamos y pongamos nuestros pies, sobre
esta gran alfombra a guisa de piel de toro, España y Portugal, y hablemos de la
primera, no sin antes ponerse el traje de faena, porque, esta gran casa de los
españoles, con cientos de habitaciones, coexisten una pluralidad de corrientes
ideológicas junto a otro sinfín de pensamientos religiosos y filosóficos, que
han decidido, todos, de común acuerdo, limpiar y pintar de nuevo sus paredes.
Pero he aquí, que sobre el color a emplear, no se ha decidido nada y la casa,
sigue sin pintar, sin embargo, cada uno de sus inquilinos o residentes,
preparados ya tienen, cada cual sus latas de color y sus amplias brochas, para
comenzar tan arduo trabajo. Aquellos que viven, en el ala izquierda con latas de
pintura roja, esos otros, que viven en el ala derecha, con pinturas azules y
otras gamas de colores ya en desuso y si ponemos atención, observaremos para
más, que todos, aparte del color que lleven cada uno, los llevan, de diferentes
tonalidades.
El Jefe de la Casa, piensa que ya es hora de darle
un color pluralista y para ello, todas las latas de pintura se vacíen en una
misma vasija y se mezclen, hasta dar con la pintura resultante y esta sea, la
que se deba emplear. El caso es, que todas las latas son de pintura de aceite y
alguno del norte, ha llegado con su lata de pintura de plástico, para vaciarla
en el mismo recipiente por narices, y se les comunica, que tal cosa es
imposible de hacer, ya que, se echarían a perder toda la pintura: y pintar ellos
su trozo por su cuenta, eso le daría al edificio una apariencia horrorosa, desde
cualquier punto que se mirase.
Como una familia numerosa, todos tienen algo que
pintar, a pesar de la intolerancia y conflictividad de algunos por lo que se ha
acordado que cada cuatro años, pinte aquél grupo, que más cantidad de color
tenga, incluso se le permita mezclarla, a gusto del pintor de turno, con otras
de intensidades y hasta, de colores diferentes, siempre que se avengan a ello,
unos y otros.
Se pintó sobre el azul fuerte opaco, un color por
décadas usado y “sin raspar esta anterior pintura”, se acordó pintar encima. En
definitiva, un color ni ¡puf ni faz!, un color al que tendrán que amoldarse,
todo inquilino que viva en este edificio. Lo importante es, que en estas paredes
no se destaquen los desconchones de épocas anteriores, ni el color de pintura
azul fuerte, que le imprimieron los anteriores inquilinos, tan empotrada, por
culpa de la fuerza que se le aplicó, que ni con masilla se consigue tapar los
agujeros. Esta vez habrán de darle varias manos, para que no vuelva emerger
aquella negruzca capa, con la que tantos años se vivió. Aunque bien se sabe,
que, las pocas latas oxidadas, que quedan de esta arcaica pintura, ya
endurecida, aún sus propietarios, la tienen a mano (alzada), dispuestos, para
que en la primera ocasión que tengan, ¡Que supongo no la volverán a tener!, se
pongan a pintar.
A los de la pintura de plástico, por ser una pintura que huele a
cosa rara y nadie la soporta, se les ha dicho mil veces, que su matiz no es el
apropiado, pero ahí siguen fastidiando ¡Que se vayan a pintar a otro sitio,
hombre!, iba a decir, tras el Pirineo, pero tampoco, por estar ya en desuso esta
pintura, en todo lugar. Yo mismo, a veces pienso, si después de tantas horas de
pegar brochazos por separado, se llegase algún día, a aunar esfuerzos para que
todos pintemos (algo) a la misma vez. Incluso, se llegase en sucesivas
pinceladas a usar una misma gama de pintura, ¡la que más le complaciera a los
usuarios! ¡Que todo es cuestión de aunar esfuerzos y ser más condescendientes,
unos con otros! Pero difícil lo veo, con tantos empecinados que hay por el
mundo, creyéndose ellos, que son los únicos que (saben pintar) y que tienen la
piedra filosofal en sus manos. O ese polvo rojo con la propiedad de transformar
todas las impurezas. O aquella otra piedra, considerada como la única sustancia
o panacea, capaz de transformar el universo, dándole otro color y significado
al mundo. Y es que, no caen en la cuenta, que este mundo es otra gran casa,
donde si cabemos todos, aunque la practica nos muestre, que cada día somos más
intolerantes y peor avenidos entre nosotros mismos. Mas, no exasperemos ni le
demos esta apariencia tan melancólica nuestro futuro, oyendo esas notas
musicales de Angelitos Negros con su tierna letra, que lo explica todo. Y si no
la conoce, búsquela en Google, que ahí viene completa la canción.
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