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 LAS CARTAS DE DON MANUEL

Olvido o distracción

 MANUEL RUBIO

 

 

FOTO: MANUEL RUBIO

Los conceptos olvido y distracción, van a menudo asociados al de  responsabilidad, pero éste ultimo, pertenece a un campo diferente; porque responsable es, la persona que no pone cuidado o atención en lo que hace o lleva a cabo y no exactamente por olvido, ya, que esto ultimo, concepto, afecta a la memoria, o sea, el cese en la memoria de algo que debiera tenerse presente, pero por razones diversas, ha llegado a borrarse, generalmente,  por distracción, o apartar la atención de ese algo, en la que debería estar empleándola. Algo que suele pasarnos a todos, unos más que a otros, teniendo en cuenta factores tales, como, capacidad de retención y tiempo de permanencia de lo memorizado, estado anímico de la persona,  volumen de trabajo, cansancio o preocupaciones de mayores dimensiones, amen de otras causas de tipo psíquico y emocionales que pueda sufrir el individuo, debido, en la mayoría de las veces, a la falta de retentiva.

 

Por ejemplo, te desplazas de un lugar a otro, para recoger un objeto o hacer una cosa y cuando alcanzas ese lugar, de pronto, sin saber por qué, encuentras en blanco tu memoria, no recuerdas que te disponías  hacer, por lo que, en ese momento te detienes y tu magín comienza a trabajar, empleando algún procedimiento nemotécnico que auxiliará a la memoria, (sigues queriendo recordar) y “no caes en ello”, hasta te preguntas ¿Qué puñetas venía a hacer?  Quizás otras preocupaciones (por distracción) en ese momento embargan la mente y debido a  ello, te impiden llegar a recordarlo. Vuelves al sitio de procedencia y piensas que era lo que estabas haciendo, mejor todavía, comienzas a repetir el último paso que habías dado, sobre aquello que estabas  realizando, continuando con tu tarea, como si empezaras; y compruebas, que cuando has vuelto a repetir ese paso,  que te hizo trasladarte a aquella habitación, para recoger o hacer esa cosa, de pronto, vuelves a recordar lo que era y hasta recuerdas el lugar donde estaba, o sea se repite la misma acción  que te llevó al lugar, pero esta vez, lo has memorizado mejor y difícil será, lo vuelvas a olvidar, pero si por ventura te volviera a ocurrir, ya, la situación sería más seria,  recomendándose en este caso, visitara al psiquiatra, para que te ayude. Cuando son objetos o hechos,  imprescindibles, pronto lo mismo que se olvidan se rememoraran, pero si no ocurriera así,  porque se le escabulleran de la mente, o difíciles fuesen de retener, es muy posible, tengas que pasar algún tiempo –in albis- hasta volver a recordarlo.

 

Realmente recordar, es hacer presente a alguien, algo de lo que se hizo cargo o tomó a su cuidado, pero en nuestro caso, estamos hablando de acordarse, en respuesta a un olvido o distracción que hemos sufrido, o sea, traer de nuevo a la memoria algo que por un tiempo estuvo ausente. Un proceso o facultad, de la que goza el  hombre, el cual tiene también su tiempo de duración.

 

En  películas y en la realidad también hemos conocido del caso del individuo, que sale precipitadamente en calzoncillos a la calle, por haber olvidado ponerse los pantalones. Olvidar las llaves de la casa, la cartera, o los documentos que te hacen falta entregar en cierto lugar, etc. o lo máximo, olvidarte del motivo por el que te has puesto en camino. O el caso, de aquellos, que no encuentran el lugar donde aparcaron el vehículo, para ello, basta un momento de concentración, para pensar que es lo que se hizo aquél día y luego buscarlo entre los  aparcamientos, que más cercanos, tenga costumbre frecuenta. Por suerte, se termina siempre encontrando el vehículo extraviado. Hoy más, con esa llave, de mando a distancia, que le hace sonar el claxon o encender las luces, es tarea más sencilla.

 

Lo malo de olvidar, es que, en algunas ocasiones, por no prestar la debida atención, si no rememorizas pronto, pasado un tiempo, sea inútil, volver a recordarlo. Un caso reciente, me ocurrió, ayer mismo, cuando nos disponíamos salir a la calle, mi esposa me dijo que memorizara el nombre de un autor de novela, para que se lo recordara cuando fuéramos a la biblioteca, la verdad es, que no le presté la atención debida, y una vez en la calle, se me borro de la memoria por completo, ella más interesada que yo, por dicho libro, lo recordó.   

 

Digno es destacar,  ese otro caso, de aquél, que se dirige a una dirección, o ventanilla, para gestionar o tramitar algún asunto, y cuando vas a preguntar por una persona, en el momento de llamar a su puerta, se te ha olvidado el nombre, del que vas a visitar; te quedas allí parado, sin punzar el timbre, queriéndolo “recordar”, para a continuación, dar o no, con el nombre, y como suele ocurrir en estos casos, alguien, que en ese momento sale y te pregunta ¿Desea usted algo, Sr.? Tú, en ese instante, que no esperabas a nadie, porque aún no habías llamado,  te quedas algo sorprendido, y vertiginosamente, le vuelves a dar vueltas a la cabeza, para salir del embarazoso  aturdimiento y  entonces, bien por  torpeza o falta de serenidad,  le dices precipitadamente, algo como: Verá usted, venía a este asunto de tal o cual cosa, pero no recuerdo en este momento el nombre del Sr. que venía a visitar. La persona, que por azar salía, deseando ser atenta contigo, llama a fulanito y  en ese preciso momento, recuerdas el nombre, y entonces ¡albricias! Dices ya algo más sosegado: A este Sr. venía a ver exactamente,  con  el cual deseo hablar. ¡Situación embarazosa, en la que más de uno se ve implicado! En la próxima ocasión, -nos decimos- lo llevaré anotado.

 

Cuando no se olvidan (extravían) grandes sumas de dinero, guardados en sobres, encima del asiento de un vehículo, cajeros, y todo lugar,  siendo pocas las veces que te lo devuelven, tanto que cuando aparecen, hasta suelen salir en los periódicos, “Fulanito de tal, un empleado de la limpieza, un taxista, etc encuentra un paquete con X miles de euros y los devuelve. O bien, si te devuelven el objeto perdido, es porque, hayas ofrecido una satisfactoria gratificación. Pero no nos olvidemos de que en el mundo también hay personas honradas, que nada más encontrar algo que no les pertenece,  se molestan en devolverlo.

 

Recuerdo lo que me contaban de un cantante, un tal Rock David Bobie, del que decían,  que su memoria se había quedado como la de un  queso gruyer, porque se veía obligado a leer sus canciones mientras las cantaba.

 

Tiene cierta importancia, también  cuando durante una conversación, alguno de los dialogantes, falto de memoria, no se acuerda con la suficiente presteza, de aquellas  palabras apropiadas, que ha de emplear en la conversación, viéndose obligado a balbucear o tartamudea, cortar el hilo de la charla, o emplear otras palabras mas vulgarmente usadas, para poder seguir el curso de la conversación.

 

La mala memoria, lo mismo que nos aleja del contacto social, igualmente merma nuestras cualidades en las tareas con la colectividad. Cuantas veces, la MALA MEMORIA, lo mismo que nos beneficia, también nos puede dañar o cuantas otras, se vale uno del olvido, para “no recordar” o “acordarse” y así, salir de un aprieto. Porque si alguien, se ve  obligado a recordar, por necesidad,  y no puede hacerlo, también estará metido en un buen apuro.

 

Terminaría esta carta hablando del olvido, entre parejas, de sus amores, por razones de cualquier clase de separación y de lo difícil que les resulta a algunos borrar de su mente un amor de estos, que pueden permanecer en mente hasta el resto de sus días.

 

Pero distracción colosal, la  que padece el Sr. Bush, que olvida, cuanto ya ha invertido  en el juego del rol, que sobre tablero, tiene en el Pentágono, donde se compra, se vende y se destruye, más que se construye, sin llevar balance de lo que ha perdido y se está jugando. Un juego aventurado, en el que se arriesga bastante y de lo que su electorado no es consciente

 

Y como echando en olvido estoy, de que toda carta o escrito, ha de tener un final, doy por concluida ésta, esperando, que mi lectura, haya servido al menos, de provecho o distracción.


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