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Los
conceptos olvido y distracción, van a menudo asociados al de responsabilidad,
pero éste ultimo, pertenece a un campo diferente; porque responsable es, la
persona que no pone cuidado o atención en lo que hace o lleva a cabo y no
exactamente por olvido, ya, que esto ultimo, concepto, afecta a la memoria, o
sea, el cese en la memoria de algo que debiera tenerse presente, pero por
razones diversas, ha llegado a borrarse, generalmente, por distracción, o
apartar la atención de ese algo, en la que debería estar empleándola. Algo que
suele pasarnos a todos, unos más que a otros, teniendo en cuenta factores tales,
como, capacidad de retención y tiempo de permanencia de lo memorizado, estado
anímico de la persona, volumen de trabajo, cansancio o preocupaciones de
mayores dimensiones, amen de otras causas de tipo psíquico y emocionales que
pueda sufrir el individuo, debido, en la mayoría de las veces, a la falta de
retentiva.
Por
ejemplo, te desplazas de un lugar a otro, para recoger un objeto o hacer una
cosa y cuando alcanzas ese lugar, de pronto, sin saber por qué, encuentras en
blanco tu memoria, no recuerdas que te disponías hacer, por lo que, en ese
momento te detienes y tu magín comienza a trabajar, empleando algún
procedimiento nemotécnico que auxiliará a la memoria, (sigues queriendo
recordar) y “no caes en ello”, hasta te preguntas ¿Qué puñetas venía a hacer?
Quizás otras preocupaciones (por distracción) en ese momento embargan la mente y
debido a ello, te impiden llegar a recordarlo. Vuelves al sitio de procedencia
y piensas que era lo que estabas haciendo, mejor todavía, comienzas a repetir el
último paso que habías dado, sobre aquello que estabas realizando, continuando
con tu tarea, como si empezaras; y compruebas, que cuando has vuelto a repetir
ese paso, que te hizo trasladarte a aquella habitación, para recoger o hacer
esa cosa, de pronto, vuelves a recordar lo que era y hasta recuerdas el lugar
donde estaba, o sea se repite la misma acción que te llevó al lugar, pero esta
vez, lo has memorizado mejor y difícil será, lo vuelvas a olvidar, pero si por
ventura te volviera a ocurrir, ya, la situación sería más seria, recomendándose
en este caso, visitara al psiquiatra, para que te ayude. Cuando son objetos o
hechos, imprescindibles, pronto lo mismo que se olvidan se rememoraran, pero si
no ocurriera así, porque se le escabulleran de la mente, o difíciles fuesen de
retener, es muy posible, tengas que pasar algún tiempo –in albis- hasta volver a
recordarlo.
Realmente
recordar, es hacer presente a alguien, algo de lo que se hizo cargo o
tomó a su cuidado, pero en nuestro caso, estamos hablando de acordarse, en
respuesta a un olvido o distracción que hemos sufrido, o sea, traer de nuevo a
la memoria algo que por un tiempo estuvo ausente. Un proceso o facultad, de la
que goza el hombre, el cual tiene también su tiempo de duración.
En
películas y en la realidad también hemos conocido del caso del individuo, que
sale precipitadamente en calzoncillos a la calle, por haber olvidado ponerse los
pantalones. Olvidar las llaves de la casa, la cartera, o los documentos que te
hacen falta entregar en cierto lugar, etc. o lo máximo, olvidarte del motivo por
el que te has puesto en camino. O el caso, de aquellos, que no encuentran el
lugar donde aparcaron el vehículo, para ello, basta un momento de concentración,
para pensar que es lo que se hizo aquél día y luego buscarlo entre los
aparcamientos, que más cercanos, tenga costumbre frecuenta. Por suerte, se
termina siempre encontrando el vehículo extraviado. Hoy más, con esa llave, de
mando a distancia, que le hace sonar el claxon o encender las luces, es tarea
más sencilla.
Lo malo
de olvidar, es que, en algunas ocasiones, por no prestar la debida atención, si
no rememorizas pronto, pasado un tiempo, sea inútil, volver a recordarlo. Un
caso reciente, me ocurrió, ayer mismo, cuando nos disponíamos salir a la calle,
mi esposa me dijo que memorizara el nombre de un autor de novela, para que se lo
recordara cuando fuéramos a la biblioteca, la verdad es, que no le presté la
atención debida, y una vez en la calle, se me borro de la memoria por completo,
ella más interesada que yo, por dicho libro, lo recordó.
Digno es
destacar, ese otro caso, de aquél, que se dirige a una dirección, o ventanilla,
para gestionar o tramitar algún asunto, y cuando vas a preguntar por una
persona, en el momento de llamar a su puerta, se te ha olvidado el nombre, del
que vas a visitar; te quedas allí parado, sin punzar el timbre, queriéndolo
“recordar”, para a continuación, dar o no, con el nombre, y como suele ocurrir
en estos casos, alguien, que en ese momento sale y te pregunta ¿Desea usted
algo, Sr.? Tú, en ese instante, que no esperabas a nadie, porque aún no habías
llamado, te quedas algo sorprendido, y vertiginosamente, le vuelves a dar
vueltas a la cabeza, para salir del embarazoso aturdimiento y entonces, bien
por torpeza o falta de serenidad, le dices precipitadamente, algo como: Verá
usted, venía a este asunto de tal o cual cosa, pero no recuerdo en este momento
el nombre del Sr. que venía a visitar. La persona, que por azar salía, deseando
ser atenta contigo, llama a fulanito y en ese preciso momento, recuerdas el
nombre, y entonces ¡albricias! Dices ya algo más sosegado: A este Sr. venía a
ver exactamente, con el cual deseo hablar. ¡Situación embarazosa, en la que
más de uno se ve implicado! En la próxima ocasión, -nos decimos- lo llevaré
anotado.
Cuando no
se olvidan (extravían) grandes sumas de dinero, guardados en sobres, encima del
asiento de un vehículo, cajeros, y todo lugar, siendo pocas las veces que te lo
devuelven, tanto que cuando aparecen, hasta suelen salir en los periódicos,
“Fulanito de tal, un empleado de la limpieza, un taxista, etc encuentra un
paquete con X miles de euros y los devuelve. O bien, si te devuelven el objeto
perdido, es porque, hayas ofrecido una satisfactoria gratificación. Pero no nos
olvidemos de que en el mundo también hay personas honradas, que nada más
encontrar algo que no les pertenece, se molestan en devolverlo.
Recuerdo
lo que me contaban de un cantante, un tal Rock David Bobie, del que decían, que
su memoria se había quedado como la de un queso gruyer, porque se veía obligado
a leer sus canciones mientras las cantaba.
Tiene
cierta importancia, también cuando durante una conversación, alguno de los
dialogantes, falto de memoria, no se acuerda con la suficiente presteza, de
aquellas palabras apropiadas, que ha de emplear en la conversación, viéndose
obligado a balbucear o tartamudea, cortar el hilo de la charla, o emplear otras
palabras mas vulgarmente usadas, para poder seguir el curso de la conversación.
La mala
memoria, lo mismo que nos aleja del contacto social, igualmente merma nuestras
cualidades en las tareas con la colectividad. Cuantas veces, la MALA MEMORIA, lo
mismo que nos beneficia, también nos puede dañar o cuantas otras, se vale uno
del olvido, para “no recordar” o “acordarse” y así, salir de un aprieto. Porque
si alguien, se ve obligado a recordar, por necesidad, y no puede hacerlo,
también estará metido en un buen apuro.
Terminaría esta carta hablando del olvido, entre parejas, de sus amores, por
razones de cualquier clase de separación y de lo difícil que les resulta a
algunos borrar de su mente un amor de estos, que pueden permanecer en mente
hasta el resto de sus días.
Pero
distracción colosal, la que padece el Sr. Bush, que olvida, cuanto ya ha
invertido en el juego del rol, que sobre tablero, tiene en el Pentágono, donde
se compra, se vende y se destruye, más que se construye, sin llevar balance de
lo que ha perdido y se está jugando. Un juego aventurado, en el que se arriesga
bastante y de lo que su electorado no es consciente
Y como echando en olvido estoy, de que toda carta o escrito, ha
de tener un final, doy por concluida ésta, esperando, que mi lectura, haya
servido al menos, de provecho o distracción.
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