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 LAS CARTAS DE DON MANUEL

El tocón

 MANUEL RUBIO

 

 

Con la punta del  tacón, aplasté su dedo erguido, cosa, que no hubiese ocurrido,
si aquél pegadizo tocón, allí
, no hubiese acudido

 

FOTO: MANUEL RUBIO

Tocar, tocamos todos, los hay que tocan algún instrumento musical, otros, ni eso, pero si dispuestos están, a tocar a un semejante, para ver, que tal les suena; lo prueban y si les gusta y le es posible, repetirán; y si no, a cambiar de instrumento, que de todos los gustos, grosores, y dimensiones  los hay.

 

Se suele tocar por aprendizaje o simplemente de oído, solo se exige, ágiles manos y afinidad, para templar el instrumento preferido,  para luego hacerlo sonar. Mas  como este no es, el objeto de la temática, que aquí me trae, sino la del definir al tocón o “tocaor”,  que por afición toca.

 

El tocón, no ha de ser siempre, un individuo que soba de forma lasciva y reiterada a una persona, en contra de su voluntad,  es también, ese, “extremadamente cariñoso”  que soba, a sus seres queridos, sin otra maldad, que la de disfrutar y transmitir, de forma obsesiva, sus afectos y cariños. Tocón, también es, ese otro, ,que mientras conversa, toca reiteradamente con la punta de sus dedos a su interlocutor, para que le preste más atención, o bien, como modo de resaltar sus palabras. Habitualmente, lo hará en brazos u otras zonas del cuerpo, cercanas a él, menos sensibles. Pero, prueba mirarle a la cara de frente y comprobarás que en ese preciso momento, cuando de nuevo va a levantar la mano, de súbito,  se detiene. Cuantas veces, hemos querido esquivar un rozamiento de esta clase y nos alejamos de ellos, como si fuera la tortura de la gota de agua o de la mosca pegajosa, Un defecto, como otro cualquiera,  de los que muy pocas veces, el protagonista es consciente de ello.

 

Costumbre,  he oído decir, es, esta práctica del tocamiento, en Italia y entre  la población árabe y en algún que otro país, donde se palpa o pellizca, presionando sus sensuales dedos, en las serenas carnes de su espalda o  partes bajas (vulgarmente llamado culo), en plena  calle y públicamente,  si no es que, se lo impide la ropa y todo queda en nada. Por regla general, esta clase de pellizco, es como una llamada de atención o bien considerada como simple cortejo. Practica, que tiene sus reglas de juego y en la que intervienen dos factores primordiales,  tiempo y lugar del cuerpo  elegido, muy dado entre la juventud y algún otro “satirón” de turno muy entrado en años, el más aventurado de los pellizcadores,  que abusando del respeto que se le debe  por sus canas y edad, él, de forma descarada y sinvergonzona, pellizca una fruta, para él, no recomendada. Cuantas veces, la cohibida joven por respeto, consideración a la edad y por recato, ante los demás, guarda silencio. Hoy en día,, tengan en cuenta, que  hay féminas,  que se encaran abiertamente a sus insolentes asaltantes, con algún epíteto áspero, lo suficientemente  convincente, como para hacerle desistir en su acción.

 

El tocón, a veces, no es consecuente de sus actos, y dependiendo, de su experiencia, y reveses,  él sabe, intuitivamente, cuando y como ha de hacerlo y en que medida. Son verdaderos expertos,  cuando alcanzan la edad madura, que  por costumbre,  lo continuaran practicando, hasta sus últimos días porque éste vicioso arte del palpar, no tiene cura. Y para no prolongar mucho esta carta, no citaré el caso de aquél vejete, que momentos antes de morir, sacando sus manos huesudas de entre las sabanas, tuvo el tiempo suficiente para pellizcar a su enfermera. Yo diría, que son músicos que  ya no pueden seguir tocando, pero por afición y vicio  siguen soplando.

 

Los hay quienes pellizcan con mala uva, porque no se aventuran a darle cara a una situación embarazosa y a cambio, te endiñan un pellizco, cuando tú menos lo piensas y luego, como si aquí, no hubiese ocurrido nada, siguen tan campantes. Aún recuerdo, aquél abad, tutor de un  internado donde cursaba estudios, en una visita, que nos hizo mi progenitor, al que ya anteriormente, le había puesto en antecedentes de lo pésimamente que en aquél insigne colegio nos daban de comer, cuando hablando de este asunto, ante dicho tutor, en ese preciso instante,  con una sonrisa malévola en su rostro, “cariñosamente” me arreó tal pellizco, que de él y los suyos, aún sigo acordándome, Menos mal, que  tal soplo, no tuvo posteriores secuelas, porque, las calabazas que me endiñaron aquél año,- hay que decirlo todo-,  las cosecharía  yo, o quizás fuera, debido a la mala alimentación que se nos proveía.

 

Tampoco  hay que comportarse  en esto del contacto material, con los demás,  de forma huraña o agria y más, cuando son amigos o compañeros, si  amigablemente  hablado con ellos descansas tu brazo sobre los hombros del otro,  cosa natural y corriente, cuando exista una buena camaradería que les una, si no fuera porque hay  personas, como aquél otro director de otro colegio, que hablando con el padre  de uno de mis compañeros, se atreviera a comunicarle, que su hijo más o menos,  manoseaba a los compañeros, cuando con ellos jugaba. . Un clérigo poco cristiano  que jamás habrá sido olvidado, por aquél colega mío y que se pasaba el día vigilándonos.

 

Pero hoy,  cuando de clérigos tocones se trata,  ha de andarse con mucho cuidado, porque de inmediato es denunciado como pederasta, aún, sin llegar a pasarse de la raya. Por ventura, en estos tiempos, mas abiertos de libertad, dialogo, y entendimiento, no se tapa ni se calla, ni se aborta una acusación de este tipo, la denuncia, va para adelante con todas sus consecuencias, porque la gente, está más espabilada y la opinión pública, lo respalda; no como  en aquellas otras, épocas pasadas, más hipócritas, que por recato, ante los demás, lo silenciaban o lo encubrían todo.

 

Y para concluir hablaré de otra clase de tocamientos, la que practica  la gente joven, como un método de pasatiempo, pero no quepa duda, que media más, la mala uva y algunas otras propensiones, que la propia broma, porque va dirigida a dañar  a “un compañero ” con el cual es muy posible le tenga ojeriza o exista alguna controversia entre ellos, o bien, se halle tan atado en su hogar por sus papás, que cuando sale fuera de él, descarga toda su rabia, haciendo la puñeta a los demás. Cuantas otras veces, lo hacen en grupos, incluso insultando a la victima, hasta conseguir, hacerle arrancar para que luche y cuantas veces acompañado de una cámara fotográfica. Un problema,  ya estudiado hoy en día y que ha causado graves secuelas, en alguno casos y a los que no se le pone el debido remedio para impedir esta encubierta forma de agredir, sobre todo en colegios más que entre pandillas callejeras.

 

Por eso, ni fu ni “fa”, ya que en esta vida, todo depende de las intenciones que ponen en tus actos y del efecto que causa en los demás. Solo, recomendaría tener la cautela necesaria, para saber que clase de carne se está palpando, que tiempo de contacto estas empleando y si tal contacto, merece la pena, si no es que antes, por desventura, por esta faena,  no se haya recibido, voluminosa  bofetada.


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