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Con la punta del tacón,
aplasté su dedo erguido, cosa, que no hubiese ocurrido,
si aquél pegadizo tocón, allí, no hubiese acudido

Tocar,
tocamos todos, los hay que tocan algún instrumento musical, otros, ni eso, pero
si dispuestos están, a tocar a un semejante, para ver, que tal les suena; lo
prueban y si les gusta y le es posible, repetirán; y si no, a cambiar de
instrumento, que de todos los gustos, grosores, y dimensiones los hay.
Se suele
tocar por aprendizaje o simplemente de oído, solo se exige, ágiles manos y
afinidad, para templar el instrumento preferido, para luego hacerlo sonar.
Mas como este no es, el objeto de la temática, que aquí me trae,
sino la del definir al tocón o “tocaor”, que por afición toca.
El tocón,
no ha de ser siempre, un individuo que soba de forma lasciva y reiterada a una
persona, en contra de su voluntad, es también, ese, “extremadamente cariñoso”
que soba, a sus seres queridos, sin otra maldad, que la de disfrutar y
transmitir, de forma obsesiva, sus afectos y cariños. Tocón, también es, ese
otro, ,que mientras conversa, toca reiteradamente con la punta de sus dedos a su
interlocutor, para que le preste más atención, o bien, como modo de resaltar sus
palabras. Habitualmente, lo hará en brazos u otras zonas del cuerpo, cercanas a
él, menos sensibles. Pero, prueba mirarle a la cara de frente y comprobarás que
en ese preciso momento, cuando de nuevo va a levantar la mano, de súbito, se
detiene. Cuantas veces, hemos querido esquivar un rozamiento de esta clase y nos
alejamos de ellos, como si fuera la tortura de la gota de agua o de la mosca
pegajosa, Un defecto, como otro cualquiera, de los que muy pocas veces, el
protagonista es consciente de ello.
Costumbre, he oído decir, es, esta práctica del tocamiento, en Italia y entre
la población árabe y en algún que otro país, donde se palpa o pellizca,
presionando sus sensuales dedos, en las serenas carnes de su espalda o partes
bajas (vulgarmente llamado culo), en plena calle y públicamente, si no es que,
se lo impide la ropa y todo queda en nada. Por regla general, esta clase de
pellizco, es como una llamada de atención o bien considerada como simple
cortejo. Practica, que tiene sus reglas de juego y en la que intervienen dos
factores primordiales, tiempo y lugar del cuerpo elegido, muy dado entre la
juventud y algún otro “satirón” de turno muy entrado en años, el más
aventurado de los pellizcadores, que abusando del respeto que se le
debe por sus canas y edad, él, de forma descarada y sinvergonzona, pellizca una
fruta, para él, no recomendada. Cuantas veces, la cohibida joven por respeto,
consideración a la edad y por recato, ante los demás, guarda silencio. Hoy en
día,, tengan en cuenta, que hay féminas, que se encaran abiertamente a sus
insolentes asaltantes, con algún epíteto áspero, lo suficientemente
convincente, como para hacerle desistir en su acción.
El tocón,
a veces, no es consecuente de sus actos, y dependiendo, de su experiencia, y
reveses, él sabe, intuitivamente, cuando y como ha de hacerlo y en que medida.
Son verdaderos expertos, cuando alcanzan la edad madura, que por costumbre,
lo continuaran practicando, hasta sus últimos días porque éste vicioso arte del
palpar, no tiene cura. Y para no prolongar mucho esta carta, no citaré el caso
de aquél vejete, que momentos antes de morir, sacando sus manos huesudas de
entre las sabanas, tuvo el tiempo suficiente para pellizcar a su enfermera. Yo
diría, que son músicos que ya no pueden seguir tocando, pero por afición y
vicio siguen soplando.
Los hay
quienes pellizcan con mala uva, porque no se aventuran a darle cara a una
situación embarazosa y a cambio, te endiñan un pellizco, cuando tú menos lo
piensas y luego, como si aquí, no hubiese ocurrido nada, siguen tan campantes.
Aún recuerdo, aquél abad, tutor de un internado donde cursaba estudios, en una
visita, que nos hizo mi progenitor, al que ya anteriormente, le había puesto en
antecedentes de lo pésimamente que en aquél insigne colegio nos daban de comer,
cuando hablando de este asunto, ante dicho tutor, en ese preciso instante, con
una sonrisa malévola en su rostro, “cariñosamente” me arreó tal pellizco, que de
él y los suyos, aún sigo acordándome, Menos mal, que tal soplo, no tuvo
posteriores secuelas, porque, las calabazas que me endiñaron aquél año,- hay que
decirlo todo-, las cosecharía yo, o quizás fuera, debido a la mala
alimentación que se nos proveía.
Tampoco
hay que comportarse en esto del contacto material, con los demás, de forma
huraña o agria y más, cuando son amigos o compañeros, si amigablemente hablado
con ellos descansas tu brazo sobre los hombros del otro, cosa natural y
corriente, cuando exista una buena camaradería que les una, si no fuera porque
hay personas, como aquél otro director de otro colegio, que hablando con el
padre de uno de mis compañeros, se atreviera a comunicarle, que su hijo más o
menos, manoseaba a los compañeros, cuando con ellos jugaba. . Un clérigo poco
cristiano que jamás habrá sido olvidado, por aquél colega mío y que se pasaba
el día vigilándonos.
Pero
hoy, cuando de clérigos tocones se trata, ha de andarse con mucho cuidado,
porque de inmediato es denunciado como pederasta, aún, sin llegar a pasarse de
la raya. Por ventura, en estos tiempos, mas abiertos de libertad, dialogo, y
entendimiento, no se tapa ni se calla, ni se aborta una acusación de este tipo,
la denuncia, va para adelante con todas sus consecuencias, porque la gente, está
más espabilada y la opinión pública, lo respalda; no como en aquellas otras,
épocas pasadas, más hipócritas, que por recato, ante los demás, lo silenciaban o
lo encubrían todo.
Y para
concluir hablaré de otra clase de tocamientos, la que practica la gente joven,
como un método de pasatiempo, pero no quepa duda, que media más, la mala uva y
algunas otras propensiones, que la propia broma, porque va dirigida a dañar a
“un compañero ” con el cual es muy posible le tenga ojeriza o exista alguna
controversia entre ellos, o bien, se halle tan atado en su hogar por sus papás,
que cuando sale fuera de él, descarga toda su rabia, haciendo la puñeta a los
demás. Cuantas otras veces, lo hacen en grupos, incluso insultando a la victima,
hasta conseguir, hacerle arrancar para que luche y cuantas veces acompañado de
una cámara fotográfica. Un problema, ya estudiado hoy en día y que ha causado
graves secuelas, en alguno casos y a los que no se le pone el debido remedio
para impedir esta encubierta forma de agredir, sobre todo en colegios más que
entre pandillas callejeras.
Por eso,
ni fu ni “fa”, ya que en esta vida, todo depende de las intenciones que ponen en
tus actos y del efecto que causa en los demás. Solo, recomendaría tener la
cautela necesaria, para saber que clase de carne se está palpando, que tiempo de
contacto estas empleando y si tal contacto, merece la pena, si no es que antes,
por desventura, por esta faena, no se haya recibido, voluminosa bofetada.
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