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Que nadie se sorprenda, si, el Tiovivo de las
elecciones ya ha puesto sus motores en marcha, porque se acercan días, de
grandes debates, de cara al público y otros de “cambios políticos”.
Disertaciones que se llevaran a cabo, con diferentes tintes ideológicos, por lo
que cada cual expondrá aquello que más le interese y convenza al electorado, un
foro, donde los principales representantes de los partidos, reunidos
previamente, ya habrán fijado sus directrices, retocado y redactado nuevos
estatutos por los que se habrán de regir, una vez haya terminado, la nueva
campaña electoral. Caras sonrientes. ¡Si más sonrientes, que las otras pasadas,
para disimular la tristeza interior que consigo llevan, algunos, que tan solo
por pensar en lo difícil que se les pondrá ganar las elecciones, ya comienzan
a sufrir de estreñimiento, ulcera de estomago u otros males, gastrointestinales,
por los malos ratos anteriormente soportados.
No falta mucho, para que cada cual, exponga sus
nuevos y “garantes” productos, nos traten de demostrar, cuan buenos son éstos
(los suyos) y cuan malos, los de la oposición, mientras otros, los menos
favorecidos, para no perder el tiempo, reivindicarán más participación en las
tareas de gobierno o cambios sustanciales, en su protagonismo político, de cara
a obtener más poder y seguidores. Como moneda de cambio, estos, los menos
favorecidos, se entregaran “en cuerpo y alma” a uno, de los dos partidos
mayoritarios. Transacciones y cesiones que no dudo se llevaran a efecto, aunque
no sean bien acogidos por el electorado. Pero, los negocios son los negocios y
no hay que andarse con pamplinas. Partidos faltos de escrúpulos y llenos de
intereses, cegados en llegar los primeros a la meta. Que no nos cojan
desprevenidos, y nos vuelvan a manipular e impresionar de nuevo con su
dialéctica y promesas, haciéndonos girar como veletas, que luego, no es tanto,
lo que prometen y si mucho, lo que perdemos, si es que llegamos a importarles
algo. Tengamos en cuenta, como bien, en toda política ocurre, su labor
consistirá en manipular y convencer, al ciudadano. Cuando uno, debiera
considerarse por encima, de cualquier monserga, o intereses de los demás, sobre
todo, de aquellos que tienen la política como un medio de vida. Se compra, se
vende o se cambia, cuanto creen, para una mejor “marcha del partido” y brillante
estampa de sus líderes, frente al opositor. A menudo, surgen también disputas,
que dañan más que arreglan la imagen de nuestra propia Tierra, que para el
ciudadano es primordial.
Cuando esto ocurra, tú y yo, nos veremos, quizás
sin apetecerlo, metidos en esta batalla campal, si bien, nada ni nadie, debería
truncar nuestros, ideales y convicciones, y menos, hacernos tragar por un tubo,
cuanto ellos crean más recomendable para nuestro bienestar. Estad prevenidos, a
nadie le coja por sorpresa, que por ganar escaños se pueden valer hasta de
engaños e invenciones diversas.
No diré, que
son todos unos charlatanes, no, ni tampoco buscavidas, aprovechados, o
mentirosos convulsivos, pues, los hay honrados, educados, y de buenos
principios, porque lo que tienen en juego, lo saben en conciencia, muy bien,
es nuestro bienestar y una democracia, ésta, algo enclenque y poco
respetada, que necesitada está de llevarla a urgencias, para que le inyecten
unas buenas dosis de salud y eficacia, trabajo pendiente, para aquél partido
mayoritario, que llegue al poder.
Pues inequívoco es, de que entre tanto
político, los haya, honestos y abiertos, con lo que contar podamos.
Todo dependerá, de quienes sean elegidos. El pueblo se desencanta y pierde
confianza en la política, - Ya lo hemos comentado- comprobando, como los que
rigen estos partidos, o bien, no tienen la suficiente inteligencia o madurez
para gobernar o son excesivamente dirimentes con el resto de los partidos.
Para poder confiar en ellos, sería necesario, como primera providencia, que
cumplan sus acuerdos y promesas, que de hecho, nunca se llegan a realizar del
todo. Sin apatía, ni vacilaciones, ni influencia alguna de otras agrupaciones,
con los que nunca debieron haberse comprometido, a gobernar. Se les pide además
sean garantes con lo que hayan expuesto, mientras dure su mandato, sin valerse
del juego sucio, con un criterio honesto y sano, que a la larga, beneficiará al
conjunto de todos los españoles y ellos por otro lado ganaran su confianza y
respeto.
Hoy en España, queda mucho por hacer y problemas
por resolver, alguno de gran envergadura, los cuales, no voy a nombrar por ser
tantos y complejos, y sobradamente conocidos por todos. Algunos los vivimos,
otros, los padecemos y si se ve un interés claro por remediarlos, hay mulas
que siguen dando vueltas a la noria, creyendo que caminan en línea recta.
Por otro lado tenemos instituciones, mas llenas de
boato y estipendios, que la de una correcta gestión eficaz, se mira más, por la
imagen que representa nuestro país en el exterior que por el bien estar “de
todos los españoles” pero esto ocurre por ser un pueblo tan conservador como es
éste el español por lo que no hay, porque sorprenderse. Hoy menos que ayer,
(no todo está perdido) pero si sabemos, que existe un sector de la población
que no se sabe, si mañana podrá seguir comiendo o morando en su domicilio,
si lo tiene.
Y es que, esto de la política, tengámoslo siempre
presente, que por mucho que se le lave el culo a una botella, a través de ella,
nunca llegaremos a ver claro, ni por dentro ni por fuera, seguirá todo oscuro.
Entre nosotros, si hay gente capaz de gobernar con
sabiduría y honestidad, de dar un golpe de timón suave, en las tareas
del gobierno, sin necesidad de giros bruscos, para enderezar esta nave que
se balancea. Porque probado tenemos, que todo lo que se consigue por la fuerza,
vuelve a las mismas andadas.
Tampoco debemos de fiarnos de los que nos muestran
a una España de ensueño, mientras el mundo ardiendo esté en guerras, sabotajes,
y falta de sensibilidad con los desafortunados, porque es imposible. La tarea
principal que se le presenta a nuestros gobernantes, para mí, la primordial es,
la de erradicar por completo este terrorismo que nos acosa, con medidas más
enérgicas y racionales, sin que el chantaje ni el miedo se interponga
a esta labor. El alto precio, que se está pagando por una falta de compromiso
inteligible y eficaz que obliga todos, me hace pensar que se está en un estado
de somnolencia de la que cuesta despertar al ejecutivo.
Y cuidado con los sofistas que desean darle otro sentido a las
palabras, que éstos, más que ordenan, confunden. ¡Pasen señores, pasen….la
función va a comenzar…!
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