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 LAS CARTAS DE DON MANUEL

Hombres sabios que nos gobiernen

 MANUEL RUBIO

 

 

Un arbitraje sabio, es  mucho más eficaz, que un sacrificio de seres humanos, para conseguir un objetivo que se cree justo.

En la democracia, creímos haber elegido la persona más idónea para gobernar, por el número de sus votantes, que lo eligieron.

 

FOTO: MANUEL RUBIO

Hoy meditando sobre la gran confusión reinante en todo el orbe de nuestro planeta, me hizo reflexionar, si todo ello se debiera a la falta de talento de aquellos que rigen nuestros destinos. A continuación, pensé,  de qué y quienes se valen estos, para llegar a conseguir, tales cargos   y qué meritos aportaron para ocuparlos. No quepa duda, que suelen ser los más vivos e inteligentes de la sociedad,  y la mayoría de las veces, los más ansiosos de poder  y no por ello los más virtuosos. Como tal conclusión no llegó a satisfacer mi mente, he reparado, en el hombre sabio, como el mortal garante de la historia, capaz de realizar estos trabajos con más tacto y prudencia. Pues cuando han regido o reinado, un pueblo, éstos han demostrado ser los más idóneos para este cometido. Por lo que, me gustaría dar mi opinión particular, sobre lo que pienso sobre ello y que significa para mi la  palabra sabio.

 

Pero, antes, de llegar a ello, sería necesario, que estuviésemos de acuerdo en no confundir la palabra sabio, con la de intelectual. En el primero, la palabra sabio tiene un significado más amplio y diferente que en la del segundo: más aún, para mi forma de ver, aquél, aprecia con nitidez y clara luz, lo que este otro, con su intelecto quizás no llegue a obtener, dedicado exclusivamente al cultivo de las ciencias y las letras, en este caso su entendimiento, es todo un gran provisión de información equivalente a conocer y estar bien informado en materias especificas. ¿Pero hasta qué punto las desarrolla con eficacia y lucidez?

 

El sabio, sin embargo, suele ser persona prudente controlador de sus acciones y  determinaciones, atento con quien departe, porque, escucha con reserva y en silencio, a la vez,  observador, de palabras y gestos de sus interlocutores, a los que descubre con facilidad y llegada la hora de emitir un juicio, para no incurrir en error, procurará no obrar precipitadamente; y si abstenerse tuviese, porque, le asiste en ese momento, la razón de guardar silencio, se mantendrá sigiloso  en espera de reunir más información y datos para cuando haya de emitir un juicio.

 

Procurará estar aconsejado o asistido por intelectuales capacitados en la materia que maneje, para que le cercioren, asistan, aconsejen, sin dejarse llevar por las presiones o impulsos de estos últimos. Aún así, siempre le quedará la duda, como ya he dicho. Procurando en todo momento, ser cauto con sus decisiones y respuestas.

 

Encontrar al  hombre sabio y virtuoso,  como a una persona  honesta  en  pensamientos, entre nosotros, es dificultoso, suelen tener sus parcelas cercanas el uno al otro, por lo que, a menudo se les confundirán, ya que,  para llegar al terreno del primero, habrá tenido que haber pisado antes, la del  virtuoso.

 

La sabiduría, es la luz, que  conduce  a las personas, por el sendero recto y les lleva a conocer con más claridad y bondad todo aquello que no alcanzamos a entender los demás. La virtud principal del sabio, está en “saber que no sabe nada”. Éste es el perfil, que  se nos ofrece de este personaje, tan sencillo como honesto y a veces puro, que le hace  a uno tener, un buen concepto de estos pensadores tan  llenos de  ciencia infusa, sobre la realidad y verdad de las cosas. Un conocimiento y percepción más exacto de  de todo, será el medio que nos ayudará a alcanzar la sabiduría  y poder, para así,  llegar a ser seres más perfectos.

 

Lejos del mundanal bullicio de las ciudades, en  cotas altas, allí, se erigirá, el hombre sabio.  Y por el hecho de reconocer en todo momento, lo poco que sabe, ya que se lo exige su humilde condición, dudará de sus mismas conjeturas, por lo que nunca conocerá, hasta donde alcanzan  sus conocimientos. Por ende, permanecerá prudente y discreto en  palabras, pero, con una visión más clara y real de la vida y del futuro, que la de cualquier otro humano que se crea iluminado o que lo domina todo.

 

Escaso está el mundo de estos seres, difíciles de hallar, por los pocos que existen y siempre aislados del ruido que producen los soberbios,  ambiciosos y ansiosos de poder. El sabio, pertenece a una clase privilegiada, obra con humanidad y el germen del saber siempre está patente en él, instruyendo a todo aquél que se lo solicite y considere que lo merece e ilustrando al ignorante.  Alimentado, de la  fuente del saber, él, por anticipado, reconoce que nunca llegará a saciar su sed de aprender  y sin embargo, en (la) busca de ello,  seguirá insistiendo.

 

La sabiduría, ese más alto conocimiento que se puede poseer, es lo más valorado en el hombre. Sus conclusiones, siempre basadas en razonamientos reales de peso son capaces de convencer a los que les siguen (escuchan). Elocuente por naturaleza y pródigo  en la enseñanza, expone  con lógica y arte de cuanto sabe. Mientras su verbo no deje de razonar y  sus criterios sean expuestos con claridad, por encima  de todo miedo o amenaza reinante, será una fuente de saber, para aquellos que le sigan.

 

En cada época de la historia de la filosofía son presentados estos eminentes personajes de forma distinta, en concordancia a sus medios y valores de la época en la que vivieron y fijaron su atención. Citas, proverbios y máximas nos van quedando a través de los tiempos de todos ellos. Sabios clásicos, de Grecia y de Sión, de los cuales, solo me detendré en uno de ellos del  siglo 550 A.C. al que llamaran, Tales de Mileto, por ser el primero, que intento dar una explicación física del universo.  Y aquí concluyo, con el deseo de que algún día el mundo, sea regido por esta clase de personas a cambio de esos otros, que llevando están al mundo a la perdición y al caos, por esa falta de virtudes, personas deshonestas y corruptas, salidas de un mundo materialista, cuyo principal objetivo es el bienestar, aunque sea a costa de vidas humanas y otras practicas escabrosas que ya conocemos.


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