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 LAS CARTAS DE DON MANUEL

Romper

 MANUEL RUBIO

 

 

Antes de comenzar, advertiré, que  los escritos, publicados en esta sección, como bien se enuncia en su encabezado, tal entiendo yo, son de opinión, o punto de vista  o enfoque de un  asunto, elegido libremente, por cada un de los autores, que   intervenimos en este periódico. Por lo que el lector, no debiera, en este caso, ver mi escrito, como una lección o intento de enseñar moralidad o buenas costumbres, sino una  opinión más de las muchas que uno tiene,  que de coincidir con la de usted, creo yo a ambos nos haga sentir felices, de lo contrario, cada cual se atenga a  su criterio propio.

 

FOTO: MANUEL RUBIOSe da por cierto, y quizás se sepa o no, el hecho de por qué, le guste tanto a la gente, romper todo aquello o que cae en sus manos y a veces intuitivamente lo destroza, sin ser consciente de ello, hojas  ramas, papeles, hasta llegar al extremo de destrozar la vida de sus semejantes (ya en este caso con mala leche). En fin, este pensamiento se lo dejaremos en manos de  los que estudian la conducta y pensamientos  del hombre, para que nos lo aclaren.

 

Romper, equivale a dividir, quebrar o hacer pedazos, destrozar o hacer añicos algo de forma estrepitosa o reposada  “que se  considera,   innecesaria”. Por extensión, esta palabra alcanza, también, nuestras relaciones sentimentales, siempre y cuando de antemano, se hayan  aceptado libre y gustosamente, o sea de buen grado, y nunca, como una imposición. Cuando  se desea dar por terminado  un lazo sentimental, que ha unido a dos personas durante algún tiempo y  han sido compartidas  entre ambos, tanto  bueno como lo malo, resulta embarazoso llevar a cabo esta separación o rotura, por el simple hecho, de que todo lo que se roza en esta vida, crea una afectividad que cala profundamente en las personas de sensibilidad, sea cual sea la  naturaleza de la que provenga, y más, si añadimos a ello, el  afecto o adhesión que se engendra, durante el tiempo de permanencia transcurrido,  sea  persona o cosa, hará de ello sea un factor  decisivo de tener en cuenta a la hora de evaluarlo.

 

Experiencias vividas, alegrías, disgustos y esfuerzos realizados entre los que tienen  relaciones sentimentales; dos personas dedicadas la una a la otra, como también, las que se dan con animales o cosas, son dignas de tener en consideración. Romper de porrazo, con todas estas emociones creadas, es harto difícil. El contacto deja siempre una huella, ineludible, difícil de borrar, que marca a la personas -. Y aún más,  cuando de seres queridos se tratan, una vez, divididas ambas partes, quedarán como astilladas, por ser material muy frágil el amor. En cuanto a los animales, cuando, por razones extremas, se les ha llegado a tomar cariño,  sacrificarlos, para impedir que no sufran, como si han padecido un accidente, cualquiera, llegado este momento, los que están cercanos a ellos, les impresionará y se dolerán.

 

Hablar superficialmente o generalizar sobre este pensamiento, sería una frivolidad y más, si se trata de almas, seres humanos, entre los que existieron, en ambas direcciones, una desinteresada correspondencia  de entendimiento,  afecto, cariño o pasión etc. Pero si desearía, antes de echarlo en olvido, cuando  metido me haya  en esta discusión, recomendar,  que nadie, por muy inteligente y  próximo se sienta a estas personas en proceso de tomar  un laudo, tanto en pro o en contra, se obtuviesen de asesorarlos,  o  inmiscuirse en sus asuntos, ni aún tratándose de sus seres más queridos, que con sana intención siempre desean conducirlos por el mejor camino,  sin ser haber sido previamente requeridos por ellos.  Deberán ser los propios implicados, quienes decidan, si capacitados están, para tomar tan complicado dictamen.

 

Siempre que se ha roto un lazo amoroso, ha dejado huellas difíciles de borrar. Muchos lo pueden atestiguar por experiencia, pues, al cabo de largos años y durante su vida,  han saltado ante él, estos recuerdos,  como fantasmas inoportunos; reminiscencias de hechos, bien de carácter romántico o pasional, ocurridos  tras largos años  y que de repente, irrumpen en su vida, durante el insomnio o a cualquier hora del día,  de forma inesperada. ¡Si son los mismas ocupaciones laborales y otras costumbres adquiridas, también llegan a añorarse! Lo malo es, cuando estos fantasmas, visten la sabana oscura de la vergüenza, por causa de errores cometidos, su aparición, nos resultará ingrata, hasta creo, que esta ansiedad de pesadumbre y tristeza, que se sufre, es  el modo de pagar  algo mal que se hizo. Y por el contrario, si se muestran de blanco, en este caso, nos producirá añoranza y sensación de bienestar, solo por el hecho de haber cumplido honradamente, en aquél entonces. Me refiero, a aquellos, que se suponen se hayan provisto de conciencia.

 

Y deseo dar fin a este, mi pensamiento, recomendando, sean prudentes en el empleo de todo lo que es sentimental, no se retoce o se tome a la ligera estos lances amorosos,  ni echen por la borda, muchas horas de felicidad, que han sido bien compartidas. Que se medite con antelación toda determinación a tomar, pero en el caso, de que se haya de romper por razones imperativas, se haga con la mayor corrección, prudencia y prontitud posible, para no dañar a nadie más.

 

El amor tibio, como el que no es correspondido, o ese que se intuye, tarde o temprano  tendrá que terminar, convirtiéndose en una pérdida de tiempo por parte de uno de ellos, más, que del otro, es demorar una separación, que en ciernes es muy probable concluya.


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