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Antes de comenzar, advertiré,
que los escritos, publicados en esta sección, como bien se enuncia en su
encabezado, tal entiendo yo, son de opinión, o punto de vista o enfoque
de un asunto, elegido libremente, por cada un de los autores, que
intervenimos en este periódico. Por lo que el lector, no debiera, en este caso,
ver mi escrito, como una lección o intento de enseñar moralidad o buenas
costumbres, sino una opinión más de las muchas que uno tiene, que de coincidir
con la de usted, creo yo a ambos nos haga sentir felices, de lo contrario, cada
cual se atenga a su criterio propio.
Se
da por cierto, y quizás se sepa o no, el hecho de por qué, le guste tanto a la
gente, romper todo aquello o que cae en sus manos y a veces intuitivamente lo
destroza, sin ser consciente de ello, hojas ramas, papeles, hasta llegar al
extremo de destrozar la vida de sus semejantes (ya en este caso con mala leche).
En fin, este pensamiento se lo dejaremos en manos de los que estudian la
conducta y pensamientos del hombre, para que nos lo aclaren.
Romper, equivale a dividir, quebrar o hacer
pedazos, destrozar o hacer añicos algo de forma estrepitosa o reposada “que
se considera, innecesaria”. Por extensión, esta palabra alcanza,
también, nuestras relaciones sentimentales, siempre y cuando de antemano, se
hayan aceptado libre y gustosamente, o sea de buen grado, y nunca, como una
imposición. Cuando se desea dar por terminado un lazo sentimental, que ha
unido a dos personas durante algún tiempo y han sido compartidas entre ambos,
tanto bueno como lo malo, resulta embarazoso llevar a cabo esta separación o
rotura, por el simple hecho, de que todo lo que se roza en esta vida, crea
una afectividad que cala profundamente en las personas de sensibilidad, sea
cual sea la naturaleza de la que provenga, y más, si añadimos a ello, el
afecto o adhesión que se engendra, durante el tiempo de permanencia
transcurrido, sea persona o cosa, hará de ello sea un factor decisivo de
tener en cuenta a la hora de evaluarlo.
Experiencias vividas, alegrías, disgustos y
esfuerzos realizados entre los que tienen relaciones sentimentales; dos
personas dedicadas la una a la otra, como también, las que se dan con
animales o cosas, son dignas de tener en consideración. Romper de porrazo, con
todas estas emociones creadas, es harto difícil. El contacto deja siempre una
huella, ineludible, difícil de borrar, que marca a la personas -. Y aún más,
cuando de seres queridos se tratan, una vez, divididas ambas partes, quedarán
como astilladas, por ser material muy frágil el amor. En cuanto a los
animales, cuando, por razones extremas, se les ha llegado a tomar cariño,
sacrificarlos, para impedir que no sufran, como si han padecido un accidente,
cualquiera, llegado este momento, los que están cercanos a ellos, les
impresionará y se dolerán.
Hablar superficialmente o generalizar sobre este
pensamiento, sería una frivolidad y más, si se trata de almas, seres humanos,
entre los que existieron, en ambas direcciones, una desinteresada
correspondencia de entendimiento, afecto, cariño o pasión etc. Pero si
desearía, antes de echarlo en olvido, cuando metido me haya en esta discusión,
recomendar, que nadie, por muy inteligente y próximo se sienta a estas
personas en proceso de tomar un laudo, tanto en pro o en contra, se obtuviesen
de asesorarlos, o inmiscuirse en sus asuntos, ni aún tratándose de sus seres
más queridos, que con sana intención siempre desean conducirlos por el mejor
camino, sin ser haber sido previamente requeridos por ellos. Deberán ser
los propios implicados, quienes decidan, si capacitados están, para tomar
tan complicado dictamen.
Siempre que se ha roto un lazo amoroso, ha dejado
huellas difíciles de borrar. Muchos lo pueden atestiguar por experiencia, pues,
al cabo de largos años y durante su vida, han saltado ante él, estos
recuerdos, como fantasmas inoportunos; reminiscencias de hechos, bien de
carácter romántico o pasional, ocurridos tras largos años y que de repente,
irrumpen en su vida, durante el insomnio o a cualquier hora del día, de forma
inesperada. ¡Si son los mismas ocupaciones laborales y otras costumbres
adquiridas, también llegan a añorarse! Lo malo es, cuando estos fantasmas,
visten la sabana oscura de la vergüenza, por causa de errores cometidos, su
aparición, nos resultará ingrata, hasta creo, que esta ansiedad de pesadumbre y
tristeza, que se sufre, es el modo de pagar algo mal que se hizo. Y por el
contrario, si se muestran de blanco, en este caso, nos producirá añoranza y
sensación de bienestar, solo por el hecho de haber cumplido honradamente, en
aquél entonces. Me refiero, a aquellos, que se suponen se hayan provisto de
conciencia.
Y deseo dar fin a este, mi pensamiento,
recomendando, sean prudentes en el empleo de todo lo que es sentimental, no se
retoce o se tome a la ligera estos lances amorosos, ni echen por la borda,
muchas horas de felicidad, que han sido bien compartidas. Que se medite con
antelación toda determinación a tomar, pero en el caso, de que se haya de romper
por razones imperativas, se haga con la mayor corrección, prudencia y prontitud
posible, para no dañar a nadie más.
El amor tibio, como el que no es correspondido, o
ese que se intuye, tarde o temprano tendrá que terminar, convirtiéndose en una
pérdida de tiempo por parte de uno de ellos, más, que del otro, es demorar una
separación, que en ciernes es muy probable concluya.
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