|
Dos
caminantes, de carácter y pensamiento, diferentes entre si, viajan con sus
respectivas bestias, cargadas de menaje y útiles personales. Se han encontrado
en un cruce de caminos, su destino, es el mismo. Y tras saludarse y entrelazarse
unas palabras de bienvenida, han acordado seguir juntos.
En
silencio, caminan ahora, con paso más lento, tras un día agotador, en que el
tiempo no les ha sido propicio y las leguas andadas muchas. Se encuentran
exhaustos, por el cansancio y la necesidad de hacer un alto en el camino, que
les permita tomar nuevo aliento, para que cuerpo y espíritu descansen.
Acertada me
parece su proposición, exclama uno, tras haber recibido la invitación del otro
de tomarse un respiro. Habremos de encontrar un techo y cama, donde pasar la
noche, porque el tiempo se vuelve desagradable y la hora se nos echa encima.
Conscientes
de ello, y como si la idea les hubiese dado fuerza, aceleran la marcha, camino
a una aldea que se vislumbra, en lontananza poco visible, por la calina que
les cubre, al encontrarse en lo alto de una cima.
¿Qué le
parece, si tras pasar la noche allá, una vez hallamos descansado, a primera
hora de la mañana, reanudamos viaje de nuevo?
Entre
ellos, no había lazo alguno, ni tipo de parentesco o amistad alguna, que les
uniesen y sin embargo son conscientes, que yendo juntos, el viaje les resultará
más placentero, seguro, y por supuesto, el constante roce entre ambos,
engendraría amistad. Han pasado juntos algunas horas y han conseguido parte de
este propósito, aunque no hayan llegado a congeniar, si están, más unidos en
afecto y confianza.
Pocas
palabras se han cruzado entre ellos, las justas y necesarias para entenderse y
hacer el viaje en paz y lo más placentero. Y si por ventura, se escapase alguna
palabra ofensiva o de mal agrado, sabrían disculpárselas.
Ambos
conocían las pautas de conducta que deben guardar todo aquél, que viaja en
compañía de otros. Reglas de comportamiento por las que se han de regir, todo
ser civilizado, con cordura y buen fondo, que les haga llevar a acabo un viaje
sin incidentes. Lo más elemental es llegar sanos y salvos al punto de
destino, con el mínimo de incidencias y trabajo empleado, y procurando siempre
que la caballería se nutra y descanse, para que esta reducida caravana, se
halle en condiciones de seguir viaje.
Parcos en
palabras, por simple prudencia, cavilan y caminan, en silencio, el uno tras el
otro, cambiando de posición, sin perder el camino, más corto y seguro, que los
lleve rápido a su destino común.
Han
compartido entre si, ratos buenos y malos, han repartido sus viandas y bebido
de la misma bota, se han prestado ayuda cuando sus cabalgaduras se han aflojado
o han necesitado del otro. En esta lucha por conseguir su objetivo, han optado
por esta forma de proceder, que les reporta bienestar y sentirse, entre si
camaradas, en todo tiempo y lugar, sin que ninguno de ellos, en ningún momento
se haya considerado mejor que el otro, y haya decidido por su cuenta propia,
tomar decisiones, sin el consentimiento del otro, aún más, como gustosamente
repito, en más de un caso, en que ayudarse hubieron entre sí, ninguno se
resistió a hacerlo. En este recorrido no hay necesidad de demostrar la valía de
cada cual por no ser una carrera de competencia, ni pelea por cosas triviales.
Alcanzar la meta que se propusieron, es su destino primordial.
Sin
embargo, en esta ocasión, nuestros viajeros han tenido suerte, son conscientes
de que el viaje terminará feliz y se sienten más eufóricos y seguros; y es que,
con ellos, han viajado durante todo el tiempo, sin saberlo, la sabiduría, el
buen entendimiento y su formación cívica (educación), dejando en
casa, cuantos defectos personales, prejuicios, intereses particulares, y sobre
todo la soberbia y sus derivados, defectos personales e imperfecciones, que
les hubiesen hecho más pesado el viaje.
¡Cuánto
ganaríamos todos, si nos sintiéramos así de unidos!, en este penoso caminar
por el bien de nuestro país. ¿Qué “les mueve” a, nuestros lideres
políticos, nada más empezar el Debate de la Nación se hayan saludado tan
ofensivamente, acusándose de sus fallos, como si fueran adolescentes. Sobre todo
la lengua insidiosa de uno de ellos, que está haciendo, se divida el pueblo.
Cuando el interés de todo ciudadano es vivir pacíficamente, en paz y libertad
con el mayor bienestar posible.
Sólo por
encima del hombre, estará Dios, y nadie más, que coarte las libertades del
hombre. En su lucha por el fin que se proponga, tampoco, ninguna clase de
poder ni jerarquía, debe interponerse en esta andadura, sino todo lo contrario,
éstos deberán facilitarnos, el fin que persigan, siempre que sea justo
y la mayoría lo solicite.
Me resulta repulsivo, repito, como el actual Debate que
sobre la Nación se está llevando a cabo, donde los dos líderes de los partidos
principales, pugnan por el liderato, y se culpan de los errores cometidos y
forma de proceder tanto el uno como el otro, en vez de preocuparse de que sus
cabalgaduras, estén bien amarradas, por lo que pueda suceder y se les venga
abajo cuanto de valor, lleven consigo. De otra forma, no llegarán a conseguir
sus objetivos, discutiendo y desviando la vista de lo más importante, que son
las responsabilidades que se les han conferido: El destino y seguridad de España
y los españoles. Porque se saldrán del camino y en vez de avanzar, lo que harán
es retroceder y hasta es posible, la noche les caiga encima y los lobos se los
merienden.
ARTÍCULOS ANTERIORES
-
Tanto monta
-
Sin desearlo, nos persigue
-
Querencias que matan
-
Ha sonado la alarma
-
El malaje
-
Alcalde
o alcaldesa
-
Poder
Judicial y sus “fallos”
-
Amor
a la vida y a la madre tierra
-
Que
hubiera sido de… esto o aquello si…
-
Algo
huele mal
-
¡Señores,
atención por favor…!
-
Astuta
difamación
-
Para
carne, carne, la de membrillo
-
Aún
queda un largo camino
-
Atención
que pinta
-
Algo
más de optimismo
-
En
memoria de aquellos campesinos
-
De
Profesión estilista
-
Puerta
de escape
-
Pequeñeces
-
¿Quién
es el último?
-
Resabiados
(Sólo es, mi opinión personal)
-
Actividad
y creatividad
-
Viajamos
con el tiempo
-
Miedo
y sus derivados
-
¡Y en Navidad!,
¿no lo
han podido prorrogar?
-
Echar
el pulso
-
Huevos fritos con patatas
-
Cuando
nos volvemos jueces
-
Para siempre, seré
tuya
-
De profesión: espía
-
Bella es la campiña
-
Escalada de la
ignominia
-
Hablar o escribir
para otros
-
Salto
de cama
-
Sed risueños
-
Manos
mil
-
Ayer
como hoy
-
Tolerancia
y limitaciones
-
El
éxodo
-
¡Oh
madre qué mundo!
-
Conjeturemos
sobre la felicidad
-
Bruno
-
No
se debiera callar
-
El
color de las cosas
-
Paraíso
de ilusión
-
Tiempo
y espacio
-
Madre
natura
-
Maná
del cielo
(Al agua, un tesoro inapreciable)
-
Pesadillas
-
Entre
Alfa y Omega
-
Fantasmas
-
El
ágape
-
El
fénix de la felicidad
-
El
trovero
-
Confusión
-
La
procesión, va por dentro
-
La
familia colabora
-
Cara
dura y arte, es lo que vale
-
Conozcámonos
mejor
-
Mis
puntos de vista,
que comparten muchos otros
-
Apetencias
-
Dulces
-
Al
tropezón, le sigue el batacazo
y de inmediato el descalabro
-
Ese
hombre
-
Perritos
calientes
-
Como
veo mi Bahía
-
La
fórmula del repostero
-
"Pa"
mañana salmonetes
-
Martes
trece
-
Mi
presentación
|