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No la elegiste, tú, te la encasillaron, entre las
tantas cosas molestas que saturan la vida de uno y al no tener remedio, hay que
amoldarse a ellas.
Se le llama propaganda de mercado, pegadiza como
la más, tanto, que a veces es imposible apartarla de nosotros. Te la meten por
un tubo, nunca mejor dicho, (a través de la TV) y radio, vallas publicitarias,
o allá, por donde vayamos, calles, vehículos públicos. Nos sacude a todas las
horas, con la intención única, de convencer, que, el producto, presentado, es el
mejor del mercado y de tal forma, uno, termine consumiéndolo.
Supone un quebradero de cabeza, llegada la hora de
responder a tanta oferta, bebidas, cachivaches y otros productos, de cadenas de
producción de marcas mil. Avispado habrá de ser el prójimo, para no caer en
estas redes propagandísticas de las grandes empresas, incluyendo, entidades
religiosas o política. Porque a la hora de elegir (comprar), no conociendo la
marca a escoger, se suele pedir, aquella, más “sonada”. Cualquier comunicado o
consideración que se le transmita al ciudadano de éste tipo, lleva implícito a
veces, otra clase de mensaje, previamente todos, elaborados por la plana mayor
de sus organizaciones o instituciones, conocedores en todo momento, cuales son
las apetencias del público y necesidades, como aquello, más le atrae al indeciso
consumidor, para de esta forma ser captado.
La propaganda es un procedimiento, asimismo,
encaminado, a modificar la voluntad del comprador, con campañas de imagen y
sonido, incluso con lema publicitario, incluyendo música, regalos etc. todo
relacionado con el producto, que no solamente, ha sido promocionado por primera
vez, sino, también de otros, largo tiempo, comercializados, siempre,
haciéndoselos llegar, al posible consumidor, de la forma más atractiva,
Antes, en todo ello, se habrán invertido sumas
fabulosas, con dichos fines, a sabiendas de que, más tarde o temprano, muchos,
responderán a esta llamada y será recuperado con creces, el capital empleado en
ella, Una oleada de ideas propagandísticas, dispuestas a captar (cazar) toda
clase de público, sin haber sido solicitado por éste. Alguien comentó:
“Una mentira muy repetida, que llega a transformase en verdad”, yo
añadiría, un lavado continuo de cerebro, que impacta en aquellos que se dejan
seducir. Si bien, cuantas otras veces, la palabra propaganda, no tiene otro
significado propio o bien distinto, y hasta negativo.
Escribiendo y acordándome, estoy, de algo que
ocurre en todo hogar, cuando la familia está viendo un programa en TV y lo
interrumpen, para dar paso a la publicidad, esa propaganda, que le proporciona a
la cadena pingues beneficios, ingresos substanciosos. Tanto es, lo que nos
molesta, que para huir de ella, como medida previa, anulamos, con el mando a
distancia, el sonido, evitando así, esa fastidiosa cantinela, que atormenta el
cerebro. Mas, como el espectador, se halla frente una caja tan dominante, como
es la TV, ésta, buscará otros caminos para introducirse en las mentes del
espectador, esta vez lo hará, a través del sentido de la vista, que distraída o
por no saber donde fijarla, sigue pendiente al aparato, como si la cabeza,
estuviese fija sobre los hombros. Pasmados, allí continuaran, sin aprovechar
esos momentos de descanso, ni para echar una meada, o hacer otra gestión que se
apetezca. No, allí permanecerán sentados, y no es por falta de cálculo para no
perderse el hilo del programa que se esté transmitiendo, sino por la cochina
dependencia que se tiene de esa caja tontina. Y es, que la publicidad tiene un
poder de captación sobre el débil ciudadano, que le absorbe por completo. Por lo
que una información transmitida tan a menudo, representa una carga emocional,
que maltrata al que la percibe, incluso cuando se la “mejora” con motivos
artísticos para que le sea más regalada a los sentidos.
Forman parte de esta red, aquellos otros, expertos
técnicos, sobre esta materia o ciencia, que dispondrán de los medios suficientes
para aleccionar también al personal de supermercados y sus empleados y hasta de
cómo tendrán que ir colocadas las mercancías en los estantes, e incluso,
exponer otros productos “de bulto” a sabiendas de que no se van adquirir, para
que el consumidor opte por aquellos otros, más a la mano, que el comerciante, si
desea, deshacerse pronto de ellos, exhibiéndolos, con notas tales como:
‘Rebajado’, ‘A mitad de precio’, ‘Tres por uno’ etc.-. A los empleados, también
se les enseñará a conducirse de forma educada y elegante, incluyendo, gestos
corporales, o posiciones que le sean amenas al cliente, no sólo para un mejor
entendimiento, sino para que su trabajo resulte más fructífero, dicho sea de
otra forma, rinda más, como fin, se venda más. Por eso, los dependientes o
encargados, que sean elegidos habrán pasado un examen y cursos adicionales con
expertos psicólogos antes de ser calificados y clasificados, donde se les
harán ver, “por el bien de ellos y de la sociedad en la que trabajan” que toda
esta preparación va dirigida a que sean “los números” (las ventas) las que
priven, me explico, preparados para dar el máximo rendimiento a la hora de
vender.
Sobre la propaganda y lo que esta influye en
nuestra aquiescencia, estriba en los medios de los que se dispongan, tanto para
admitirla como para repelerla y de la presión que se reciba del exterior.
Existen, grandes volúmenes de textos y escritos, de como un producto debe ser
propagado, para que no ofrezca resistencia al que necesitando de él, no deje
de adquirirlo.
Nos vapulean, una y mil veces, para captarnos, y
no sólo cae el burgués, sino el económicamente débil, que dependiendo de un
sueldo ajustado para vivir, se ve avocado a gastar en perjuicio de su economía
y cuantas veces, sin una necesidad perentoria, de adquirir dicho producto y a
pesar de ser consciente de ello, se entrampará y se llenará de deudas,
adquiriendo la mercancía anunciada. ¡Ha caído en la “trampa”, que se le ha
tendido!
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