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Nadie se libra, de un buen
batacazo,
sobre esta tierra tan abrupta y traicionera. Gente de toda edad, incluido, el
que tienen buena agilidad, física y mental. ¡Alce la mano, quien no se lo haya
dado! Unos antes u otros después, todos se los dan, al menos una vez. Batacazo
sobre pavimento de suelo duro o blando, corriendo o bien paseando, o sobre
vehículo. ¡Pero que jamás, sea volando! Y cumpliendo las leyes de la gravedad,
altura y la velocidad, como siempre, serán malas aliadas.
Cada uno de estos batacazos,
tiene su coste, como también su baremo: Primero, factor suerte, a
continuación, edad, fortaleza, peso, altura, velocidad, y la agilidad mental.
Contará también, el lugar sobre el que se desplome: duro,
blando, con o sin superficies lisas o punzantes que te dañen en mayor o menor
intensidad, y no olvidemos, los atuendos, que lleva puestos,
cada cual, en ese inoportuno momento. E conveniente, para amortizar la
caída, conocer con antelación, el lugar donde te vas a proyectar, pero como
esto, casi siempre, es imprevisible, has de sustituirlo, con el empleo de todos
tus sentidos, y rápido reflejo.
Un ejemplo no lejano: Veamos a nuestro
personaje, de edad: 70, estatura: 1.80. Fortaleza: Mediana.
Agilidad: Aún bastante buena. Velocidad de crucero: Paso lento,
ropa de invierno y no consciente del tropezón que se va a dar, aunque darle
tiempo tuvo, mientras éste caía, en que posición debería hacerlo. Resultados:
Mano y pierna derecha, fuerte raspones, sin rotura de ligamentos o huesos. Daño
sufrido: sin consecuencias de gravedad. Parte facultativo (el del protagonista):
Se recupera, no tiene fiebre y al parecer las heridas cierran, sana y
lentamente.
Antes, el mismo ejemplo, pero
mas
distanciado:
El mismo prójimo, 30 años antes, cuando él, entraba precipitadamente
(porque, se le hacía tarde) en su
lugar de trabajo, Un espacio, donde no apreció el suelo peligroso que le
aguardaba, lleno de gasoil, con menos luz que en la calle y sobre él que posó,
sus anchos zapatos, pegando tan fuerte resbalón, que aún de él, no se ha
olvidado. Pasó, varios segundos, patinando, dando saltos, brincos y piruetas, de
aquí para allá, sin dirección, ni control alguno, hasta, que por fin, pisar
suelo seco, pudo.
¡No! ¡No se cayó! No, porque
cuando era joven, practicó deportes, entre ellos patinaje. Por lo que, mientras
tal desventura le ocurría,-aunque parezca inverosímil-, tiempo le dio a pensar,
de que forma caer mejor debería, para no hacerse excesivo daño. Si caía mal,
podía lastimarse, llenarse la ropa de grasa y sobre todo hacer el ridículo,
ante los compañeros. Y como siempre ha amado mucho su salud y decoro, se
defendió como un bellaco, hasta caer, no de bruces, sino como lo hace el gato
,con las cuatro patas, pegadas al asfalto y cabeza en alto,
en sitio seco, con una velocidad de crucero, ya mínima. Por lo
que no hubo que lamentar daño grave alguno. (¡palabra!)
Aplíquese esta exposición, a
otros actos de la vida, por la que la gente resbala muy a menudo. Se recomienda,
se emplee, además de los cinco sentidos, el común, con mente, abierta. Por eso:
¡Valla despacio!, ¡No se distraiga! ¡Y lleve los ojos abiertos!, y por supuesto
con las manos fuera de los bolsillos, por si acaso.
Andar con precaución
y pisar con certeza
Por si hay socavón,
saltarlo con presteza
y evitar de tal modo,
traspié, tan incomodo.
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