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 LAS CARTAS DE DON MANUEL

Querencias que matan

 MANUEL RUBIO

 

 

Quien relata este comentario, se basa, en testimonios fidedignos, que le han sido dados, a través de padres o tutores de los menores. Y que en cierta ocasión, sobre  este tema superficialmente, hice mención.  

 

FOTO: MANUEL RUBIONo se te ocurra, ni por lo más mínimo, levantar la mano a un niño o reprenderle bruscamente, porque si llega a denunciarte, tendrás todas las de perder. Y ahí los tienes, con miradas picarescas, haciendo su santa voluntad, dentro de casa, en los colegios y en la calle.

 

Compadezco a esa madre, la cual, apareció en la prensa y TV, llorando, y no sabía, que hacer con su hijo (un menor), que le desobedecía, le exigía y la maltrataba; por no darle lo que pedía o bien,  no se le permitía hacer lo que se le antojaba. Y a pesar de haberlo denunciado en aquellos centros de atención al menor, allí seguía este pequeño inquisidor, haciendo su santa voluntad. Una madre, que diariamente, sufría el acoso de su”hijo”, como si fuese una pesadilla. Miles de casos, se dan solo en Andalucía. Cuantos de ellos, cuando hayan alcanzado la mayoría de edad, serán carne de prisión por alguna fechoría que cometan, al haber incurrido en la comisión de un delito, creyéndose todavía, que todo el monte, seguía siendo orégano.

 

Y no les echemos, sistemáticamente la culpa a los padres, y educadores, sino a ese ambiente pestilente que emana desde la misma sociedad, opulenta, llena de tanta permisividad y comodidades, envolvente y dominante, de inocentes criaturas, con una reflexión materialista de las cosas, en la que no cuenta el valor del individuo de por sí, sino eso de: Tanto tienes, tanto vales, una consigna a seguir por todos ellos.

 

Unos padres, quizás, demasiado ocupados, en sus negocios o trabajo, intentando, llevar a su hogares, toda clase de bienestar y comodidades, para no les falte de nada, que ya por descontado, disfrutan de una vida fácil y sencilla, sin contratiempos, porque de haberlos, los resolverían los mismos padres. Sobre la ausencia “obligada” de estos padres, por atender sus obligaciones de trabajo, es verdad, que les resta contacto personal en el hogar con sus hijos, sin embargo a cambio, les proporcionaran todo aquello que les es necesario para su desarrollo. No así ocurre, cuando de caprichos se trata, porque en este caso, sin darse cuenta, una vez colmados ya de ellos, se encuentren,  en algún momento, este sujeto activo (pidiendo), se convierta en pasivo, (por hallarse saturado y hastiado de tanto que se le ha facilitado), llega a aborrecer, cuanto tiene, incluyendo  a sus progenitores, a los que culparan de sus sinsabores. Casos se han dado, por estos motivos, en el que, algún menor han intentado o lo ha llevado a cabo,  terminar con su propia vida,  y hasta con la de otros.

 

El remedio, para controlar esta ansia de poseer, en los jóvenes, es sobradamente conocido, sabemos, está, en manos de quienes tienen que educarlos, mostrándoles, otras alternativas, más eficaces y sanas, para su cuerpo y espíritu, que les conduzca a una mejor calidad de vida. Sin dejar de ofrecerles en todo momento, cariño y seguridad, muy importante, en la buena evolución del mismo. Se nace, partiendo de cero, como cualquier bebé, y aunque no lo parezca, desde su más tierna edad, ya debería empezársele a educar. En cuantos puntos del mapa, por un mal entendimiento entre los padres, muchos hogares, se convierten en enormes broncas, culpándose unos a otros,  por la mala conducta de sus hijos. Como también a menudo ha ocurrido, uno de ellos, el más prudente haya guardado silencio,  para no contradecir al otro y convertir el domicilio conyugal,  en un infierno, que hubiese llegado a malograr el matrimonio, porque, lo quieras o no, siempre la madre, saldrá en defensa de este pequeño perturbador de hogares, en respuesta a lo que ella considera  “dureza del padre” a la hora de impartir disciplina.

 

Conozco, un caso, que traigo a colación  y expongo como ejemplo, de por sí,  bastante problemático. Esta vez, se trata de una joven menor, que se niega a  estudiar, no asiste al colegio y para más, es inteligente. Reservada  y astuta, lo que pide por su boquita, lo tiene ipso-facto, porque “chantajea” a los padres, siempre éstos, dispuestos a esquivar cualquier encuentro violento con ella.

 

¿Qué medidas han de tomarse, para que sus “procreadores”, puedan defenderse de este acoso, a veces, duradero, las 24 horas del día, por causas varias? Una menor que, a las doce de la noche, aún no ha regresado a casa y se ha tenido que ir a su encuentro, a buscarla en coche por todos aquellos “puntos” donde se supone, pudieran encontrarla. Se han usado los mecanismos que ofrece la administración del estado, como han sido charlas con profesores y asistentas sociales, Y como resultado, de todo ello, un montón de recomendaciones,  palabras, impresos a rellenar y gastos de todo tipo, medidas todas, ineficaces, incapaces de resolver situación tan calamitosa. Nadie se atreve a dar una solución taxativa, no se si por dejadez o más bien, por miedo a que  los tribunales o la opinión sensacionalista pública, puede volverse contra ellos y como rebote y  por supuesto, contra los padres, como siempre “en auxilio de la pequeña victima, maltratada por estos padres” Aún más,  y es un hecho real,  la menor, a la que me refiero, se va en busca de la asistenta social, con dos lagrimones en los ojos, porque es inteligente y sabe desempeñar bien el papel de victima propiciatoria y acusa a los padres de maltratadotes, . Entonces, ésta asistenta, a renglón seguido, llama a los padres y les comunica, en presencia de la menor: “Que no se entere ella, que maltratan a su hija, porque tomará acciones contra ellos”. ¡Vaya tela marinera!, O sea tomará medidas legales contra los padres. Éstos, tragándose su orgullo como tales, intentan relatarle la realidad, y ¿qué es lo que ocurre?, que no cree, a estos. Y ahí sigue la “maltratada niña”, con sus progenitores, y para más, amenazante, con el número del defensor del menor, a mano, pues le llamará “si no son unos buenos padres con ella”. Y ésta, cada día que pasa, menos hace y más libertades se toma, mientras los padres, ambos, siguen trabajando para ella y sin saber que hacer ¡Vaya regalito y porvenir, que le espera a esta criaturita y no digamos a los encargados de su custodia!


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