|
Quien relata este comentario, se
basa, en testimonios fidedignos, que le han sido dados, a través de padres o
tutores de los menores. Y que en cierta ocasión, sobre este tema
superficialmente, hice mención.
No
se te ocurra, ni por lo más mínimo, levantar la mano a un niño o reprenderle
bruscamente, porque si llega a denunciarte, tendrás todas las de perder. Y ahí
los tienes, con miradas picarescas, haciendo su santa voluntad, dentro de casa,
en los colegios y en la calle.
Compadezco a esa madre, la cual, apareció en la
prensa y TV, llorando, y no sabía, que hacer con su hijo (un menor), que le
desobedecía, le exigía y la maltrataba; por no darle lo que pedía o bien, no se
le permitía hacer lo que se le antojaba. Y a pesar de haberlo denunciado en
aquellos centros de atención al menor, allí seguía este pequeño inquisidor,
haciendo su santa voluntad. Una madre, que diariamente, sufría el acoso de
su”hijo”, como si fuese una pesadilla. Miles de casos, se dan solo en Andalucía.
Cuantos de ellos, cuando hayan alcanzado la mayoría de edad, serán carne de
prisión por alguna fechoría que cometan, al haber incurrido en la comisión de un
delito, creyéndose todavía, que todo el monte, seguía siendo orégano.
Y no les echemos, sistemáticamente la culpa a los
padres, y educadores, sino a ese ambiente pestilente que emana desde la misma
sociedad, opulenta, llena de tanta permisividad y comodidades, envolvente y
dominante, de inocentes criaturas, con una reflexión materialista de las cosas,
en la que no cuenta el valor del individuo de por sí, sino eso de: Tanto
tienes, tanto vales, una consigna a seguir por todos ellos.
Unos padres, quizás, demasiado ocupados, en sus
negocios o trabajo, intentando, llevar a su hogares, toda clase de bienestar y
comodidades, para no les falte de nada, que ya por descontado, disfrutan de una
vida fácil y sencilla, sin contratiempos, porque de haberlos, los resolverían
los mismos padres. Sobre la ausencia “obligada” de estos padres, por atender sus
obligaciones de trabajo, es verdad, que les resta contacto personal en el hogar
con sus hijos, sin embargo a cambio, les proporcionaran todo aquello que les es
necesario para su desarrollo. No así ocurre, cuando de caprichos se trata,
porque en este caso, sin darse cuenta, una vez colmados ya de ellos, se
encuentren, en algún momento, este sujeto activo (pidiendo), se convierta en
pasivo, (por hallarse saturado y hastiado de tanto que se le ha facilitado),
llega a aborrecer, cuanto tiene, incluyendo a sus progenitores, a los que
culparan de sus sinsabores. Casos se han dado, por estos motivos, en el que,
algún menor han intentado o lo ha llevado a cabo, terminar con su propia vida,
y hasta con la de otros.
El remedio, para controlar esta ansia de poseer,
en los jóvenes, es sobradamente conocido, sabemos, está, en manos de quienes
tienen que educarlos, mostrándoles, otras alternativas, más eficaces y sanas,
para su cuerpo y espíritu, que les conduzca a una mejor calidad de vida. Sin
dejar de ofrecerles en todo momento, cariño y seguridad, muy importante, en la
buena evolución del mismo. Se nace, partiendo de cero, como cualquier bebé, y
aunque no lo parezca, desde su más tierna edad, ya debería empezársele a educar.
En cuantos puntos del mapa, por un mal entendimiento entre los padres, muchos
hogares, se convierten en enormes broncas, culpándose unos a otros, por la mala
conducta de sus hijos. Como también a menudo ha ocurrido, uno de ellos, el más
prudente haya guardado silencio, para no contradecir al otro y convertir el
domicilio conyugal, en un infierno, que hubiese llegado a malograr el
matrimonio, porque, lo quieras o no, siempre la madre, saldrá en defensa de este
pequeño perturbador de hogares, en respuesta a lo que ella considera “dureza
del padre” a la hora de impartir disciplina.
Conozco, un caso, que traigo a colación y expongo
como ejemplo, de por sí, bastante problemático. Esta vez, se trata de una joven
menor, que se niega a estudiar, no asiste al colegio y para más, es
inteligente. Reservada y astuta, lo que pide por su boquita, lo tiene ipso-facto,
porque “chantajea” a los padres, siempre éstos, dispuestos a esquivar cualquier
encuentro violento con ella.
¿Qué medidas han de tomarse, para que sus
“procreadores”, puedan defenderse de este acoso, a veces, duradero, las 24 horas
del día, por causas varias? Una menor que, a las doce de la noche, aún no ha
regresado a casa y se ha tenido que ir a su encuentro, a buscarla en coche por
todos aquellos “puntos” donde se supone, pudieran encontrarla. Se han usado los
mecanismos que ofrece la administración del estado, como han sido charlas
con profesores y asistentas sociales, Y como resultado, de todo ello, un montón
de recomendaciones, palabras, impresos a rellenar y gastos de todo tipo,
medidas todas, ineficaces, incapaces de resolver situación tan calamitosa. Nadie
se atreve a dar una solución taxativa, no se si por dejadez o más bien, por
miedo a que los tribunales o la opinión sensacionalista pública, puede volverse
contra ellos y como rebote y por supuesto, contra los padres, como siempre “en
auxilio de la pequeña victima, maltratada por estos padres” Aún más, y es un
hecho real, la menor, a la que me refiero, se va en busca de la asistenta
social, con dos lagrimones en los ojos, porque es inteligente y sabe desempeñar
bien el papel de victima propiciatoria y acusa a los padres de maltratadotes, .
Entonces, ésta asistenta, a renglón seguido, llama a los padres y les
comunica, en presencia de la menor: “Que no se entere ella, que
maltratan a su hija, porque tomará acciones contra ellos”. ¡Vaya tela marinera!,
O sea tomará medidas legales contra los padres. Éstos, tragándose su orgullo
como tales, intentan relatarle la realidad, y ¿qué es lo que ocurre?, que no
cree, a estos. Y ahí sigue la “maltratada niña”, con sus progenitores, y para
más, amenazante, con el número del defensor del menor, a mano, pues le llamará
“si no son unos buenos padres con ella”. Y ésta, cada día que pasa, menos
hace y más libertades se toma, mientras los padres, ambos, siguen trabajando
para ella y sin saber que hacer ¡Vaya regalito y porvenir, que le espera a esta
criaturita y no digamos a los encargados de su custodia!
ARTÍCULOS ANTERIORES
-
Ha sonado la alarma
-
El malaje
-
Alcalde
o alcaldesa
-
Poder
Judicial y sus “fallos”
-
Amor
a la vida y a la madre tierra
-
Que
hubiera sido de… esto o aquello si…
-
Algo
huele mal
-
¡Señores,
atención por favor…!
-
Astuta
difamación
-
Para
carne, carne, la de membrillo
-
Aún
queda un largo camino
-
Atención
que pinta
-
Algo
más de optimismo
-
En
memoria de aquellos campesinos
-
De
Profesión estilista
-
Puerta
de escape
-
Pequeñeces
-
¿Quién
es el último?
-
Resabiados
(Sólo es, mi opinión personal)
-
Actividad
y creatividad
-
Viajamos
con el tiempo
-
Miedo
y sus derivados
-
¡Y en Navidad!,
¿no lo
han podido prorrogar?
-
Echar
el pulso
-
Huevos fritos con patatas
-
Cuando
nos volvemos jueces
-
Para siempre, seré
tuya
-
De profesión: espía
-
Bella es la campiña
-
Escalada de la
ignominia
-
Hablar o escribir
para otros
-
Salto
de cama
-
Sed risueños
-
Manos
mil
-
Ayer
como hoy
-
Tolerancia
y limitaciones
-
El
éxodo
-
¡Oh
madre qué mundo!
-
Conjeturemos
sobre la felicidad
-
Bruno
-
No
se debiera callar
-
El
color de las cosas
-
Paraíso
de ilusión
-
Tiempo
y espacio
-
Madre
natura
-
Maná
del cielo
(Al agua, un tesoro inapreciable)
-
Pesadillas
-
Entre
Alfa y Omega
-
Fantasmas
-
El
ágape
-
El
fénix de la felicidad
-
El
trovero
-
Confusión
-
La
procesión, va por dentro
-
La
familia colabora
-
Cara
dura y arte, es lo que vale
-
Conozcámonos
mejor
-
Mis
puntos de vista,
que comparten muchos otros
-
Apetencias
-
Dulces
-
Al
tropezón, le sigue el batacazo
y de inmediato el descalabro
-
Ese
hombre
-
Perritos
calientes
-
Como
veo mi Bahía
-
La
fórmula del repostero
-
"Pa"
mañana salmonetes
-
Martes
trece
-
Mi
presentación
|