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Malaje o esaborío, palabras, posible sean de
dominio calé. Oídas cientos de veces, fácil de memorizar, comúnmente usadas
contra alguien o algo, que le cae a uno mal. Sustituye a esa otra, , tan soez
como villana y baja, de “hijo de puta” para ser sustituida por esta otra, mas
suave y grácil, cuando el que la profiere, se puede contener y resultando
castizamente familiar, si se emplea, con cierta donaire al departir con los
demás.
Por eso mismo, de no llegar a ser un improperio o
injuria grave, es esgrimida sin temor a traspasarse, si se sabe hacer uso de
ella.. Pero he aquí, que cuando se trata de un malaje de “tomo y lomo”, de esos
como el diccionario los define:” Desagradable: Que tiene mala sombra” (en
Granada, mi tierra, se dice malafollá). A este “tipo” de personas “sin
grasia alguna”, no gratos, nunca, suelen caerle a uno bien, por lo que se
intenta, estar distanciados de ellos, para que no descubran, cuanto se les
desprecia.
Demostrado está que en este bullicio humano, cada
cual, puede rechazar aquello que le sea molesto. Pero aún así, en la vida común,
en el de la política, y otros estamentos sociales, cuantas veces, obligados nos
vemos, a convivir con ellos. Si un registrador de malajes, se hubiera
descubierto, los detectaría, en mayor cantidad, en aquellas esferas, donde se
goza de un mejor nivel de vida, debido a que, tales individuos, por regla
general, suelen comportarse de forma más autoritaria, déspota, ególatra y
presuntuosa con los demás. Me limitaré a comentar el caso del Sr.Aznar, el de un
ex presidente, que saltándose las reglas del juego político en democracia, un
día, llevado fue, por sus impulsos hieráticos y cuenta propia, a abrazarse con
el Gran Genghis Khan, donde halló cobijo y comprensión, halagos, y alguna
prebenda. Crónica largamente censurada por el pueblo. ¡Ah! Tenga, buena estancia
en las Islas Caimanes.
Ahora, siguiendo con la palabra, malaje, tendrá
un mayor relieve de desprecio o oprobio, cuando se aplica con cierta fuerza
despectiva, hacia la persona que se desea descalificar. Y sin embargo, por lo
contrario, cuando es usada cariñosamente, entre camaradas y familiares, hasta
puede resultar zalamera.
Rematar este escrito, lo quisiera, con este
reflexión, digna de tomar en cuenta, por la importancia que va teniendo a estas
alturas, cuando los partidos politicos, deseosos de sacudirse las pulgas, en un
acto de examen de conciencia” descargan, sus culpas, sobre ciertos aliados
suyos, porque les interesa creer, fracasaron y para subsanar las meteduras de
pata, ahora ensayan un método nuevo: quitarlos de la circulación, cuando lo que
funcionó mal, fue, la forma de enfocar la política y de aplicarla, olvidándose
de los espectadores, siempre ansiosos de comprender, sus extrañas formas de
conducirse. ¡Cuidado, atención! No me saquen a la palestra, mañana,
aquellos otros históricos, tiempo ha, olvidados, para con su aparición, y de tal
forma, enderezar el entuerto, porque puede ser, hasta peyorativo o sea, ser una
idea desfavorable. Bien está, sean jubilados, tras tanto tiempo de lucha,
sin recibir satisfacción alguna y hallarse cansados sobradamente, tras la dura
contienda política por ellos mismos suscitada. Pero los que una vez, se
despidieron del ruedo y nos dijeron adiós, y más seca que la de un arenque, no
deben volver. Tampoco saquen a la pasarela, modelos ya pasados de moda, y
vistos, porque el público no los comprará.
Y la prueba la tienen con el partido PP, como
agudiza su punto de vista, apuntando a un nuevo elemento, persona grata,
silenciosa y elegante en su proceder, que ha demostrado entender de política por
actuar con inteligente prudencia. El PSOE, sin embargo, tengo mis dudas, aún las
tengo, aunque se desearía encontrara, gente de la misma talla y estima, que la
del anterior, como substitutos, de aquellos, que no supieron asistir y
censurar en su debido momento a sus presidentes. Y acabemos ya, de una vez con
todas con todo charlatán malaje.
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