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La falta de atención entre personas, es causada
mayormente por distracción o poco interés, lo que equivale a decir, falta de
consideración. Pero cuando se dialoga, y decimos, que alguien no presta
atención, estamos calificándolo de mal educado. A no ser, que, su
distracción se deba a un estado de cansancio o deficiencia psíquica. Y
todo ello, nada tiene que ver, con la cultura que posea el oyente.
Incluido en este mi pensamiento, están aquellos
otros, que censuramos y nos producen cierto rechazo, cuando dialogando, no dan
tregua a los demás, para que expresen o expongan, sus opiniones. Algo insólito,
cuando si son en asambleas y hay un mediador o moderador con la suficiente
autoridad como para impedir esta clase de abusos.
En sus relaciones con los demás, esta clase de
personas, solo tienden a concentrarse en ellas mismas, importándole poco o
nada lo que le ocurre al prójimo, porque son de naturaleza egoísta y pedantes.
A ellos, solo les importa sus asuntos y que les oigan Y si no observarlos cuando
ya han concluido de hablar, -porque tú no hayas sabido o podido
detenerlos a tiempo, de buena o mala manera-, hacen el paripé de cómo si te
estuvieran escuchando, algo así, como si dieran una tregua para cubrir el
expediente, quizás, esperando todavía, en que él, pueda tener otra oportunidad,
para intervenir de nuevo. Y lo hará, sin importarle tus problemas o poniendo
en tela de juicio tus opiniones y si no fijaos bien, en su mirada, desviada
hacia otro lado, o bien distraído con cualquier cosa. Mientras tú, le estás
hablando, tienes la sensación de que no te escucha, observando en su cara,
ciertas veces, como se le dibuja una sonrisita maligna de autosuficiencia y
desaprobación, si es que no llega a darte la espalda, porque algo le impida
moverse de donde está, que si no, haría mutis por la puerta más cercana que le
conduce fuera del lugar que se halla, como he comentado y repito, solo le
interesa lo que le atañe a él. Sus asuntos propios.
Ahora por el contrario observad esas otras
personas educadas, sencillas, que se interesan sinceramente por tu
conversación, ellas, tendrán en todo momento puesta en ti toda su atención, con
la suficiente ecuanimidad, como para seguir, esa parte de conversación, que aún,
tú no hayas concluido. Será cortés contigo y no cuestionará tu razonamiento
mientras hables, ni te interrumpirá, seguirá escuchándote y mostrando su faz
complaciente a lo largo de la charla (no sarcástica) y si te cuestiona
algún razonamiento, lo hará de forma grata o afable ¿A que da gusto de tener,
personas de tal porte, alrededor de uno?
Sin embargo, si resulta desconsiderado, caso muy
dado en la calle; la de aquellos grupos, que sin tener una conversación seria y
coherente, hablan todos a la vez y por supuesto, no llegan a entenderse y a
veces ni a oírse, porque a ninguno le importa, aquello que el otro, (le) está
contando, (les importa más, lo que ellos desean decir). Ahora, si recapacitamos
con benevolencia, pudiéramos achacarlo a una manifestación de euforia, una
especie de escape, para dar salida al estrés reprimido de estas personas, por
una falta de contacto con los demás, por lo que no se les debe tener en
cuenta su descortesía. Y si queremos encontrarle otra explicación, será, la de
que no anden muy equilibrados mentalmente. Por lo que siempre, será de poca
importancia aquello que entre ellos puedan comunicarse.
Sobre esta argumentación, hay otra realidad,
muy meritoria y ventajosa y es que, no sirve ser atentos simplemente,
sino que además hay que apreciar y valorar las opiniones que recibes de
los demás, y llevarlas a cabo, si una vez evaluadas valen la pena tomarlas
en cuenta. Aún siendo inferior a ti en posición, categoría u otras
circunstancias, el que te dirige la palabra, no por ello, habrá de tenérseles a
menos, porque, a todos se les debe atender, hasta los mas refractarios.
Porque una cosa, es oír y otra es escuchar
(poner atención). Un ejemplo muy popular, lo tenemos en esas parejas que
hastiados de sus relaciones, por su larga duración, charla que te charla, llegan
a una etapa en la que, ni se oyen ni se escuchan, debido a la rutina provocada
por el cansancio y tedio que sienten y un interés mutuo que se ha ido
perdiendo poco a poco. Y ahí, que exista, el peligro entre ellos, de encontrar
algún otro/a, con retórica novedosa y más apetecible, que les haga romper las
relaciones. Otro caso notable, diferente al anterior, son los de aquellos otros
grupos políticos, enfrentados entre sí, y que si bien se oyen, a la hora de
razonar, rechazan cualquier proposición que se les hagan, por oponerse a los
postulados de su adversario.
De todas las formas, siempre es recomendable
guardar silencio, mientras el otro hable, y no se discuta sus conclusiones,
ni se las critiquen, de forma tajante, para evitar enemistarse. Y cuando
obligado se esté a responder, sea empleado todo el ingenio y perspicacia, para
darle una buena respuesta, la misma que te gustaría que a ti te dieran. Y por
último, otra conjetura que deduzco sobre lo expuesto y es que, además, nos es,
muy conveniente, conocer al dialogante, en cuanto más, mejor, para que podamos
tener un mayor margen de libertad con él, porque de no ser así, por prudencia,
debemos ser parcos en palabras, sin traspasar los límites de confianza que él
nos permita tomar. Así pues, siempre se harán buenos amigos y te hallarás
satisfecho de ti mismo, si has obrado con cortesía.
Y terminaremos con aquella celebre frase de: Lo
cortés no quita lo valiente, aunque en materia de amor oí una vez decir en
cierta ocasión, que: Lo cortes, siempre quita lo valiente.
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