Año III

 

  

 

 

 PORTADA

 Noticia del día

 Cádiz

 Jerez

 San Fernando

 El Puerto

 Chiclana

 Puerto Real

 Rota

Participa AQUÍ en la encuesta

 El Mundo

 Deportes

 Toros

 Opinión

 Cartas al Director

 El Derrotista

 Servicios

 Reserva Hoteles

 El Tiempo

 Prensa/TV/Radio

 Entrevistas

 A Fondo

 Foto-Noticias

 Bahía Cultural

 Carnaval366Días

Pídenos información sobra la PUBLICIDAD AQUÍ

 Suscribirse

 Patrocinadores

 Publicidad

 Quiénes somos

 Contacto Prensa

 Hemeroteca


 

 

 LAS CARTAS DE DON MANUEL

¡Señores, atención por favor…!

 MANUEL RUBIO

 

 

FOTO: MANUEL RUBIO

La falta de atención entre personas, es causada mayormente por distracción o poco interés, lo que equivale a decir, falta de consideración. Pero cuando se dialoga, y decimos, que alguien no presta atención, estamos calificándolo de mal educado. A no ser, que, su distracción se deba a un estado de cansancio o deficiencia psíquica.  Y todo ello, nada tiene que ver, con la cultura que posea el oyente.

 

Incluido en este mi pensamiento, están aquellos otros, que censuramos y nos producen cierto rechazo, cuando dialogando, no dan tregua a los demás, para que expresen o expongan, sus opiniones. Algo insólito, cuando si son en asambleas y hay un mediador o moderador con la suficiente autoridad como para impedir esta clase de abusos.

 

En sus relaciones con los demás,  esta clase de personas,  solo tienden a concentrarse  en ellas mismas, importándole poco o nada  lo que le ocurre al prójimo, porque son de naturaleza egoísta y pedantes. A ellos, solo les importa sus asuntos y que les oigan Y si no observarlos cuando ya han concluido de hablar, -porque tú no hayas sabido o podido detenerlos a tiempo, de buena o mala manera-, hacen el paripé de cómo si te estuvieran escuchando, algo así, como si dieran una tregua para cubrir el expediente, quizás, esperando todavía, en que él, pueda tener otra oportunidad, para intervenir de nuevo. Y  lo hará, sin importarle tus problemas o  poniendo en tela de juicio tus opiniones y si no   fijaos bien, en su mirada, desviada hacia otro lado, o bien distraído con cualquier cosa. Mientras tú,  le estás hablando, tienes la sensación de que no te escucha, observando en su cara, ciertas veces, como se le dibuja una sonrisita maligna de autosuficiencia y desaprobación, si es que no llega a darte la espalda, porque algo le impida moverse de donde está, que si no, haría mutis por la puerta más cercana que le conduce fuera del lugar que se halla, como he comentado y repito, solo le interesa lo que le atañe a él. Sus asuntos propios.

 

Ahora por el contrario observad esas otras personas educadas, sencillas, que se interesan sinceramente por tu conversación, ellas, tendrán en todo momento puesta en ti toda su atención, con la suficiente ecuanimidad, como para seguir, esa parte de conversación, que aún, tú no hayas concluido. Será cortés contigo y no cuestionará tu razonamiento mientras hables, ni te interrumpirá, seguirá escuchándote y mostrando su faz complaciente a lo largo de la charla (no sarcástica) y si te cuestiona algún razonamiento, lo hará de forma grata o afable  ¿A que da gusto de tener, personas de tal porte, alrededor de uno?

 

Sin embargo, si resulta desconsiderado, caso muy dado en la calle; la de aquellos grupos, que sin tener una conversación seria y coherente, hablan todos a la vez y por supuesto, no llegan a entenderse y a veces ni a oírse, porque a ninguno le importa, aquello que el otro, (le) está contando, (les importa más, lo que ellos desean decir). Ahora, si recapacitamos con benevolencia, pudiéramos achacarlo a una manifestación de euforia, una especie de escape, para dar salida al estrés reprimido de estas personas,  por una falta de contacto con los demás, por lo que no se les debe tener en cuenta su  descortesía. Y si queremos encontrarle otra explicación, será, la de que no anden muy equilibrados mentalmente. Por lo que siempre, será de poca importancia aquello que entre ellos puedan comunicarse.

 

 

Sobre esta argumentación, hay otra realidad, muy meritoria y ventajosa y es que, no sirve ser atentos simplemente, sino que además hay que apreciar y valorar las opiniones que recibes de los demás, y llevarlas a cabo, si una vez evaluadas valen la pena tomarlas en cuenta. Aún siendo inferior a ti en posición, categoría u otras circunstancias, el que te dirige la palabra,  no por ello, habrá de tenérseles a menos, porque, a todos se les debe atender, hasta los mas refractarios.

 

Porque una cosa, es oír y otra es escuchar (poner atención). Un ejemplo muy popular, lo tenemos en esas parejas que hastiados de sus relaciones, por su larga duración, charla que te charla, llegan a una etapa en la que, ni se oyen ni se escuchan, debido a la rutina provocada por el  cansancio y tedio que sienten y un interés mutuo que se ha ido  perdiendo poco a poco. Y ahí,  que exista, el peligro entre ellos,  de encontrar algún otro/a, con retórica novedosa y más apetecible, que les haga romper las relaciones. Otro caso notable, diferente al anterior, son los de aquellos otros grupos políticos, enfrentados entre sí, y que si bien se oyen, a la hora de razonar, rechazan cualquier proposición que se les hagan, por  oponerse a los postulados de su adversario.

 

De todas las formas, siempre es recomendable guardar silencio, mientras el otro hable, y no se discuta sus conclusiones, ni se las critiquen, de forma tajante, para evitar enemistarse. Y cuando obligado se esté a responder, sea empleado todo el ingenio y perspicacia, para darle una buena respuesta, la misma  que  te gustaría que a ti te dieran. Y por último, otra conjetura que deduzco sobre lo expuesto y es que, además, nos es, muy conveniente, conocer al dialogante, en cuanto más, mejor, para que podamos tener un mayor margen de libertad con él, porque de no ser así,  por prudencia, debemos ser parcos en palabras, sin traspasar los límites de confianza que él nos permita tomar. Así pues, siempre se harán buenos amigos y te hallarás satisfecho de ti mismo, si has obrado con cortesía.

 

Y terminaremos con aquella celebre frase de: Lo cortés no quita lo valiente, aunque en materia de amor oí una vez decir en cierta ocasión, que: Lo cortes, siempre quita lo valiente.


ARTÍCULOS ANTERIORES

DIARIO Bahía de Cádiz (BC) v. 1.8.
© 2004-2007 DIARIO Bahía de Cádiz

Publicidad | Contáctenos

¿Quiénes somos?  --  Aviso Legal  --   Suscribirse  --   Poner como página de inicio  --   Añadir a Favoritos                          Imprimir esta página

 

 

 

Publicidad         

 

C/Profesor Antonio Ramos, 12, 3ºIZQDA - 11.100 San Fernando (CÁDIZ)
Redacción: redaccion@diariobahiadecadiz.com  Dirección: danyprensa@yahoo.es   Teléfono: 658 685 782