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Claras no son a veces nuestras ideas y por lo
tanto, la opinión que de ciertos comportamientos y cosas tenemos se halle lejos
de la realidad, por este motivo de mal entenderlas o de no profundizar en sus
contenidos. Sean cual fueren sus causas, nos harán que vivamos lejos de su
verdadero contexto. Ante esta posibilidad, de que nuestros conocimientos
estuviesen errados, a muchos, sería recomendable ensayar en otros campos, para
rectificar o subsanar aquello que de erróneo, se haya mal interpretado.. Y para
lo cual, no será forzoso viajar, y desplazarse muy lejos, porque nos será
fácil siempre hallar información, bien, a través de los libros o esa cátedra
viviente que se nos muestra día tras día, en nuestras relaciones con los demás.
De no hacerlo así, sería por falta de interés o simple abulia.
Y si opinar deseo sobre este tema, por el
cual siempre he sentido cierta inclinación, es, porque lamento, la monótona vida
de aquellos, que debido a sus obligaciones, estudios o clase de vida, se
encierran en una sola área de conocimientos dentro de unos mundos reducidos, en
los que, muchos, permanecen confinados, por decisión o no, propia, en
comparación, con otros espacios abiertos, posiblemente más llenos de vida, a
los que pueden optar. Es sano, abrir las ventanas de ese refugio, para que el
aire fresco renueve este aposento y les haga salir fuera de él, sin necesidad,
como ya he indicado, de desplazarse lejos. Al lado nuestro, siempre se
desarrollarán actividades ignoradas, dignas de observar y aprender de ellas, que
harán desplegar todos los sentidos, y nos enriquecerá en conocimientos,
aumentando con ello, nuestra sabiduría.
Ese por qué, de esto o aquello, o el por qué,
alguien obra o piensa de esta u otra forma distinta a la nuestra, nos hace
estudiar diferentes posturas, e interesarnos por ellas. Será un paso, para tu
mismo perfeccionarte, si es que, tienes abierta tu mente y haya cabida para
cuanto de nuevo, vas percibiendo. Imprescindible, para cambiar o mejorar los
conceptos que se tienen de los demás y de las cosas.
¿Cuántas son las veces, que por el hecho de
manejar un vademécum casero, tan reducido en conocimientos, no alcancemos a
juzgar correctamente la posición adoptada por muchos de nuestros semejantes,
impidiéndonos de tal forma, no comprenderlos o creer incorrecta su postura?
¿Han oído hablar ustedes o conocido, esos
voluminosos libros llamados de especificaciones, por los que
se rigen muchas empresas, donde tienen clasificados cómo han de ser tales o
cuales piezas, para su aplicación en algún determinado motor o ensamblaje, o
como se han de fabricar, producir o ajustar estas? Cuando hice uso por primera
vez de dichos libros, tuve una amarga sensación, al imaginar, que, si nos era
más cómodo y seguro, regirnos por ellos, por otro lado, me daba la impresión,
de cómo si el ser humano, estuviera perdiendo autonomía, a la vez, que
redujera su libertad de expresión. Y me dio que pensar, si tal forma de
obrar, siguiera “prosperando”, también en un futuro, llegásemos a convertirnos
en hombres robots, anulando con ello toda iniciativa personal.
Y no pienso que ande lejos de ello, con los nuevos
sistemas tan holgados, de exámenes y aprendizaje, que actualmente se llevan a
cabo, rellenando cuestionarios con unas simples equis (X). O por el
contrario, como ocurre en otras actividades y con el visto bueno de nuestra
sociedad, la de esa progresiva ordenación impuesta por la administración
pública, para acceder a algún documento, con formulismos, gestiones, métodos o
tecnicismos que complican la existencia. ¿No será el preludio para convertir
al hombre en una máquina o robot, en el que nuestra mente y sentidos si no
quedan idos, si son hipotecados a cambio de “comodidad”, seguridad y “mejor
vida”?
Porque penoso será, que por las causas anteriormente expuestas,
nuestra mente, cayera en un estado de inactividad y como consecuencia de ello,
dejara de pensar y crear
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