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Algunas de las veces cuando escribo, me baso en
conversaciones sostenidas con mi esposa, de la que me valgo, cuando mi
inspiración está baja de recursos. Porque lo importante es aparte de escribir,
que lo considero como un esparcimiento relajante y confortable, es también,
darle satisfacción a esa especie de gusanillo que se lleva por dentro, el de
comunicar ideas y experiencias vividas.
Yendo al meollo del titulo o encabezamiento,
tendré que empezar departiendo primero sobre lo que considero un núcleo
familiar, lo que expongo brevemente: Está compuesto por los miembros de una
familia que diariamente lo comparten todo; los padres, cabecera de la familia,
seguido jerárquicamente y a continuación de los hijos y todos aquellos
familiares o consanguíneos que habitualmente habitan la misma casa o sea
domicilio, todos, sujetos a unas normas de conducta ya fijadas, que deberán ser
respetadas. Luego está, la célula familiar, compuesta por abuelos tíos y
sobrinos con los que también, se suelen tener relaciones de afinidad y
convivencia. Pero siempre, el núcleo, deberá estar por encima de la
consideración que le debamos a nuestros progenitores o cualquier otra conexión
familiar.
Una vez fijadas estas posiciones, que se habrán
ido construyendo paulatinamente, dulce y progresivamente, solo el transcurrir
del tiempo hará que este núcleo se convierta en una nueva célula. Su clave
principal habrá sido el conseguir congeniar unos con otros, sin imperativos, a
la vez que se procuran enderezar entuertos y otros problemas, que den el mejor
acomodo a la familia.
A los hijos, se les protegerán y educaran para
luego, como los pájaros, dejarlos que abandonen libres el nido y encuentren su
destino, no se les exigirá a estos ninguna clase de beneficios, solo el suyo
propio. Sea dicho, una familia que se ha ido renovando lenta y paulatinamente
a través del tiempo, habrá cambiado el modo de vivir, pero, no su esencia en si,
que es el que hace permanecer a la familia unida.
Durante este tiempo, una lucha interna, a veces
sorda, pero siempre patente, se habrá estado desarrollando; conversaciones,
discusiones, riñas entre hermanos y alguna que otra controversia, casi siempre
debido a ese pulso, de la razón y sin razón que suele echarse en todos
los hogares, del yo quiero, digo, exijo, etc, donde los padres han de ejercer el
papel de jueces (si es que ha prevalecido la autoridad),
único medio, para resolver estos atascos que impiden el normal funcionamiento de
la casa y que a veces han crispado en demasía.
Pero vayamos a un punto, que debe ser tenido en
cuenta: ¿Qué ocurre, con aquellos familiares que en su día se fueron y formaron
una familia o se establecieron por su cuenta, adaptándose a unas nuevas normas
de vida y conducta, a veces bastante diferentes a las de la familia de origen y
se incorporan de nuevo “con todo el cariño habido y por haber” en busca del
calor familiar o bien buscan refugio transitorio o circunstancial, en la casa
que los padres que los vio nacer?
Pues según criterio mío, que sobre ello,
experiencias he tenido, y referirlas no deseo, aunque sí, describiré algunos de
sus rasgos, para poder exponer mis puntos de vista: Aquellos, que un día se
fueron, los he visto volver eufóricos, y contentos, de encontrar a sus “viejos”
de nuevo y como si de algo nuevo se tratara, abrieron su saco de experiencias
para mostrarnos cuanto han adquirido allá fuera. Nosotros, los padres, los oímos
y les hacemos saber, que con el “material” que tenemos en casa nos va bien. Y es
aquí cuando viene el momento de echar un nuevo pulso, porque el nuevo
“representante” querrá hacerte comprender que su mercancía es la mejor y siempre
con palabras de afecto, cariño y diplomacia, que su educación e inteligencia les
permita, añadirán que la nuestra ya está caduca, “como lo estamos nosotros”. El
caso es, que algunos de ellos no se dan cuenta de que estos “viejos”, más
conservadores que progresistas, por los resultados obtenidos, prefieren
continuar usando la misma mercancía “ñoña” a la que están acostumbrados- Y
exclamaremos ¡alto!, nosotros los veteranos padres, -mientras ellos, dale que te
dale, continuaran sin hacerte caso- ¡Haced lo que queráis en vuestras casas,
aquí quien lleva la batuta somos nosotros! Y es entonces cuando el pulso en
ese preciso momento, queda nulo, sin que nadie sea el ganador. Que hasta para
eso, un padre habrá de tener buenos reflejos para fijar su criterio.
Yo os digo padres: Que no os asustéis de esta actitud que toman
vuestros hijos, quizás, nosotros antaño, también lo hicimos y ahora no nos
acordemos.
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