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No
es mi deseo introducirme en un campo, que de “derecho”, solo le pertenece a la
Jurisprudencia, ni tampoco hablar de ese gélido código penal, donde bien
tipificados y enumerados se hayan toda clase de delitos y faltas con sus
correspondientes sanciones, ni tampoco de las tres evidentes causas por las que
estas se aplican, ni de los mecanismo a seguir por el poder judicial, cuando
emite sentencia, aumentando o disminuyéndolas, según las agravantes y eximentes
en el momento de cometerlo.
Largo y pesada tarea se haría ésta, para mí, un
profano, carente de los suficientes conocimientos, que satisficiera al lector,
hoy más ilustrado que ayer en toda clase de materias.
Pero opinar deseo, si me es permitido, de aquellas
injusticias que se cometen en este globo terráqueo, cuando se dicta sentencia,
saltándose las reglas por las que se rige el país, por estar sus leyes, sujetas
a ideologías política, religiosas y hábitos, conectadas con ellas; discriminando
a las personas por razón de sexo, raza o ideologías
Por supuesto, que en muchos lugares de la
tierra, se da la circunstancia de que son desproporcionados los
castigos que se imponen, comparándolos con otros delitos de mayor cuantía
(gravedad), cuando una persona ha sido sancionada sin pruebas suficientes,
llegando incluso, hasta la pena capital, por el simple hecho de manifestarse
públicamente, guardar unos principios o sostener unas ideas, allí será, donde
la justicia es administrada por dictadores, tiranos, que oprimen al pueblo,
para prevalecer aquellos en el poder. Testimonios mil llevados a la practica en
antaño y aún, hoy se siguen dando en muchos lugares de la tierra, cuando se
practican juicios sumarísimos, sin las suficientes garantías, o pruebas de
defensa insuficientes o adecuadas, que ampare legalmente al acusado. La horca o
el tiro en la nuca, por no ser adeptos a sus consignas, ideologías políticas o
religiosas, se dan todavía en países asiáticos. Como el empleo de penas
excesivas, para amedrentar y sumir a un pueblo en un estado de obediencia
permanente. O cuantas veces, aquí o allí, un indigente ha robado tan solo para
comer él y su familia y se le han aplicado penas elevadísimas. Pero aún más
grave es, cuando el poder de juzgar, se lo toman aquellos agentes
encargados de la seguridad, aplicando arbitrariamente, castigos corporales o
psíquicos a los detenidos, sin necesidad, llegándoles a causar daños
irreparables. O incluso por un exceso de animadversión o ira, hayan llegado
hasta producir la muerte. Procesos de los cuales, la prensa, se hace eco a
menudo de ellos y son denunciados ante el mundo entero. Hace poco se nos dio
testimonio de ello, en “países civilizados” como los EEUU, Reino Unido e
incluso en España, en fechas tampoco muy lejanas, países libres que gozan de
“toda clase de libertades y de garantías constitucionales, los ciudadanos.
Por último me produce cierta consternación, la de
aquellos pueblos islámicos, donde rige una administración caduca, de
tinte religioso, implacable, que permite incluso que sea el mismo pueblo
quien aplique “la ley”, lapidando a una indefensa mujer, cuyo delito no fue
otro, que el haber sido seducida por sus mismos ejecutores, sin que estos,
reciban castigo alguno, por ello.
Y es que solo cuando las injusticias nos salpican,
es cuando llegamos a conocer lo insoportable que supone vivir de tal manera,
siendo entonces cuando valoramos una democracia, en un estado de derecho, justa,
para cuando alguien incumple algún articulo de la Constitución, se ponga en
marcha los resortes necesarios para corregirlo..
Y para concluir diré que son varias las causas que alteran el
orden social y buena convivencia, y una de ellas para mi primordial, es la falta
de reprimir con contundencia todos los delitos y en especial el del
terrorismo, causante este último, de un continuo estado de malestar en la
población. Y como ya anuncie en otra ocasión, se les permitan a sus
componentes, que opinen, se reúnan y se manifiesten. Señores las
libertades de nuestra democracia, nunca debieron llegar hasta ahí. Odia el
delito compadece al delincuente. Solo que éste último tenga derecho a
expresarse, con asistencia de un abogado o letrado ante los tribunales,
para su defensa, si así lo desea.
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