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 LAS CARTAS DE DON MANUEL

De profesión: espía

 MANUEL RUBIO

 

 

FOTO: MANUEL RUBIO

Espías los hay, de muchas clases: Por fanatismo, ideales, obediencia, lucro, chantaje, y dentro de ellos, de todas las categorías y procedencias. Hablar de este colectivo, nos llevaría largo espacio y tiempo.

 

Somos muchos, a los que nos atrae, los relatos sobre espionaje y vida de sus personajes. Y es, porque, nos impresiona lo arriesgada y poco segura que  esta profesión es.  Semejante  a la del torero, pero, en este caso, sin saber por donde andan los cuernos del toro. No usa traje de luces, sino uno, que se asemeje, al estilo y cultura del lugar que opera. Hombre, preparado, instruido  en centros especiales, con un buen don de gentes, que le hace mezclarse fácilmente con la población. Inteligente, activo, y frío y con un gran abanico de conocimientos e intuición para resolver los problemas que le van surgiendo. Vivo, observador y cauto, a todas las horas del día, tanto, que por un descuido, puede quedar al descubierto y costarle “el cargo” por no decir la vida. Disciplinado, con las consignas recibidas de sus superiores y correcta interpretación a la hora de aplicarlas. El “buen” espía, además de reunir las cualidades anteriormente mencionadas debe ser un hombre sin escrúpulos y dispuesto a eliminar por el medio que sea, todo obstáculo que se le interponga o impida su tarea.

 

La vida para él, como se suele decir en La Gran Bretaña,  no vale ni un penique. Un empleo temporal, que sin previo aviso puede ser relevado en un santiamén de su cargo, empleando un sinfín de  procedimientos. Su desgracia se puede achacar,  a una simple equivocación o  percance, o no haber sido fiel a las consignas recibidas.

 

Espías, siempre los ha habido en  todos los países y se hasta dado el caso de familias enteras dedicado a ello, Espías agregados a embajadas o consulados, que disfrutaran de gran inmunidad, pero aún así,  en cualquier momento, también  pueden ser relevados, sustituidos, o eliminados, por ser pocos competitivos o  dudosos para los que les trabajan

 

En el caso de Alexander Litvinenko, yo personalmente no entiendo como a este ex agente de la  KGB, (actualmente  llamada esta organización en Rusia SFS), mientras comía, en aquél restaurante chino, quizás, con algún contacto, que le estuviera pasando información, le introdujeron en su cuerpo, esa ponzoña (Polonio 210). Aunque hospitalizado y vigilado bajo medidas, de alta seguridad, falleciera, completamente desfigurado, por el efecto de la radioactividad.

 

Se especula, en el caso de Alexander, su “ejecución”, fuera debido a  haber hecho, antes, declaraciones acerca de los rusos y su s formas de actuar en Chechenia y otros lugares, o  bien de cómo  fueron eliminadas otras figuras  de las altas finanzas en la URSS, que  de “modo accidental”,  el gobierno en su día, informó habían fallecido. Pero, lejos de estas especulaciones  que doy por  fundamentadas, opino: “Que el espía es un cargo caduco, unos más que otros (en este caso, unos tres años). Y es que en el momento en que se salen de su atribuciones  u obran por iniciativa propia, se saltan las reglas del juego o pierden  credibilidad, son eliminados fulminantemente”. “ O también, el caso del espía doble, - que suele darse a menudo cuando son descubiertos- serán sus “nuevos jefes”  quienes procedan a prescindir de él, porque no les es útil o desconfían de él. Entonces, será aprovechada  esta coyuntura para culparse unos a otros.

 

Si en cualquier momento, durante su trabajo, la  conciencia  de alguna de ellos despertara  y se dejara llevar por la razón  la  moral y buenas costumbres, sería cuando toda su carrera se iría al traste.

 

Un juego bastante sucio, este de espía, practicado por muchos países y organizaciones.

 

Y termino esta mi opinión, contemplando, a los que por  motivos honorables, dieron la vida, en  el cumplimiento de este trabajo, y quedaron en el anonimato, sin llegar a  saberse jamás de ellos, ni de sus actividades, ni procedencia, porque, cuando “desaparecieron”, con ellos, se cuidó, hacer desparecer también su identidad.


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