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Hoy es mi deseo, como si de un respiro me tomara,
dejar a un lado política y problemas que acontecen diariamente y nos deprime,
para intentar darle a este, mi escrito, un punto de color y romanticismo,
irrumpiendo con un tema poco tratado en estas páginas: Nuestra paz de
espíritu. Por lo que tendremos que trasladarnos a otros escenarios, donde no
se oiga, el ruido de las armas, los lamentos de los que sufren o el rodar de una
política adversa.
Por eso, hoy más que nunca, tendrán la oportunidad
de contemplar la bella campiña y solazarse en ella, aquellos que la aman,
porque podrán observar a las aves, cruzando veloces los cielos, brillar las
doradas mies de sus campos y a su fauna, pactando en ellos de forma pacifica.
Espacios libres, donde la vista se recrea y se pierde, hasta topar con los
montículos que los circundan.
Respiraremos también, el aire puro reinante de
estos lugares, vivificador, que nos llena los pulmones. Nos llamará la
atención, el silencio absoluto que invade aquél espacio, interrumpido, a lo
más, por el mugido, rebuzno, cacareo o ladrido de algún animal, o la voz de
algún labrador arreando a una bestia. Y si observas el suelo, apreciaras los
diminutos insectos, moviéndose con celeridad de aquí para allá, mientras la
brisa mueve las verdes hojas u hojarascas por donde trepan de forma silenciosa.
Una vida diferente a la de la ciudad, por su estilo y calidad, que nos
sorprende. Y es que, en el momento que te pones en contacto con la naturaleza,
es cuando comienzas a percibir los muchos espectáculos, que ésta te ofrece,
tiempo, en el que realmente uno despierta y contempla cuan amplios y bellos son
los paisajes de nuestro alrededor. Lugares donde recrearse y maravillarse a
cambio de quedar encerrado en las grandes ciudades; laberintos, del mundanal
ruido, donde todo ser ensordece y queda idiotizado, ante el gran mostrador o
escaparate en el que se te ofrece de todo, hasta dejar pegadas las narices a
sus grandes cristales, siempre con el deseo de poseer cuanto se contempla, tal
lo hacen las moscas sobre un tarro de miel, para al final, quedar aturdido y
hastiado de tanto que se nos muestra. Y como si de un cautiverio se tratara,
solo verás y sentirás en ese espacio levantado por el hombre, bienes
superficiales, que a la postre, ni te sacian ni aplacan el deseo de poseer.
Insto, a estos cautivos, de las grandes ciudades,
a que pongan sus ojos en esos campos, praderas o bosques, donde el silencio, es
la terapéutica o el tratamiento para muchos de nuestros males. Espacio que dan
vida y nos muestran los más valiosos tesoros de la naturaleza: Elementos aún,
quizás, en estado virgen, lejos de toda contaminación. Un retiro apropiado
para la meditación y la concentración, donde el hombre, se puede encontrar
consigo mismo, y con su creador. Sana y curativa medicina para el que pueda
disfrutar de ella, porque la civilización en su “avance tecnológico”, gracias a
Dios, aún, en muchos lugares de estos, no ha tomado posesión. Si bien, la
contaminación de la naturaleza por centrales nucleares, fábricas, la quema de
bosques y otros destrozos, casi siempre, producidos por culpa del mismo hombre,
está dañando constantemente y severamente este espacio natural de la biosfera.
Conservemos pues, nuestro ecosistema y
disfrutemos de cuanto se nos ofrece. No lo destruyamos, allí moran, nuestras
reservas, fuentes de energía y la vez residencia de nuestra gran musa, la
cual, nos inspirará e imprimirá alegría y ganas de seguir viviendo.
Y que menos, dar fin a este escrito con el
siguiente soneto, para honrar a la naturaleza:
Te recomiendo por propia experiencia,
huyas a la campiña, lejos del orbe.
y una vez allí, concéntrate y absorbe,
cuanto de ella, te sea útil, en esencia.
Armonía y sosiego, es la ciencia
que anulará, todo lo que te estorbe
o bien preocupación, que a tu paz robe,
cuando tu musa, haga acto de presencia
Entonces cambiará toda tu vida
y a tu ego, para hacerte bien saber
cuan hermoso, es vivir en la campiña.
Y esa musa, a la que diste por ida,
ahora en ti, empezará a renacer,
linda, como la risa de una niña.
Manuel Rubio
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