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 LAS CARTAS DE DON MANUEL

Bella es la campiña

 MANUEL RUBIO

 

 

FOTO: MANUEL RUBIO

Hoy es mi deseo, como si de un respiro me tomara, dejar a un lado política y  problemas que acontecen diariamente  y nos deprime, para intentar darle a este, mi escrito, un punto de color y romanticismo, irrumpiendo con un tema poco tratado en estas páginas: Nuestra paz de espíritu. Por lo que tendremos que trasladarnos a otros escenarios, donde no se oiga, el ruido de las armas, los lamentos de los que sufren o el rodar de una política adversa.

 

Por eso, hoy más que nunca, tendrán la oportunidad de contemplar la  bella campiña y solazarse en ella, aquellos que la aman, porque podrán observar a las  aves,  cruzando  veloces  los cielos,  brillar las doradas  mies de sus campos y a su fauna, pactando en ellos de forma pacifica. Espacios libres, donde la vista se recrea y se pierde, hasta topar con los montículos que los circundan.

 

Respiraremos también,  el aire puro reinante de estos lugares, vivificador, que nos llena los pulmones.  Nos llamará la atención, el silencio absoluto que invade aquél espacio,  interrumpido, a lo más,  por el mugido, rebuzno, cacareo o ladrido de algún animal, o la voz de algún labrador arreando a una bestia. Y si observas el suelo, apreciaras los  diminutos insectos, moviéndose con celeridad de aquí para allá, mientras la brisa mueve las verdes hojas u hojarascas por donde trepan de forma silenciosa. Una vida diferente a  la de la ciudad, por su estilo y calidad, que nos sorprende. Y es que, en el momento que te pones en contacto con la naturaleza, es cuando comienzas a percibir los muchos espectáculos, que ésta te ofrece, tiempo, en el que realmente uno despierta y contempla cuan amplios y bellos son los paisajes de nuestro alrededor. Lugares  donde recrearse y maravillarse a cambio de quedar encerrado en las grandes ciudades; laberintos, del mundanal ruido, donde todo ser ensordece y queda idiotizado, ante el gran mostrador o escaparate en el que  se te  ofrece de todo, hasta dejar pegadas las narices  a sus grandes cristales, siempre con el deseo de poseer cuanto se contempla, tal lo hacen las moscas sobre un tarro de miel,  para al final, quedar aturdido y hastiado de tanto que se nos muestra. Y como si de un cautiverio se tratara, solo verás y sentirás en ese espacio levantado por el hombre,  bienes superficiales, que a la postre, ni te sacian ni aplacan el deseo de poseer.

 

Insto, a estos cautivos, de las grandes ciudades, a que pongan sus ojos en  esos campos, praderas o bosques, donde el silencio, es la terapéutica o el tratamiento  para muchos de nuestros males. Espacio que dan vida y nos muestran los más valiosos tesoros de la naturaleza: Elementos  aún, quizás,  en estado virgen, lejos de toda contaminación.  Un retiro apropiado para la meditación y la concentración, donde  el hombre,  se puede encontrar consigo mismo,  y  con su creador. Sana y  curativa medicina para el que pueda disfrutar de ella, porque la civilización en su “avance tecnológico”, gracias a Dios, aún, en muchos lugares de estos, no ha tomado posesión. Si bien, la contaminación de la naturaleza por centrales nucleares, fábricas, la quema de bosques y otros destrozos, casi siempre, producidos por culpa del  mismo hombre, está dañando constantemente y severamente este espacio natural de la biosfera.

 

Conservemos pues,  nuestro ecosistema y disfrutemos de cuanto se nos ofrece. No lo destruyamos, allí moran, nuestras reservas,  fuentes de energía y la vez residencia de nuestra  gran musa,  la cual, nos inspirará e imprimirá alegría y ganas de seguir viviendo.

 

Y que menos, dar fin a  este escrito con el siguiente soneto, para honrar a la naturaleza:

 

Te recomiendo por propia experiencia,

huyas a la  campiña,  lejos del orbe.

y una vez  allí, concéntrate  y absorbe,

cuanto de ella, te sea útil, en esencia.

 

Armonía y sosiego, es la ciencia

que anulará, todo lo que te  estorbe

o bien preocupación, que a tu  paz  robe,

cuando tu musa, haga acto de presencia

 

Entonces cambiará toda  tu vida

y a tu  ego, para hacerte bien saber

cuan hermoso, es vivir en la campiña.

 

Y esa musa, a la que diste por ida,

ahora en  ti, empezará a renacer,

linda,  como  la risa de una niña.

 

Manuel Rubio


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