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No se hable o se escriba para uno mismo, hágase
pensando, en quienes nos oyen o lean y sean éstos los que saquen sus propias
conclusiones, sin necesidad de explicar nada o esforzar a ver la noticia, bajo
nuestro punto de vista, hágase siempre con propiedad y claridad para que no
haya equívocos y el que recibe quede satisfecho
Ocurre con ciertos oradores o escritores, para
explicar una materia, el mismo concepto, lo remachan una y otra vez, demostrando
con ello, dos cosas: Por un lado, la poca capacidad de asimilación que
supone tiene el auditorio, y por otro, sea él mismo, quien, a esas
alturas, quizás no haya nutrido bien lo que va comunicar. Cierto es, que la
persona culta, transmita sus pensamientos con un mínimo de palabras y
sencillez, lo suficiente, como para exponer clara su idea, denotando con ello
a la vez, dos cosas: buen entendimiento con el auditorio, y que este, sea
considerado como colectivo inteligente. El duro de mollera, por el contrario,
repetirá una y más veces cualquier definición, por creer que todos son de su
misma condición, al no vislumbrar claras sus propias ideas y estancarse para
convencerse así mismo, primero, él y después, satisfacer a los demás.
Cierto día, temeroso de que mis escritos no
alcanzasen el nivel obligado, un docto periodista, ante esta duda, no, con el
deseo de satisfacerme, me dio una respuesta, que me complació, diciéndome que:
siempre hay alguien, que le escucha o lee a uno.
En otras ocasiones, he conocido profesores y
profesionales, que me instruyeron y aconsejaron que no era útil leer o hablar
con rapidez, ya que puede darse el caso de que entre “tanto vocablo”, hubiese
alguno, que al no ser leído o pronunciado, un simple si o no, cambiara
por completo el verdadero concepto del texto, como también me fue recomendado
que lo más elegante era, explicar una idea con pocas palabras, un estilo propio
de algunos escritores, ya versados en ello. Difícil de componer para el que no
esté instruido en esta clase de elocuencia.
Y pasar por alto, no me gustaría esa otra forma
nueva de expresión que tiene parte de la población adolescente. Desde ya
hace algún tiempo a acá, y que ha ido sufriendo innovaciones demoledoras, con el
acontecer del tiempo, que para ahorrar palabras, las cambian por otras menos
significativas, acompañadas de tacos, gestos o expresiones, que al parecer
suplen (o rematan) aquellas otras que eluden o desconocen. Conversar, le llaman,
pero nunca será elocuencia, una comunicación que los pone a todo ese colectivo,
con su lenguaje condensado, al mismo nivel. Relaciones de
discoteca, “litrona”, o aquellas, en las que, él o ella, impactan, más, con
gestos que con palabras. Que para ello, los hay “verdaderos galanes”, cuando
con cierta habilidad, posturas o gestos, escatimando palabras, empinan el
botellón, y se lo arriman a su joven amada, con especial destreza para
que beba Así, se pueden llegar, a pasar horas, sin pronunciar ni una sola
palabra y al a continuación, comentar, que estuvieron de palique toda la noche.
No lo creo, porque, mientras se dieron al sobeo, practicaron, en vez de
platicaron, las palabras si no volaron, pendientes quedaron Y para
terminar con esta mi impresión, sobre de cómo yo creo, se debe escribir o
hablar: Cada cual, lo haga como sepa, que si, quien lo oye o lee, es
inteligente y benévolo, sabrá entenderlo, o si no imaginárselo. Pues escribir y
hablar bien es arduo.
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