|

El hombre no se conforma con lo que la providencia
le otorga. Cuando consigue “ese algo” que él apetece, su estado de ánimo, se
siente bien, y es entonces, cuando empieza a sentirse feliz.
Serán muchas las cosas que desee, durante su
existencia. Bienes materiales o espirituales, que una vez conseguidos, formaran
parte de otros tantos, que ya posee. Una felicidad que nunca alcanza su
plenitud, porque habrá otros nuevos ambiciones que se irán sumando a una cadena
interminable de ellos. Salud, amor, bienes materiales, serán por regla general,
los que más anhele.
Unos “los nacen” (como comentaba un pensador) con
un gran caudal de bienes, otros con menos, y los más, sin nada. Todos serían
felices si se conformaran, con lo que tienen, pero el afán de ansiar más y
mejorar su calidad de vida, lleva al individuo a convertirse en un ser
desdichado, triste y ”desafortunado”, porque nunca el hombre se sacia.
Ambición, que se desborda y a la que muy pocos, le ponen frenos, siendo
entonces, cuando la infelicidad empieza a crecer en ellos.
Duda el mortal de su destino y hasta, el de su
vida propia, preguntándose algo cansino: ¿No estaré yo, en la inopia? Aviva
presto el intelecto, abre y agita su conciencia y en el deseo de aprender,
confunde más, su existencia. Confeccionando así, para él, su: Paraíso de
Ilusión.
Sueña, profundo, con un extenso vergel colmado de
rica mies, no muy lejos de este mundo. Donde no existe guerra, frontera ni otra
barrera, que vínculos romper pudiera entre los seres de esta tierra. Con hombres
sabios, perfectos, llenos de amor y cordura, sin arquetipos, o molduras que
destrocen, sus afectos. Una, vida, harto prodigiosa, sin dolor, nada peligrosa.
Vino y comida por doquier, selvas, que manan rica mies y dan la vida, y quitan
la sed.
Despertar, no hubiese deseado de ése, fascinante
ensueño del que él, nunca fue dueño de ese mundo, tan ansiado. Mas, hubo de
volver a la tierra, siempre llena de odio y guerra donde uno se vuelve loco, si
no, de remate, sí, un poco.
¡Despertó! Y vio la verdad: Aquí, todo se acaba y
hasta lo que se daba. Y vean, cual es su heredad:
Tomar un tren enseguida
sin ninguna clase de "reserva"
"En primera clase, de ida,
y sin billete de vuelta.
ARTÍCULOS ANTERIORES
|