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Seas creyente o agnóstico, en ocasiones,
consciente eres de que la vida vale poco, no solo por “los cuatro días” que
vulgarmente se dice, vamos a vivir, sino, porque, los periodos de desasosiego y
malestar siempre superan a los de bienestar, paz y sosiego. Llegado este caso,
el primero, el creyente, dirigirá la mirada a su dios, y si éste dios,
le es propicio, se lo agradecerá, pero si el malestar que le embarga es
intenso y difícil de superar, admitido también será con cierta resignación y
conformismo, al estimar, que con ello, se redimirán “sus muchos yerros
cometidos”. En el segundo caso, el agnóstico, no admitirá, esta
coyuntura malévola, que la existencia le muestra, porque no recompensa en
nada y le daña, por lo que luchará con rabia contra estos “contratiempos”, sin
culpar a nada ni a nadie sino a su la mala suerte o quizás por haber nacido
fuera de lugar. Sin embargo, los momentos “buenos” los aprovechará y procurará
le sean duraderos, por lo que se vanagloriará en este caso, de su
buena suerte y elogiará a sus procreadores.
Unos y otros, cumplido un tiempo, como ya en
ocasiones anteriores he comentado, pronto, olvidaran lo malo, y procuraran
gozar y retener lo poco bueno que hubieron conseguido. Todo, estará en función
del valor material o espiritual que cada cual, les de a tales “eventos”.
Pero tan efímera es la vida, que si somos
conscientes de ello, estos sucesos, que por designio divino o del azar,
nos han tocado vivir, la experiencia, nos enseñará, que, el no adaptarse a
ellos, (o sea, no admitirlos), aumentará nuestras desdichas y restará
felicidad a nuestra existencia. Por lo que, unos y otros, (creyentes o no) con o
sin resignación, las aceptaremos tal nos vayan sucediendo estas situaciones
benévolas o nocivas.
Y si digo, fugaz es la vida, no lo hago solo
pensando, en el poco valor de nuestra naturaleza, sino la del lugar donde nos
hallamos, un satélite más, (la tierra), expuesta a sufrir las mismas
alteraciones que cualquiera otra estrella del espacio. Hasta llegado su momento,
que toque a su fin y con ella la extinción de sus habitantes, si antes, nuestra
especie no se ha esparcido por otros mundos. Pero mientras tanto, hoy, aquí en
la tierra, junto a sus múltiples elementos: tierra, fuego, aire y agua nos
estarán amenazando y azotando, como una señal de lo precaria que es la vida.
Conocer debemos su fiereza
de cómo nos da la vida y sustenta
a pesar de lo mal que nos sienta
Mas esa es la Madre Naturaleza
¿Pero se actúa, con sabia firmeza,
cuándo, un caos de estos se presenta.
ya que a todos, por igual, no se enfrenta?.
El pobre, lo sufrirá, con más dureza.
¡Y, no despertéis su ira apagada,
porque, desbordará ríos y mares
Y avivará el fuego de sus volcanes.
Y en cuanto a su conducta despiadada
Devastará aquello, que más amares
Con fuertes terremotos y huracanes.
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