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A escribir me disponía, cuando de súbito, me sentí
indispuesto y hube de abandonar la tarea que me proponía llevar a cabo. Todo,
debido a ese virus que irrumpe en nuestro organismo, e inflama la mucosa del
estomago. Ocurre en estos meses estivales, cuando el calor se acentúa de tal
forma, que el aire que entra en nuestros pulmones, tan abrasador es, que nos
ahoga. Una gastroenteritis que deja a cualquiera, exhausto y mal parado,
anulando el apetito y las ganas de desplazarse. Una molestia que impide el buen
funcionamiento del estomago, y convierte al individuo en un guiñapo. En cuanto
más, tu organismo, solo te pedirá agua y si intentas remediarlo con algún otro
producto moderno de los que el mercado anuncia, para estos casos, te
encontrarás, que en vez de remediar dicho mal, es muy probable, que lo empeores,
pues, por el mismo sitio, que este producto entrara, a salir volvería, más
velozmente y sin previo aviso, acompañado, de cuantos otros restos que en
el estomago se encontraran, de vuelta en su camino hacia el exterior.
¡Agua con limón, ¡si! ¡Y nada más!, a
buchitos, es lo que desde en tiempos pasados se ha recomendado. En cuanto a la
alimentación, no hay que inquietarse, el organismo está sobrado de reservas, y
puede mantenerse, si necesario fuese, hasta varios días sin nutrirte.
Pero atención, el agua y reposo que no falte, y si posible te es,
consulta con el doctor, sobre todo, si de bebés o niños chicos se tratase
Y hablando del agua: ¿La del grifo? Quizás,
sea la mejor. ¿O la embotellada en recipientes de plástico?
Esta última llamada agua muerta, (que sobre ella, habría mucho que hablar).
¡Vaya usted a saber, de donde o en donde, las llenaron, si estuvieron o no,
expuestas a la luz solar o apiladas en lugares no recomendables de temperatura
etc!. Y como por añadidura, se da la circunstancia de que en muchas de las
ocasiones, nos comportamos tacañamente, elegimos las botellas más baratas o
aquellas, que estén en oferta.
Recuerdo con cierta melancolía, mi paso por el
Pirineo, las Sierras de Granada, y otros cientos de lugares en donde encontrarse
se podían riachuelos de aguas transparentes y cristalinas. Buscar su
procedencia, para ver brotar este preciado liquido de entre las piedras o
fluyendo del mismo suelo, era para mí una de las maravillas más fantásticas
que mostrar podía la naturaleza. Una vez alcanzado su nacimiento, metía en él,
cabeza y manos y bebería hasta saciarme y a la hora de arrancar de allí, ya
preñado de ese aire puro y sano de la montaña, quedaría contemplándolo, para
imprimir dicho lugar, dentro de mí, y no olvidarlo en el resto de mi vida.
Hoy, cuando se bebe un vaso de agua, se hace con
cierto recelo, pues no confiamos en su procedencia, o bien porque pensemos,
esté contaminada, o manipulada. Depuradoras quizás de aguas residuales, en las
que se le mezclan productos químicos, para purificarla o bien son sacadas de
cualquier otro lugar, cercano donde se hayan producido vertidos nocivos en sus
cauces). Me hago dos preguntas: ¿Cómo nos protegerá la Administración de
tanta ponzoña? y ¿Qué medidas además de las ya tomadas, se pondrán en práctica,
para enriquecer y proteger este liquido tan preciado? ¿Morirá el Viejo
Continente por causa nuestra? Pero aún, si así, esto ocurriese, tengo la firmeza
que se podrán contemplar en el Nuevo Mundo, cascadas, saltos de agua y ríos,
cuya única mezcla que llevar pueda el agua, sea, el lodo de sus tierras
mezclado con ese olor que deja el verdor de sus selvas y bosques.
A veces ves, indiferente,
Cuan, cerca, el agua, pasa
cuan distante, se halla la fuente,
de ese rico maná, transparente,
que solemos beber en casa
Aguas minerales cristalinas,
que a través de pedriscos fluyes,
y con susurros tenues, bulles
franqueando valles y colinas.
Agua que extingue el incendio
y humedece el áspero suelo.
maná, que nos envía el cielo,
Bendito sea, éste estipendio,
que libre corre por el suelo,
en sinuoso y rústico arroyuelo
Haciendo
cacillo con mis dos manos,
agua
inmaculada, hurto con presteza,
lluvia,
del cielo, caída sobre tierra,
que, sacia
la sed de una garganta seca.
Agua, que limpia, angustia y
tristeza.
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