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Unos más aprisa, otros más
despacio, caminando vamos, hacía nuestro postrer destino, y cada cual, con su
bagaje y elegido camino.
Abriré, si la llave
encuentro, la valija que llevo, por si partido he, el que fuera siempre, mi
espejo nuevo, y de tal forma, ver yo pueda, los desperfectos, que producido se
hayan dentro, por los traspiés o errores cometidos, en este transitar tan
movido a través del tiempo.
Tres fueron, los quebradizos
trozos; y en cada uno de ellos, sucias máculas observo de viejas pompas y gozos.
Las conozco y por su nombre atienden. ¡Tres prójimas, cascabeleras! ¡Todas
sonrientes y volanderas!: Una llamada Vanidosa, la otra su prima
Vanagloria y una tercera, ya notoria, fruto de la anterior. Envidiosa.
Saqué aquellos trozos y
arrójelos fuera, cuidando, no dejar de ellos, partícula o secuela. Después,
vacíe cuanto llevaba, para así aliviar mi carga, dejando solo, lo
imprescindible, para andar, más ligero y seguro.
No volveré a contemplarme
más, en espejo alguno, que romperse pueda, sino en el de mis entrañas, mientras
la luz de la esperanza brille, e ilumine mi camino, hasta que todo quede en
calma
Mientras tanto, ¡Abramos
nuestras maletas! ¡Y fuera de ellas arrojemos todo lastre que nos molesta!, para
que no andemos torpe y lentamente. Dentro, solo dejemos, aquello que de por si,
nos favorezca, impidiendo, que fatuas pompas, más propias de petulantes o
engreídos, nuestras mentes empañen y nuestros ojos cieguen, con el color
blancuzco de una vana quimera.
Hagamos un alto en el camino,
cuando nuestros pies doloridos se hallen y tras el descanso, reemprendamos de
nuevo la marcha, hacia nuestro destino, respirando el puro aire, que nos
ofrece, este mundo, en su recorrido, hacia ese Omega desconocido
Entre la Alfa y Omega, cuento
veinticuatro signos. Entre el principio y el fin de nuestra vida, la
existencia, un destello, segundos o quizás nada en esencia, si lo comparamos
con le transcurrir de los tiempos pasados y futuros.
Sobre la fina capa de óleo,
de un vaso de agua,
flota sobre su disco, la
chispeante, mariposa.
Apacible la noche transcurre,
y su luz, mengua
Porque, al quemarse el
aceite, su torcida moja,
y se apaga así, su débil luz,
azul y roja
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