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Hay quien a la hora de acostarse no puede cerrar
los ojos, porque la cabeza empieza a darle vueltas por culpa de los problemas
que tiene en su entorno y sobre todo, si es ama de casa y antes de dormirse, aún
no ha preparado la lista de la plaza.
¿Qué vamos a comer mañana?, se pregunta la sufrida
trabajadora y piensa si toca carne o bien pescado. Luego, una vez lo ha
decidido, confecciona su lista en la mente para a continuación despertar a su
cónyuge, que ya durmiendo estaba, y comunicarle el menú que tiene pensado para
el día siguiente. Salmonetes fritos y tortilla de espinacas, le dice su
dulce esposa, en voz baja. Él con los ojos aún cerrados, la oye sumisamente y
ambos como si estuviesen de acuerdo de inmediato se duermen.
Pero he aquí, que a la mañana siguiente, cuando
ella va a la plaza, el menú, lo cambia, porque lo que lo mostrado en el
mercado, si no es más apetecible, si es más barato. Y entonces comienza otro
proceso de deliberación. ¿Por qué he de comprar espinacas, si las acelgas son
más baratas, y en tortilla, tampoco se nota mucho cual es una cosa o cual es la
otra?; luego a continuación, se desplaza a la pescadería y mientras espera en
la cola, vuelve a cavilar: ¿Cómo voy a comprar salmonetes al precio que están,
si las sardinas son más baratas y además es pescado azul? Y mientras se
relaja con la vista puesta en los buenos manjares, visita el resto de los
puestos, pensando de qué le ha servido darle tantas vueltas a la cabeza, para
después, en un santiamén, todo resolverlo en el mismo mercado.
Mas no es aquí, donde termina todo, porque una
vez, llegó la señora a su casa, abre la nevera y contempla el puchero que del
día anterior, había sobrado y entonces vuelve a cambiar el menú, opinando, que
si hoy se comen el puchero; lo aprovecharán, mientras lo que ha traído, que
está más fresco, lo guarda para mañana. Ahora le quedará oír la pregunta que le
hará su pareja cuando llegue a casa después del mediodía, ya sentado a la mesa y
vea que el menú es otro:
-“¡Oye María! ¿Dónde están los salmonetes y esa
tortilla de espinacas, que me ibas a poner…. en vez de esto, que ya lo comimos
ayer?”.
-“¡Si, pero mira,… así da más de sí el euro, por
lo que tuve que cambiar de plato!”.
-“¡Pues, entonces, no me despiertes por la noche,
cuando estoy dormido, porque me da mucha rabia, además de haberme pasado toda la
noche soñando con los salmonetes!”.
El marido que confía en su esposa, como buena administradora, no
vuelve a rechistar no fuera a ser, que esta le pida una subida, para gastos
“extras” de la casa. Ya en silencio, ambos, se ponen a degustar el rico puchero
una vez caliente. Y mañana Dios dará.
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