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Tuvo que ser aquella barca, un trabajo realizado
por manos prodigiosas, para que flotara sobre las mansas y diáfanas aguas de
aquél lago, cuyo fondo, me parecía tocarlo con la mano, por lo “claro” que éste
se veía, cuando, por su superficie, yo, sobre ellas me deslizaba. Vientos suaves
a favor, que por entonces corrían, me llevaron lago adentro, sin apenas
apreciarlo. Un cielo brillante, allí siempre reinaba, dándole color a aquél
paisaje, ¡a cualquier hora del día!, y por la noche, sobre la superficie, de
aquél lago, luna y estrellas, sobre el agua se reflejaban, tan bello era todo,
que mis sentidos los tenía sosegados. Días que fueron de esparcimiento y de
meditación, al mismo tiempo, que me hicieron contemplar las delicias de aquél
paisaje. Mientras, yo, dentro de mi embarcación, soñaría mil veces y otras
tantas, cuando despertaba, con la esperanza, de que nunca, mi felicidad, en este
lugar, concluyese.
El tiempo, era la brisa que me empujaba
lentamente lago adentro y aunque preveía que ésta, terminaría sacándome de tan
cautivador lugar, nunca me revelé contra ella, ni por eso parpadeé, porque no
quise perder ese horizonte cercano que se me aproximaba.
Fue como siempre, la curiosidad, la que me llevara
mas lejos de donde debiera estar, acotaciones prohibidas para mi
felicidad, pero llenas de evidentes realidades, por lo que opté,
dirigirme a todo trapo hacia ellas, Hasta que la brutal corriente, como un
relámpago, me envolvió, sacándome de aquel remanso de paz.
Aquél tiempo pasado, no fue en balde, me enseñó a
navegar, y ha enriquecerme, por lo que, tuve antes, afianzar velas,
recoger cabos y asegurar mi tesoro, material único, del que disponía para
continuar viaje, para seguir, una singladura, para mí, hasta entonces
desconocida, sin que el oleaje, me envolviese y me hiciese zozobrar.
Hoy, como si el viento y las corrientes, calmando
se hubieran, ya, no me empujan hacia lugar alguno; pero si noto como la quilla
de mi barca, tocando está la orilla, y en algún momento no lejano, me hará,
echar pie a tierra, porque su estructura se está quebrajando. Entonces, miraré
hacia atrás, hacia el lugar de donde vine y será cuando daré por concluido mi
periplo y gratos recuerdos, pero esta vez, sin regreso al lugar de partida,
sino, hacia otro asentamiento, donde el viento permanece siempre en calma.
Querido lector: Con este último punto y a
parte, debería haber concluido mi narración, pero es mi deseo hacer saber, que
todo aquél caudal solo fue, en bienes vitales, los que, de forma sabia he
empleado, para conocerme a mi mismo y a los demás. Caudal de riqueza, que a la
hora de desembarcar, con él, cuento, porque me dará seguridad y serenará mi
espíritu, cuando, de nuevo emprenda mi último viaje. Fueron, los consejos y
enseñanzas de grandes navegantes, los que me instruyeron, antes de dejar el lago
de la felicidad para poder continuar viaje
¡Si! Yo tuve entonces, entre mis manos aquél Pájaro Blanco de la
Felicidad, durante un buen espacio de tiempo, pero abatió alas y se me fue. Él
me proporcionó amor y pasiones y me mostró donde residía la amistad y la
verdad, yo a cambio, no sé, si correspondí, como hubiese debido, pero me siento
eternamente agradecido a él. Porque ese patrimonio, lo llevo siempre conmigo,
aún, no se ha perdido y aquello, que parece que se fue, (la juventud), también
continua dentro de mí. Y conmigo juntos viajaremos, cuando a recogerme venga de
nuevo, el fénix de la felicidad. Sin necesidad de anticiparme
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