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¿Creerán ustedes que este artículo, que
aparentemente parece tan sencillo, me ha traído algún dolor de cabeza? Yo lo
achaco a que mientras estoy escribiendo, mi nieta de un año y medio, mete el
dedito en las teclas y me distrae. Hoy la he sentado frente al ordenador y la he
dejado que haga lo que quiera. Por supuesto un reguero de papeles esparcidos por
todo el suelo y el ratón como si hubiese huido debajo de uno de ellos.
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Una gran conmoción, hubo de haber sacudido a toda
aquella gente, cuando, tras el diluvio universal, los hombres, faltos de fe,
quisieron construir la gran Torre de Babel; y el cielo, para castigarlos, los
confundió, a no entenderse entre ellos. Y ante tal situación, cada
cual, se vio obligado a retornar, al pueblo de origen.
Hoy estamos ante una confusión, de mucho más
envergadura que aquella otra, aunque contemos, con más “intérpretes” y más
medios modernos, para comunicarnos. Países que se han vinculado (globalizado),
por intereses, económicos y de seguridad, construyen el Gran Baluarte de los
Pueblos “Desarrollados”, frente a otros, denominados
“tercermundistas”, éstos últimos, zozobrando en la pobreza.
Tal desequilibrio entre países, está trayendo
consecuencias altamente funestas, que hace a los ricos más ricos y poderosos, y
a los pobres vivir en peores condiciones. Sin darles alternativa alguna, para
que levanten cabeza. ¡A que lo han oído esto ya muchas veces!
Otras consecuencias, que genera esta gran muralla,
es el incremento que ha tomado las guerra y sobre todo el hambre, trayendo con
ello una más alta tensión y confusión entre los pueblos de todo el orbe.
¿Las guerras? Según leí en un articulo:
“Terminadas las conflagraciones, -que nunca terminan- gana el bueno
y se estampilla al perdedor, con el sello de el malo, por los
muchos crímenes cometidos: mientras el bueno, esconde en saco roto, o
justifica, lo “poco malo” que hizo”.
¿El hambre? Es doloroso decirlo, pero cada vez,
suena más a fastidio, al que lo oye. Como si fuera un accidente que no nos
gustara escucharlo, porque molesta. Y para despertar más las conciencias de las
personas ante tal trauma humano, también se divulgan fotos de niños con los
vientres hinchados y ancianos esqueléticos, tirados por las calles, sin poderse
llevar una migaja de pan a la boca. Y pasada esta prueba, vuelve el individuo a
acostumbrarse a verlo y a tomarlo como una retahíla, como un algo, que a ellos
“no les puede ocurrir”
En fin que nos vamos insensibilizando cada vez más
de ver muertos, heridos, enfermos y familias destrozadas por las calles tiradas
o deambulando de un sitio para otro, por la guerra o por el hambre. Mientras,
se tira la comida. ¡Para que hablar! Ya, todo el mundo esto lo conoce y hasta no
solo molesta sino gente como yo, de vez en cuando lo hagamos saber.
A estos últimos les digo: Que perdonen las
molestias, pero que no echen en olvido un problema que nos concierne a todos,
aunque sigamos pensando en el nuevo coche, en el chalet, en los
electrodomésticos, veraneos, playas, etc, Pero cuando alguien tire una barra de
pan duro, se acuerde de que hay millones de personas, que ansiarían comerla.
Mientras tanto, como en el mundo, por encima de
todo, privan los intereses y el futuro de la economía
de cada país, seguirá este trayectoria, generadora de odio y violencia…
¿Cuanta sangre más, se tendrá que verter
para que el “bueno triunfe”?
Sigan escribiendo historia y ocultando vergüenzas,
mientras muchos pueblos olvidados, mueren de miseria, cuando no, se les inyecta
el veneno de la aniquilación, para que se destruyan entre ellos mismos.
Temiendo estoy, de que allá “arriba” se derogue
esa promesa sobre suspensión de diluvios, en su día, dado, y sea cambiada por la
del fuego. Que de este elemento, sí que nunca falta en la tierra.
Si verdad es, que a partir del último emperador
romano Constantino, el catolicismo imprimió al mundo una doctrina más humana,
que hizo dulcificar al hombre, por no decir cristianizar, pero también es
cierto, que éste, nunca aprendió a pesar de todo, detener su perversidad y
agresividad, nata en él, cuando se trata de conseguir logros o intereses,.
Mi pregunta sería: Si se pudiera medir o evaluar,
cuanto de apacibilidad y bondad tiene el hombre en comparación con lo que de
perverso o de malevolencia acarrea: ¿Pudiera algún día, la balanza, del hombre
virtuoso desplazar a la otra hacia arriba y con ello conseguir que imperara
la verdadera paz en el mundo? Por ahí, hay doctrinas que lo auguran días
felices para el hombre. Pero mientras tanto qué.
No se trata de “mandar boinas azules” con una gran
maquinaria de guerra, o hacer “obras de caridad”, dando un poco de lo que nos
sobra o unas perras. Es algo más lo que necesitan por lo que están obligados
los altos gobernantes, emplear medios y sabiduría para paliar tanto
desbarajuste en la tierra.
Y aquí me quedo, con estos temas, tan trillados,
que como he comentado arriba, hasta a mí ya me suenan a cantinela.
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