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 LAS CARTAS DE DON MANUEL

La procesión, va por dentro

 MANUEL RUBIO CERVILLA

marucer@mail.ono.es

 

FOTO: MANUEL RUBIO

Querido lector: Este articulo que a continuación redacto, es simplemente, eso, una opinión más, mía, de las que este periódico tiene a bien publicarme, que si,  a ningún tratado o texto  se ajusta, es simplemente, por que lo he sacado de mis menguados conocimientos, y experiencias, por lo que te ruego, te sirvas dispensarme de cualquier anomalía que en él, descubras

 

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Acarrea el mortal, dentro de sí, penas y fatalidades, tan adheridas, que, a veces, desligarse de ellas, le cuesta, porque ya forman parte de su carácter. Culpables aquellas son, del cambio paulatino de genio que el individuo también va sufriendo, con el tiempo, por otro, más  agrio y áspero, poco amoldable, en sus relaciones con familiares, amigos  o personas que le rodean, frecuentemente.

 

Cualquier dolor físico, o psíquico, reduce el estado de ánimo, de una persona, haciéndole disminuir su ritmo de vida, y hasta cambiar sus hábitos. Cuando se quiere  superar, este estado de inquietud,  ansiedad  o zozobra, le  es difícil conseguirlo y  si cree que lo ha superado, solo ha sido, de forma superficial. La procesión sigue por dentro, y ha de adaptar una nueva postura, para poder mantenerse o perdurar en el medio en el que se desenvuelve. Este complejo carácter, es algo muy recóndito, por lo que no desea, se compadezcan de él, ni  compartan, la ansiedad que padece, pero si lo hace en alguna ocasión con alguien, es, porque, se siente solo y  necesita el apoyo de una persona cercana, que le ayude. Entonces, descarga en ésta, sus inquietudes, como si le buscara una respuesta a sus problemas. Una vez sosegado, o sea paliada su angustia, tenderá a ocultar de nuevo sus sufrimientos.

 

Un mal difícil de encubrir, porque  a través de sus palabras, conducta o expresiones, siempre, brotará su congoja. Hay otra, forma de manifestación, en la que el individuo, habiendo rebasado el límite de tolerancia, o aguante,  estalla, y como si vomitara un torrente de angustia, descarga cuanto lleva dentro. Si  verdad es, que, tras ello, inmediatamente siente un cierto estado de alivio, como explico arriba, también es muy probable, que a continuación se lo repruebe asimismo, por no haber sabido controlarse

 

Cuantas veces decimos, de éste o aquél, que ha cambiado de carácter, o es una persona seca, porque manifiesta un mal proceder en su conducta, incapaz de controlar sus emociones. Es posible, pertenezca a este grupo, que hemos definido.

 

También los hay verdaderos virtuosos en esto de camuflar las aflicciones internas, y si digo virtuosos, es porque saben disimularlo ante los demás, actuando con un talante afable, pero inexistente.

 

Todos llevamos encendida, un poco de esta llama, dentro. Lo sabio es, si no sabemos apagarla, tampoco nos refugiemos en ella.

 

Y como a nadie, le gusta mostrar cuanto de amargor encierra dentrote sí, se coloca la  mascara apropiada, para pasar desapercibido ante los demás.

 

Son otros más, los que componen este grupo : El indigente, que, con  humildad te pide y sonríe, Es ese otro, maltratado por la sociedad, y aún le quedan fuerzas para mostrarse afable. Aquél otro que odia, o envidia, sin saber porqué, y  lo disimula. O ese otro, para mí el más encomiable, que padeciendo un mal mayor incurable,  se muestra indulgente y bondadosamente con los que le rodean,  a pesar, del gran dolor que le quema por dentro, y todo, para que no sufran por culpa de él, con el único deseo de no mermar la felicidad de las personas queridas.

 

Es justo que incluya aquí, también, a  enfermos psíquicos que no saben o pueden controlarse o no son conscientes de lo que les ocurre, y viven mudos, ocultos bajo la sombra de una sociedad que no sabe comprenderlos.

 

No tratéis nunca de quitarles la careta, indagar o escudriñar dentro de ellos. Les  desagradará, conozcan  su verdadero estado anímico, y tú, al mismo tiempo,  sufrirás una decepción, al descubrir cuanta miseria humana hay oculta dentro de ellos. Compadécelo y ayúdale, ellos no son responsables, son los vaivenes de la vida, o los consabidos males que nos afligen.

 

EL GRAN ARLEQUÍN

 

Bajo su antifaz, esconde su cara,

el  gran artista, y vivaz arlequín.

Y si con “sayo bobo”, él se enmascara

tocado irá, de una alargada vara,

y coronado, de un rojo peluquín

 

Su gran disfraz, cubrirá, su yo real,

Un yo, que no acepta, cale en la gente,

mientras actúa en su función teatral,

con gestos galantes ¡Algo genial!,

que, transmitirá al público asistente.

 

Buscará a cambio un aplauso o sonrisa

y sobre todo, buena calderilla,

que un infante, meterá, a toda prisa,

en su sucio bonete, o vieja camisa,

¡De donde, sisará alguna perrilla!

 

M. Rubio (15/04/00)


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