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Querido lector: Este articulo
que a continuación redacto, es simplemente, eso, una opinión más, mía, de las
que este periódico tiene a bien publicarme, que si, a ningún tratado o texto
se ajusta, es simplemente, por que lo he sacado de mis menguados conocimientos,
y experiencias, por lo que te ruego, te sirvas dispensarme de cualquier anomalía
que en él, descubras.
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Acarrea el mortal, dentro de sí, penas y
fatalidades, tan adheridas, que, a veces, desligarse de ellas, le cuesta, porque
ya forman parte de su carácter. Culpables aquellas son, del cambio
paulatino de genio que el individuo también va sufriendo, con el tiempo,
por otro, más agrio y áspero, poco amoldable, en sus relaciones con familiares,
amigos o personas que le rodean, frecuentemente.
Cualquier dolor físico, o psíquico, reduce el
estado de ánimo, de una persona, haciéndole disminuir su ritmo de vida, y hasta
cambiar sus hábitos. Cuando se quiere superar, este estado de
inquietud, ansiedad o zozobra, le es difícil conseguirlo y si cree que
lo ha superado, solo ha sido, de forma superficial. La procesión sigue por
dentro, y ha de adaptar una nueva postura, para poder mantenerse o perdurar en
el medio en el que se desenvuelve. Este complejo carácter, es algo muy
recóndito, por lo que no desea, se compadezcan de él, ni compartan, la ansiedad
que padece, pero si lo hace en alguna ocasión con alguien, es, porque, se siente
solo y necesita el apoyo de una persona cercana, que le ayude. Entonces,
descarga en ésta, sus inquietudes, como si le buscara una respuesta a sus
problemas. Una vez sosegado, o sea paliada su angustia, tenderá a ocultar de
nuevo sus sufrimientos.
Un mal difícil de encubrir, porque a través de
sus palabras, conducta o expresiones, siempre, brotará su congoja. Hay otra,
forma de manifestación, en la que el individuo, habiendo rebasado el límite de
tolerancia, o aguante, estalla, y como si vomitara un torrente de angustia,
descarga cuanto lleva dentro. Si verdad es, que, tras ello, inmediatamente
siente un cierto estado de alivio, como explico arriba, también es muy probable,
que a continuación se lo repruebe asimismo, por no haber sabido controlarse
Cuantas veces decimos, de éste o aquél, que ha
cambiado de carácter, o es una persona seca, porque manifiesta un mal proceder
en su conducta, incapaz de controlar sus emociones. Es posible, pertenezca a
este grupo, que hemos definido.
También los hay verdaderos virtuosos en esto de
camuflar las aflicciones internas, y si digo virtuosos, es porque saben
disimularlo ante los demás, actuando con un talante afable, pero inexistente.
Todos llevamos encendida, un poco de esta llama,
dentro. Lo sabio es, si no sabemos apagarla, tampoco nos refugiemos en ella.
Y como a nadie, le gusta mostrar cuanto de amargor
encierra dentrote sí, se coloca la mascara apropiada, para pasar desapercibido
ante los demás.
Son otros más, los que componen este grupo : El
indigente, que, con humildad te pide y sonríe, Es ese otro, maltratado por la
sociedad, y aún le quedan fuerzas para mostrarse afable. Aquél otro que odia, o
envidia, sin saber porqué, y lo disimula. O ese otro, para mí el más
encomiable, que padeciendo un mal mayor incurable, se muestra indulgente y
bondadosamente con los que le rodean, a pesar, del gran dolor que le quema por
dentro, y todo, para que no sufran por culpa de él, con el único deseo de no
mermar la felicidad de las personas queridas.
Es justo que incluya aquí, también, a enfermos
psíquicos que no saben o pueden controlarse o no son conscientes de lo que les
ocurre, y viven mudos, ocultos bajo la sombra de una sociedad que no sabe
comprenderlos.
No tratéis nunca de quitarles la careta, indagar o
escudriñar dentro de ellos. Les desagradará, conozcan su verdadero estado
anímico, y tú, al mismo tiempo, sufrirás una decepción, al descubrir cuanta
miseria humana hay oculta dentro de ellos. Compadécelo y ayúdale, ellos no son
responsables, son los vaivenes de la vida, o los consabidos males que nos
afligen.
EL GRAN ARLEQUÍN
Bajo su antifaz, esconde su cara,
el gran artista, y vivaz arlequín.
Y si con “sayo bobo”, él se enmascara
tocado irá, de una alargada vara,
y coronado, de un rojo peluquín
Su gran disfraz, cubrirá, su yo real,
Un yo, que no acepta, cale en la gente,
mientras actúa en su función teatral,
con gestos galantes ¡Algo genial!,
que, transmitirá al público asistente.
Buscará a cambio un aplauso o sonrisa
y sobre todo, buena calderilla,
que un infante, meterá, a toda prisa,
en su sucio bonete, o vieja camisa,
¡De donde, sisará alguna perrilla!
M. Rubio (15/04/00)
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