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Antes de que despuntara el día,
justo, esta madrugada, me despertó el gusanillo, que algunos solemos llevar
dentro. Espectros vivientes y quisquillosos, unos más exigentes que otros, cuya
función es la de llamarnos al orden, si la pereza no los tiene adormecidos. Los
más activos y moralizadores, en contacto y buena armonía con la memoria, serán
los que nos informarán. Y como fieles cumplidores de la misión que tienen
encomendada, nos pondrán al día de todo aquello, que bien olvidaste, dejaste
de hacer, o mal hiciste, para que con presteza, enmiendes el entuerto. Me
“comentó”, este gusanillo, nada más hube abierto los ojos, que aparte de algún
que otro lapsus lingue, o fuga de letras, que suelo efectuar en mis escritos,
esta vez, se me hubo pasado por alto, materia de suma importancia, para todos;
el de no haber mencionado la excelente labor de aquellos familiares y amigos que
en un momento de apuro, se presentan ipso facto en la casa de los enfermos o
mayores de edad, para prestarles sus servicios y atenciones, de manera generosa
y desinteresada.
Un grupo de gente bienhechora, que
atienden a enfermos y mayores, en los domicilios de aquellos, a veces, algunos,
teniendo que realizar un sobre esfuerzo, para llevar a cabo dicha prestación,
debido, a su avanzada edad y delicado estado de salud. A pesar de todo, estos
obstáculos, suelen superarlos, y con ello conseguir su objetivo, prestar el
auxilio, compañía y distracción necesaria, a esas personas, aportándoles,
ánimos, esperanzas y ganas de vivir. Tratarán a estas personas desamparadas, con
cariño y confianza y se amoldaran a sus costumbres y hábitos. Cuantos de
nosotros, los vemos obrar así y sin embargo, no valoramos en su verdadera medida
la labor meritoria de estos samaritanos. En su mayoría, mujeres con gran
espíritu de lucha. Tratarán de hacerlo lo mejor posible, con el fin de ayudar a
personas, que no pudiéndose valer por si mismas, necesitan urgentemente de su
apoyo. Que de no ser así, difícil les resultaría restablecerse. Pero lo más
encomiable de esta labor, es que, cuando los que las atienden, también son
mayores, arrastren también consigo otros males físicos, que les dificulta
realizar su labor con plenitud y agilidad, por lo que tendrán que hacer un súper
esfuerzo. Personas además, que han tenido que abandonar sus quehaceres
domésticos y trasladarse a otras ciudades para poderlos atender.
Cuantos de estos buenos samaritanos,
y aquí, hago un inciso; en su mayoría mujeres, movidas por sus creencias
religiosas, humanitarias o altruistas, no dudan en entregarse a esta ejemplar
labor con amor y cariño.
No me olvidé de vosotras, verdaderas
heroínas, simplemente, se me pasó. Espero que estas letras de agradecimiento a
vosotras, me sirvan para subsanar mi distracción. Toda persona que se sienta
humana también se sentirá orgullosa de vuestra labor y que gracias a ello, dos
personas más, cercanas a mí, siguen mejorando de salud.
DIARIO Bahía de Cádiz
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