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 LAS CARTAS DE DON MANUEL

Para tomarlo en serio

 MANUEL RUBIO

 

Los vicios, son  inquilinos camuflados, de más  larga que de  corta duración, que se introducen en nuestras moradas y se apropian de la mayor fortuna que poseemos, la voluntad; y nos destruyen lentamente en un sopor o modorra morbosa.

 

FOTO: MANUEL RUBIO

Materia esta muy trillada  y conocida, sobre la que me expresaré, por ser para mí de suma importancia.

 

Abandonar un vicio adquirido, no es cosa sencilla, cuando  deja de ser dueño uno,   de su propia voluntad. El vicio suele darse más en la persona escasa de virtudes, dado a  entregarse a los placeres de la vida, sin control alguno.  Y si hablar sobre todo ello, me trae hoy aquí, es solo para poner mi grano de arena,  en uno de ellos en especial, el de la droga del tabaco, con el propósito, de que si algún fumador que  a leerme llegara,  le sirviese para algo, me daría por satisfecho.

 

Vox populi, es, la noticia que  siempre ha corrido, sobre el peligro que encierra el tabaquismo, no solo bajo el punto de vista del precio que está adquiriendo, este producto del demontre, que ya representa un gasto substancial en la economía de quien lo sufraga, a veces, difícil de sostener,  sino,  por su peligrosidad, para quien lo consume y aquellos cercanos a él, que lo respiran.

 

A raíz de esto último, declaro,  también haber sido un fumador pasivo, sufriendo con ello, sus consecuencias, directamente de personas y ambientes que me rodeaban,  oficinas contaminadas por el humo del tabaco, y otros recintos cerrados, por los que  hube pasado. Desde aquí, les pido a esos padres cuyos domicilios los llenan de humo de tabaco,  que por el bien de su familia no hagan tal cosa. Cuántas han sido las ocasiones que los médicos, cuando les he presentado, el cuadro clínico sobre mi enfermedad, me preguntaran  si yo hube fumado anteriormente. Hoy, el gobierno ya ha tomado las medidas para que este fumador pasivo, deje de serlo. Si fuéramos conscientes del daño que  produce, en la salud de todos, no se  encendería ni un solo cigarro más, y sobre todo  en habitáculos cerrados o sin la suficiente ventilación.

 

Estadísticas hay, demasiado altas, en el porcentaje de muertes por causa de enfermedades respiratorias, que inciden en  garganta y pulmón, u otros órganos a los que llegan la nicotina y demás productos del tabaco y degeneran en la mayoría de las veces en cáncer. Cómo también se ha demostrado, que éste producto se introduce en el cerebro y daña sus células. El tabaquismo junto con  el sedentarismo,  por otro lado, están causando grandes estragos en la población. Y lo más grave de todo ellos es que, el fumador, aún  reconociendo este peligro, cuando empiezan a sufrir los primeros síntomas, como tos, dolores de cabeza, cansancio, etc, continúa haciéndolo. Sigue tragando y haciendo tragar este  maldito humo. Y  aún estando ahogándose, los he visto en ese instante, encender un cigarro “para paliar la tos”   a pesar de los síntomas que ya afloran  en ellos, de  tos, ahogo, cansancio y dependencia. Y cuando cogen un simple resfriado, no quieren ser conscientes de la magnitud que toma éste, al no responderles los pulmones con regularidad.

 

Difícil es  dejar, este habito del tabaco, una vez adquirido. Y como todo lo que produce adicción, en este caso la nicotina, cuando  intenta, prescindir de él, no se lo permite al consumidor abandone esta practica de fumar, llegándole  a producir trastornos nerviosos y de ansiedad. Un gran esfuerzo de voluntad, por parte de algunos junto al miedo que les produce coger una de estas enfermedades a veces incurables, les hace abandonar el tabaco, pero solo por un periodo de tiempo muy corto, porque solo, una cuarta parte de los fumadores que desean dejarlo, lo consiguen.

 

Ayer mismo, estuve visitando a un familiar mío, en un hospital  y pude comprobar en dicha  clínica, cuantas camas están llenas de esta clase de fumadores, en un estado bastante avanzado de gravedad, muchos de ellos, en espera de que se les haga una traqueotomía u otras intervención, otros, ya nada, solo una agonía lenta y dolorosa.  Parientes, amigos y conocidos míos han  sido también parte de esta experiencia, en tiempos atrás, que fallecieron de cáncer.

 

Existen una serie de reglas para aminorar el daño que produce esta práctica, como otras tantas para evitar volver a fumar, todas muy duras para un adepto empedernido, que deberá hacer un esfuerzo colosal para intentarlo. Pero el absurdo más grande, es cuando se les habla a estos señores de lo aquí expuesto, y haya quien se moleste por ello, incluso  se sientan importunados y hasta agresivos, con sus respuestas.

 

Además, de ser  el tabaco una molesta carga, para toda la vida, el fumador se ve obligado a ser esclavo de él, de tal forma,  que llega a convertirse en un acto involuntario la práctica,  actuando de forma mecánica,  al realizar este movimiento del encendido del cigarro.

 

Hay quien dice que lo deja cuando quiera, pero esto no es cierto, les ocurre a todos los que son adeptos a cualquier droga. Lo penoso de todo, es ver como contempla el fumador este proceso, que reconociendo su gravedad e imposibilidad de abandonarlo y ha de continuar quemando cigarros. Siendo en estos casos,  sus familiares y allegados, los que más sufren, al no poder impedir cortarle este vicio, que lo va consumiendo.

 

Me da también aflicción de ánimo, de aquellos otros fumadores desahuciados mayores, que deambulan por las calles, tosiendo, escupiendo y ahogándose por causa del cigarro y aún así siguen  haciéndolo. Tengo la sensación de que desean dejar esta vida, eligiendo esta forma tan trágica de suicidio.

 

Cierto día, curioso por conocer cuales eran las causas, le pregunté a un enfermo que permanecía ingresado con ayuda respiratoria asistida en una sala del hospital, cual fueron las causadas que le llevaron a tal estado de salud, contestándome que su profesión como operador de grúa en el muelle, le había llevado a fumar con exceso y por causa de permanecer tantas horas aislado y aburrido en aquella cabina durante todo el día, fuera lo que le llevó a ese estado, porque solo era su único pasatiempo, fumar. No volví a verlo. DIARIO Bahía de Cádiz


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