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Los vicios, son inquilinos camuflados, de más larga que de corta duración,
que se introducen en nuestras moradas y se apropian de la mayor fortuna que
poseemos, la voluntad; y nos destruyen lentamente en un sopor o modorra morbosa.
Materia esta muy trillada y conocida, sobre la que
me expresaré, por ser para mí de suma importancia.
Abandonar un vicio adquirido, no es cosa sencilla,
cuando deja de ser dueño uno, de su propia voluntad. El vicio suele darse más
en la persona escasa de virtudes, dado a entregarse a los placeres de la vida,
sin control alguno. Y si hablar sobre todo ello, me trae hoy aquí, es solo para
poner mi grano de arena, en uno de ellos en especial, el de la droga del
tabaco, con el propósito, de que si algún fumador que a leerme llegara, le
sirviese para algo, me daría por satisfecho.
Vox populi, es, la noticia que siempre ha corrido,
sobre el peligro que encierra el tabaquismo, no solo bajo el punto de vista del
precio que está adquiriendo, este producto del demontre, que ya representa un
gasto substancial en la economía de quien lo sufraga, a veces, difícil de
sostener, sino, por su peligrosidad, para quien lo consume y aquellos
cercanos a él, que lo respiran.
A raíz de esto último, declaro, también haber sido
un fumador pasivo, sufriendo con ello, sus consecuencias, directamente de
personas y ambientes que me rodeaban, oficinas contaminadas por el humo del
tabaco, y otros recintos cerrados, por los que hube pasado. Desde aquí, les
pido a esos padres cuyos domicilios los llenan de humo de tabaco, que por el
bien de su familia no hagan tal cosa. Cuántas han sido las ocasiones que los
médicos, cuando les he presentado, el cuadro clínico sobre mi enfermedad, me
preguntaran si yo hube fumado anteriormente. Hoy, el gobierno ya ha tomado las
medidas para que este fumador pasivo, deje de serlo. Si fuéramos conscientes del
daño que produce, en la salud de todos, no se encendería ni un solo cigarro
más, y sobre todo en habitáculos cerrados o sin la suficiente ventilación.
Estadísticas hay, demasiado altas, en el porcentaje
de muertes por causa de enfermedades respiratorias, que inciden en garganta y
pulmón, u otros órganos a los que llegan la nicotina y demás productos del
tabaco y degeneran en la mayoría de las veces en cáncer. Cómo también se ha
demostrado, que éste producto se introduce en el cerebro y daña sus células. El
tabaquismo junto con el sedentarismo, por otro lado, están causando grandes
estragos en la población. Y lo más grave de todo ellos es que, el fumador,
aún reconociendo este peligro, cuando empiezan a sufrir los primeros síntomas,
como tos, dolores de cabeza, cansancio, etc, continúa haciéndolo. Sigue tragando
y haciendo tragar este maldito humo. Y aún estando ahogándose, los he visto en
ese instante, encender un cigarro “para paliar la tos” a pesar de los síntomas
que ya afloran en ellos, de tos, ahogo, cansancio y dependencia. Y cuando
cogen un simple resfriado, no quieren ser conscientes de la magnitud que toma
éste, al no responderles los pulmones con regularidad.
Difícil es dejar, este habito del tabaco,
una vez adquirido. Y como todo lo que produce adicción, en este caso la
nicotina, cuando intenta, prescindir de él, no se lo permite al consumidor
abandone esta practica de fumar, llegándole a producir trastornos nerviosos
y de ansiedad. Un gran esfuerzo de voluntad, por parte de algunos junto al miedo
que les produce coger una de estas enfermedades a veces incurables, les hace
abandonar el tabaco, pero solo por un periodo de tiempo muy corto, porque solo,
una cuarta parte de los fumadores que desean dejarlo, lo
consiguen.
Ayer mismo, estuve visitando a un familiar mío, en
un hospital y pude comprobar en dicha clínica, cuantas camas están llenas de
esta clase de fumadores, en un estado bastante avanzado de gravedad, muchos de
ellos, en espera de que se les haga una traqueotomía u otras intervención,
otros, ya nada, solo una agonía lenta y dolorosa. Parientes, amigos y conocidos
míos han sido también parte de esta experiencia, en tiempos atrás, que
fallecieron de cáncer.
Existen una serie de reglas para aminorar el daño
que produce esta práctica, como otras tantas para evitar volver a fumar, todas
muy duras para un adepto empedernido, que deberá hacer un esfuerzo colosal para
intentarlo. Pero el absurdo más grande, es cuando se les habla a estos señores
de lo aquí expuesto, y haya quien se moleste por ello, incluso se sientan
importunados y hasta agresivos, con sus respuestas.
Además, de ser el tabaco una molesta carga, para
toda la vida, el fumador se ve obligado a ser esclavo de él, de tal forma, que
llega a convertirse en un acto involuntario la práctica, actuando de forma
mecánica, al realizar este movimiento del encendido del cigarro.
Hay quien dice que lo deja cuando quiera, pero esto
no es cierto, les ocurre a todos los que son adeptos a cualquier droga. Lo
penoso de todo, es ver como contempla el fumador este proceso, que reconociendo
su gravedad e imposibilidad de abandonarlo y ha de continuar quemando cigarros.
Siendo en estos casos, sus familiares y allegados, los que más sufren, al no
poder impedir cortarle este vicio, que lo va consumiendo.
Me da también aflicción de ánimo, de aquellos otros
fumadores desahuciados mayores, que deambulan por las calles, tosiendo,
escupiendo y ahogándose por causa del cigarro y aún así siguen haciéndolo.
Tengo la sensación de que desean dejar esta vida, eligiendo esta forma tan
trágica de suicidio.
Cierto día, curioso por conocer cuales eran las
causas, le pregunté a un enfermo que permanecía ingresado con ayuda respiratoria
asistida en una sala del hospital, cual fueron las causadas que le llevaron a
tal estado de salud, contestándome que su profesión como operador de grúa en el
muelle, le había llevado a fumar con exceso y por causa de permanecer tantas
horas aislado y aburrido en aquella cabina durante todo el día, fuera lo que le
llevó a ese estado, porque solo era su único pasatiempo, fumar. No volví a
verlo. DIARIO Bahía de Cádiz
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