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Esta carta se la dedico a mi hija Matilde y a su marido Gonzalo, un matrimonio
bien avenido, moderno, lleno de amor felicidad y actividad.
Armonizar estos cuatro conceptos,
sería lo más sabio, contando con la suerte de que esta fusión, mantengan en
todo tiempo, sus componentes activos, para que el destino de este proceso en
desarrollo continuo, haga su efecto.
Tú y yo, convergimos simultáneamente en el mismo
lugar y tiempo, fue un contacto quizás atropellado. Nos conocimos y avenimos a
entendernos, sin esfuerzo alguno, porque, solo nos guiaba el convencimiento
mutuo de haber encontrado aquello, que ambos buscábamos; el buen entendimiento
entre ambos. No se por qué leyes, se rigen estas concomitancias entre parejas,
o encuentros fortuitos o quizás previstos, producidos en todo tiempo y lugar
para después quedar impresos en cada uno de ellos, embargados de entusiasmo,
placer y añoranza.
Nos pasamos la vida tanteándonos, los unos a los
otros, para mejor conocernos y adivinar con quien tratamos y cuanto da cada cual
de sí, y a pesar de todo ello, no conseguimos despejar esta incógnita, que
encierra por dentro, nuestro semejante. Que nunca se llegará a conseguirse por
completo. ¡Porqué aún, tratándose de nosotros mismos, y tampoco nos conocemos!
¿Cómo lo vamos hacer con los demás? Somos tan (de)semejantes,
mejor ficho tan inestables, que, cuando llega el momento en que dos seres se
unen por vida, física o espiritualmente o ambas cosas a la
vez, en amor o amistad, aun, no han conseguido “saber, lo fuertes que serán los
lazos que les unirán, lo suficientemente, como para depositar por completo, la
confianza del uno en el otro y sin embargo, ya, se han prometido en cuerpo y
alma, a pasar juntos el resto de sus vidas, a pesar de conocer los riesgos que
supone tomar decisión, tan precipitada.
Me pregunto: ¿Y por qué esta necesidad tan
perentoria de asociarnos? ¿Ocurre tal encuentro, quizás por hallarnos solos,
sentirnos aislados, temerosos de algo, o es el interesado deseo de servirnos
los unos de los otros, para obtener “algo a cambio”. O quizás sea el ladino
sexo, quien acuciadamente, como una fuerza arrolladora, nos invade e insta a
reprimir nuestras necesidades o apetencias de género de cualquier forma y modo.
El caso es que, quieras o no, no será difícil encontrar a alguien, con los
mismos puntos de vista, que le acompañe en este periplo sin retorno, de su
existencia.
En el momento menos inesperado, de pronto, como si
de una caja de sorpresas se tratara, se abre ésta, y nos muestra este
acontecimiento único, que puede llegar a satisfacer nuestros anhelos y
sentimientos.
Entre listos, torpes, sabios, distraídos,
autoritarios, conformistas, agudos de mentalidad y de genio y carácter
variopinto o como solemos decir: Cada cual, de su padre y madre, todos, salvo
excepciones, emparejan, y cuantos, con un conocimiento del mundo y de la vida
tan desigual, entre ellos, que hace difícil, a ambos, coincidir entre si; y sin
embargo, en este proceso del amor, todo puede estar tolerado.
Si es tratándose de una simple amistad, confusos
nos pasamos la mayor parte de nuestra vida, deseando encontrar alguien en quien
poder confiar, a ser posible aquellos más afines a nuestras condiciones humanas
y gustos, o bien, como pasa con el sexo, cuando deseamos encontrar nuestra
pareja ideal, la otra media naranja, que se ajuste físicamente a esa imagen
preconcebida en nuestra mente. O bien, un prototipo de persona que se
asemeje al arquetipo de nuestros sueños, quizás a una estrella de la pantalla o
de la vida publica, cuando no, a uno de los padres, que tanto se le ha venerado.
Tan difícil es acertar en esta tarea que, a partir
de este lapso de tiempo, que transcurre desde el flechazo y el que nuestra mente
necesita para recapacitar y serenarse de todos los efluvios recibidos de aquél
etéreo y emocional impacto, o como se suele decir, reacción química,
producida por el propio cerebro, podríamos decir entonces, que la pareja ha
comenzado su proceso de estabilización, que no es otra cosa, que la de fijar y
proyectar planes para el futuro de ambos.
¡Atención aquí! Que el ser cautivado, tal leí, en
cierta ocasión en este periódico, en la sección de opinión: “Es un resorte o
trampa que la naturaleza nos tiende, para que siga procreándose la raza
humana”. Luego, ya, dentro de ese montaje se irán haciendo patentes,
manifestaciones de inclinación al cariño, amor ternura, pasión apego etc. Y cada
cual en, una vez en esta situación, adoptará aquellas posiciones que crea más
oportunas, para sentirse cómodo y a la vez, correspondido por su pareja.
Y partiendo de “Cada oveja con su pareja”, he
llegado a observar, como se avienen en gustos y costumbres, aquellos grupos
sociales de personas que realizan una misma clase de actividad o tarea. La
gente joven que proceden de cada uno estos colectivos, suelen agruparse y
coincidir entre ellos, en muchos puntos de vista, y aunar con facilidad
criterios, hasta tal punto, de que a veces, sus simpatías y aprecios llegan a
convertirlos, entre si, en amigos por vida, como si de una familia se tratara. O
sea, vínculos más estrechos entre hembra y varón, que los conecta, en afinidad,
amistad, amor y cariño.
Cuando estas coincidencias, entre parejas no
se dan, porque solo fue el sexo lo que les unió, (empalmó), puede
ocurrir, en caso de cualquier desavenencia, corran el riesgo de romperse
aquellos frágiles lazos que los unieron y entonces todo se venga abajo como un
castillo de naipes.
Y aquí hubiese dado fin a este mi escrito, que ya
lo considero extenso, si en mi mente, no hubiese surgido, esa última etapa, en
la que la pareja, conciertan vivir bajo un mismo techo. Que por ser largo de
explicar intentaré resumir con el mayor acierto, esta pregunta y semblanza:
¿Habrán otras causas que puedan romper unas relaciones, una vez consolidadas
éstas? ¡Pues natural que si!, pensamos todos, ya que detrás del himeneo, suelen
surgir toda clase de complicaciones que darán motivo a más de una de estas
parejas, a no sentirse cómodos y en un momento de crispación, rompan sus
relaciones. La práctica nos muestra la cantidad de divorcios, separaciones y
desilusiones que se tramitan. Unas veces se interrumpirán de forma sencilla y
franca, otras, de forma violenta, pero ambas costosas, porque dejarán una huella
dentro de ellos, de sentimientos y posible de pesares, cuando no, son
económicos.
Echemos por encima, una ojeada rápida, para
contemplar la transformación que sufren estas parejas conforme el tiempo va
transcurriendo y las obligaciones creadas, se imponen, a la vez que, les van
haciendo cambiar por completo sus vidas, por encima de todo cálculo o proyecto
que tenían previstos. Porque al incidir sobre ellos, les hará tomar otros
rumbos, que cambiarán sus vidas.
Antes de unirse en matrimonio, no se trató por
ejemplo, que podría suceder si El trabaja, y ella se dedica
solamente a sus labores o si, El y ella trabajan, y alguien habrá de
encargase de la casa, en el caso de tener hijos, o Ella trabaja, y él, no
lo hace, por haber quedado en paro bien por enfermedad u otras circunstancias. Y
para más, en todos los casos, no contemplaron el número de hijos o si los
medios económicos serían suficientes para sostener la familia, en todo tiempo,
al nivel que hubiesen deseado. Motivos que pudieran oscurecer sus acuerdos y
conciertos pactados. Y no hablemos de aquellos que de pronto, se encuentran en
una situación económica precaria. O aquellos que creyeron en la eterna juventud,
y nunca pensaron que la persona cambiaría, con el transcurrir del tiempo, en lo
psíquico y físico. Y que la han de palmar un día. Todo ello hará que, en el
hogar, se vayan experimentando cambios más o menos bruscos que desnivele
armonía y felicidad que hubiese entre ellos, si no están debidamente formados
Este último bosquejo, lo hago, sólo, para hacer
costar, la cuerda floja, por donde caminan las parejas, que no tienen
un concepto maduro de la vida. Por eso, la razón de ser de una pareja
feliz, como digo arriba estará basada en su inteligencia y entendimiento
entre ambos, el amor, el cariño y la perseverancia.
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