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 LAS CARTAS DE DON MANUEL

¿Qué palanca mueve nuestra voluntad?

 MANUEL RUBIO

 

“La voluntad no te obliga, pero muchas veces te condena”.
(autor latino)

 

FOTO: MANUEL RUBIO

Si Caín mató a Abel, pienso yo que, la envidia fue la palanca, que movió su voluntad para hacerlo.

 

El constante ejercitar de nuestras facultades físicas e intelectuales, en su justa medida, si por un lado, beneficia a nuestro cuerpo y espíritu, por otro,  si no se hace con la debida mesura, o se abusa  de ellas, pueden llegar a cansar o importunar, siempre en consonancia al grado de aguante y capacidad  de cada cual; amen del  esfuerzo, que por dicha tarea se esté realizando,  como la necesidad y empeño, que a la vez se tenga, para llevarlo a cabo, hará que todo ello conceptúe. Por lo que, yo diría: Nadie,  debe sentirse culpable y menos fustigarse (censurarse), por la labor que realiza, si lo hace voluntariamente. Porque en el caso de resultar  ingrato un trabajo, que libremente eligió, sin contrato que le obligase a continuarlo, puede dejarlo en cualquier momento que crea prudente, a no ser que, se viese obligado por  razones imperativas atado a él, bien por necesidad, contrato subscrito o verbal, o por otras causas. Aún en este caso, le desagrade o no, si le reporta la debida compensación y satisfacción, por las razones que sean, de su parte estará o no, continuarlo. En cualquiera de estos procesos,  tomará aquella decisión que más de acorde  esté con el concepto que de ello tenga, que  supeditado estará también  al interés y  bienestar que le proporcione. Pero nunca, repito, inculparse él mismo, del  hastío o cansancio que sienta por dicho trabajo, ya que el individuo, como digo arriba, tiene libertad de elección.

 

Recuerdo el burro de la noria, dando vueltas y mas vueltas alrededor del pozo,  cuyo dueño, le cubría los ojos, para evitar se  mareara o cansara en ese recorrido circular  viendo siempre, el mismo segmento de campiña.

 

Por lo que ahora, mientras escribo, caigo en la cuenta de por qué, cuando montaba a este equino, fuera de la noria, su intención era siempre, girar en circulo, por mucho que tirase de la jáquima para enderezarlo, a no ser, que cansado o  muerto de hambre se hallara y cogiera un trote borriquero, en busca del establo, donde sobre su lomo, me llevaría en contra mi voluntad  a pesar del esfuerzo que hiciera  para frenarlo.

 

Especulo, si  la situación a la que se les someten a ciertos colectivos,  atados a una misma  tarea, sin ninguna clase de aliciente que aminore su pesar o les muestre, otras alternativas más interesantes, no les llegará a hastiarles.  Un tema del que se habla poco hoy en día, por la falta de trabajo.

 

Para dar fin a este conjunto de ideas, en cuanto a cuales son los factores que rigen nuestra voluntad, pienso que, el hombre activo y emprendedor, siempre ha tenido la necesidad de sentirse libre cuando tiene la  oportunidad de hacerlo para exponer sus pensamientos, pronunciarse y poder  juzgar que es lo justo contra lo injusto, permitiéndosele  cambiar su vida monótona, por otra mas creativa que  le reporte mejores alternativas y satisfacción,  el motor que  le saque de este estado de agobio y le haga romper  su monótona y aburrida vida y  la cambie,  será su voluntad.  

 

Una máxima de F. Nietzsche,  dice: “La voluntad libre y el fatum,  no son otra cosa que  la fuerza interior y autodeterminación a la hora actuar y las manifestaciones exteriores,  su palanca evolutiva.”

 

El amor propio, al que se le suele llamar voluntad, es la base de los sentimientos y acciones del hombre. Y como dicen que el querer es poder, cuantas veces por encima de la inteligencia de las personas, ha privado el interés de llevarlo a cabo. La figura de Napoleón, la historia ha querido mostrárnoslo como un inteligente general, cuando realmente la palanca de sus victorias se basaba en su férrea voluntad, disciplina, orden y el  don especial de convencer  o bien  obligar a sus soldados ganar las batallas.

 

Sobre lo expuesto, podría decir que, la firmeza de voluntad la da el poder que el alma le otorga  para llevar a cabo, con conciencia un determinado acto previamente escogido. Mejor dicho es el poder que el alma tiene para crear un acto libremente preferido. El arte de educar la voluntad, se consigue, reteniéndose de otras fuerzas exteriores, que obligan a obrar en contra de tus principios.

 

La fuerza de voluntad dimana del alma, quien será la que infunda respeto y sepa controlar los  impulsos, fuente de toda energía. 

 

No todos son dueños de su voluntad. Unos,  por ser demasiado activos y otros por lo contrario por ser flemáticos, una languidez de espíritu por causas diferentes: enfermedad, desilusión,  miedo, y sobre todo la falta de estimulo para realizar un acto. Mas grave sería por abatimiento al no hallar esos estímulos que hagan levantar  la voluntad. Peligrosa hasta el punto de costar mucho trabajo levantar el espíritu, personas que parecen enterradas  en vida. Por el contrario los exageradamente activos, impulsados por la pasión, son desordenados y no tienen tampoco el dominio de su voluntad.

 

La dignidad de las personas, está supeditada al control estricto que tiene de su personalidad, gracias a tener educada la voluntad, que no permite, se deje guiar por las influencias externas, dicho sea, han conseguido ser dueños de su alma. Siempre que la perseverancia,  la mantenga viva.

 

Para los que no creen en la existencia del alma, esta forma de pensar mía, la enfocan hacia otros puntos de vista diferentes. La voluntad en este caso es una reacción química de nuestro cuerpo que actúa por si sola propia de las energías que desarrolla nuestro organismo, por necesidad o para conseguir una meta. De forma que la persona que tiene menos energía, es por lo que tiene menos voluntad.

 

Y usted que me lee si tiene otro punto de vista, sobre quien mueve la voluntad, hágamelo constar que lo tendría en cuenta.


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