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“La voluntad no te obliga, pero
muchas veces te condena”.
(autor latino)
Si Caín mató a Abel, pienso yo que, la envidia fue
la palanca, que movió su voluntad para hacerlo.
El constante ejercitar de nuestras facultades
físicas e intelectuales, en su justa medida, si por un lado, beneficia a nuestro
cuerpo y espíritu, por otro, si no se hace con la debida mesura, o se abusa de
ellas, pueden llegar a cansar o importunar, siempre en consonancia al grado de
aguante y capacidad de cada cual; amen del esfuerzo, que por dicha tarea se
esté realizando, como la necesidad y empeño, que a la vez se tenga, para
llevarlo a cabo, hará que todo ello conceptúe. Por lo que, yo diría: Nadie,
debe sentirse culpable y menos fustigarse (censurarse), por la labor que
realiza, si lo hace voluntariamente. Porque en el caso de resultar ingrato un
trabajo, que libremente eligió, sin contrato que le obligase a continuarlo,
puede dejarlo en cualquier momento que crea prudente, a no ser que, se viese
obligado por razones imperativas atado a él, bien por necesidad, contrato
subscrito o verbal, o por otras causas. Aún en este caso, le desagrade o no, si
le reporta la debida compensación y satisfacción, por las razones que sean, de
su parte estará o no, continuarlo. En cualquiera de estos procesos, tomará
aquella decisión que más de acorde esté con el concepto que de ello tenga, que
supeditado estará también al interés y bienestar que le proporcione. Pero
nunca, repito, inculparse él mismo, del hastío o cansancio que sienta por dicho
trabajo, ya que el individuo, como digo arriba, tiene libertad de elección.
Recuerdo el burro de la noria, dando vueltas y mas
vueltas alrededor del pozo, cuyo dueño, le cubría los ojos, para evitar se
mareara o cansara en ese recorrido circular viendo siempre, el mismo segmento
de campiña.
Por lo que ahora, mientras escribo, caigo en la
cuenta de por qué, cuando montaba a este equino, fuera de la noria, su intención
era siempre, girar en circulo, por mucho que tirase de la jáquima para
enderezarlo, a no ser, que cansado o muerto de hambre se hallara y cogiera un
trote borriquero, en busca del establo, donde sobre su lomo, me llevaría en
contra mi voluntad a pesar del esfuerzo que hiciera para frenarlo.
Especulo, si la situación a la que se les someten
a ciertos colectivos, atados a una misma tarea, sin ninguna clase de aliciente
que aminore su pesar o les muestre, otras alternativas más interesantes, no les
llegará a hastiarles. Un tema del que se habla poco hoy en día, por la falta de
trabajo.
Para dar fin a este conjunto de ideas, en cuanto a
cuales son los factores que rigen nuestra voluntad, pienso que, el hombre activo
y emprendedor, siempre ha tenido la necesidad de sentirse libre cuando tiene la
oportunidad de hacerlo para exponer sus pensamientos, pronunciarse y poder
juzgar que es lo justo contra lo injusto, permitiéndosele cambiar su vida
monótona, por otra mas creativa que le reporte mejores alternativas y
satisfacción, el motor que le saque de este estado de agobio y le haga romper
su monótona y aburrida vida y la cambie, será su voluntad.
Una máxima de F. Nietzsche, dice: “La voluntad
libre y el fatum, no son otra cosa que la fuerza interior y autodeterminación
a la hora actuar y las manifestaciones exteriores, su palanca evolutiva.”
El amor propio, al que se le suele llamar voluntad,
es la base de los sentimientos y acciones del hombre. Y como dicen que el querer
es poder, cuantas veces por encima de la inteligencia de las personas, ha
privado el interés de llevarlo a cabo. La figura de Napoleón, la historia ha
querido mostrárnoslo como un inteligente general, cuando realmente la palanca de
sus victorias se basaba en su férrea voluntad, disciplina, orden y el don
especial de convencer o bien obligar a sus soldados ganar las batallas.
Sobre lo expuesto, podría decir que, la firmeza de
voluntad la da el poder que el alma le otorga para llevar a cabo, con
conciencia un determinado acto previamente escogido. Mejor dicho es el poder que
el alma tiene para crear un acto libremente preferido. El arte de educar la
voluntad, se consigue, reteniéndose de otras fuerzas exteriores, que obligan a
obrar en contra de tus principios.
La fuerza de voluntad dimana del alma, quien será
la que infunda respeto y sepa controlar los impulsos, fuente de toda energía.
No todos son dueños de su voluntad. Unos, por ser
demasiado activos y otros por lo contrario por ser flemáticos, una languidez de
espíritu por causas diferentes: enfermedad, desilusión, miedo, y sobre todo la
falta de estimulo para realizar un acto. Mas grave sería por abatimiento al no
hallar esos estímulos que hagan levantar la voluntad. Peligrosa hasta el punto
de costar mucho trabajo levantar el espíritu, personas que parecen enterradas
en vida. Por el contrario los exageradamente activos, impulsados por la pasión,
son desordenados y no tienen tampoco el dominio de su voluntad.
La dignidad de las personas, está supeditada al
control estricto que tiene de su personalidad, gracias a tener educada la
voluntad, que no permite, se deje guiar por las influencias externas, dicho sea,
han conseguido ser dueños de su alma. Siempre que la perseverancia, la mantenga
viva.
Para los que no creen en la existencia del alma,
esta forma de pensar mía, la enfocan hacia otros puntos de vista diferentes. La
voluntad en este caso es una reacción química de nuestro cuerpo que actúa por si
sola propia de las energías que desarrolla nuestro organismo, por necesidad o
para conseguir una meta. De forma que la persona que tiene menos energía, es por
lo que tiene menos voluntad.
Y
usted que me lee si tiene otro punto de vista, sobre quien mueve la voluntad,
hágamelo constar que lo tendría en cuenta.
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