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Un hombre de corazón fuerte, no
significa, sea severo o duro con los demás, sino, todo lo contrario, una persona
humana, sensible, capaz de interceder por los demás y en cualquier momento,
resolver con valentía y sin desfallecer, sus problemas, aún en situación
difícil.
El caballero de antaño no es
como el de hogaño, ya que el primero, tan ligado estaba a sus creencias
religiosas, que sin ellas, nunca hubiese llegado a ser considerado como tal,
sino un hombre temerario. A través de leyendas o historias, se nos ha hablado
como un hombre de armas, dispuesto a defender su bastión, cuando este era
asediado, o bien lo requirieran, por una causa justa, para intervenir en alguna
otra clase de contienda.
Si la suerte era generosa con
él, sobreviviendo en las sucesivas batallas en las que interviniera, el arte de
la guerra le enseñaría a padecer con valentía y resignación aquellos momentos
mas crueles de la batalla. Cuantas veces vería caer de las monturas a muchos
de sus compañeros de armas, cuando éstos eran abatidos por el enemigo, sin poder
hacer otra cosa por ellos que seguir guerreando. Solamente en aquellos momentos,
guiados por la fe que profesaban, y código de comportamiento, implorarían por su
vida y por la victoria, a su Dios. Trocando el miedo por el valor, como si el
cielo y la tierra, observándolos estuvieran.
Durante la batalla, solo oirían
el ruido ensordecedor que producían las huestes de ambos bandos, en el campo de
batalla junto con los lamentos de los heridos, el relinchar de los caballos y
el ruido del redoble del tambor, el roce de los aceros afilados y el fuerte
tronido del cañón. También, deberían soportar con valor y resignación, si
apresado por el enemigo fuesen, guardando su compostura y dando fe de su
catadura, rango y posición en cualquier momento.
Antes, todo caballero, habrá
sido adiestrado durante años, sus cuerpos y almas para forjar y alcanzar el
grado de hijosdalgo. Donde la duda y el miedo, ya no habrán lugar.
Hoy, los contemplábamos montando
a caballo, como si caballero y caballo fueran un solo todo, por el tiempo que
permanecían cabalgando. Hombres, de un gran temple y fortaleza espiritual,
capaces de soportar las mas duras situaciones, miserias, persecución, hambre y
sed, injusticia, calumnia etc. de las que saldrían victoriosos de todas ellas
por su temple y condición. Y si necesario hubiese sido, dar su vida, por su
Dios, su patria y su rey, con lealtad y acatamiento, lo hubieran hecho,
mientras él, a cambio, tan solo se conformaría, con la satisfacción del deber
cumplido.
Una historia, que nos suena a
ayer y que muchos conocemos por la cantidad de testimonios y libros que sobre
ella hay escritos. Hoy, aunque estos caballeros, sean escasos, por desgracia,
podemos también apreciarlos entre nosotros, aunque vistan otros atuendos y
practiquen otras artes de guerra o en la sociedad. Son personas con las que
convivimos y dialogamos, con una conducta intachable, que nada tiene que
envidiar a las de otros tiempos anteriores, en cuanto a su correcta forma de
comportarse y proceder, con similar dignidad que lo hacían nuestros antepasados,
con honestidad, educación. Unos y otros, hombres de fijas convicciones, capaces
de evitar o darle frente a cualquier bache de la vida con dignidad
Lejos de toda pendencia o
disputa, ante su adversario, éstos, mostrarán, su estado de integridad y
plenitud, de forma generosa, y comprensiva, haciendo uso de su sabia elocuencia
y modales y sin dejarse llevar por los efluvios de la vanidad u otras
emociones.
Su código de comportamiento,
exige saber responder a las bala(n)dronadas del adversario, con corrección y
cortesía y si llegado fuese el momento de callar, saber tolerarlo también.
Ante el colérico y el violento, él, mostrará su buen buena cara y temple, no
digamos sonriente (porque en este caso sería desafiante) pero si
complaciente, con serenidad y mesura, sabiendo a la hora de intervenir,
interpretar su modo de proceder. Una persona, que ante la aspereza de de las
palabras del adversario, toma una actitud dialogante y serena, hace lucir su
categoría, serenidad y comprensión con sus palabras ante su contrincante.
Al género humano está provisto
de un corazón débil, en el que, el miedo suele anidar, si no sabemos
ahuyentarlo y alejarlo de nosotros, porque de lo contrario, le hará caminar con
temor y incertidumbre. Está de nuestra parte, el fortalecerlo, si ímpetu para
ello nos resta e impedir que el miedo y la rabia, nos venza, para que en ninguna
ocasión, nos haga llorar, sentirnos avergonzados, porque hemos sido incapaces,
de enfrentarnos a esa agresión. Comportamiento, que nos envilece, ante nuestro
rival.
Aprovecho, este contenido, para
hacer alusión a esas pequeñas criaturitas que, ya de recién nacidas no son bien
tratadas, y además se les asustan y cuando lloran o les duele algo, tienen sed
o hambre, por no tener otra forma de expresarse, gimen o lloran. Peques, de un
corazón débil, que se les deber guiar y educar con serenidad, sabiduría y
cariño, para que vayan fortaleciéndose poco a poco. Ellos nunca llegaran a
entender por qué, se les reprime de tan duramente, solo con este mal trato, se
les habrá dejado dentro de ellos una huella que oscurecerá sus vidas, por culpa
de esos padres o madres, de escaso sentido común y “mala catadura”, cuyos
problemas traídos de la calle, los suelen descargar, cuando no, en su pareja, en
los hijos.
Examinemos el triste balance de
niños golpeados y mal tratados, que aparecen en los medios de comunicación.
Seamos inteligentes y humanos, para que un día, estos bebés, cuando sean
mayores, puedan decir con orgullo, que tuvieron la suerte, de tener unos padres
inteligentes y cariñosos. Todos unos caballeros, él y ella.
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