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Hace unos días viví uno de los momentos más
emocionantes de mi vida. Ese acto de reconocimiento donde tantas personas
individuales, tantos y tantas compañeros y compañeras y tantos colectivos y
organizaciones sociales de toda índole me brindaron con cariño su amistad.
Personas, todas ellas a las que quiero darles de nuevo las gracias. Personas,
algunas de ellas tan valientes que no sería de justicia ni coherente que desde
esta tribuna yo no les reconociera su valor, unas reconociendo públicamente su
condición de víctimas de violencia de género o de esa otra lacra social que
supone la droga y otras poniendo por encima de sus intereses, aun a riesgo de
sufrir represalias, la JUSTICIA con mayúsculas. Gracias compañeras y
compañeros, gracias amigas y amigos por ser como sois.
Como ya manifesté en ese entrañable acto no dejé
Chiclana por un ascenso ni con alegría, me vi envuelta en una guerra de
menosprecios, del ordeno y mando, de arrinconamiento, de opresión, de oscuridad,
de angustia, de dolor, de olvido, me mandaron a una guerra en la que no pintaba
nada, estaba en una guerra en la que no me dejaban ni pelear. Pero la guerra no
la hace una sola persona, tiene muchos cómplices o, en este caso, colaboradores
necesarios, que siendo conscientes de lo injusto de esa guerra, agachaban la
cabeza, dejando que la guerra continuase y cada vez se hiciese más despiadada y
yo no lo entendía porque algunas de esas personas, se habían manifestado conmigo
públicamente contra la guerra de Irak u otras guerras dentro y fuera de nuestras
fronteras y sin embargo en ésta que la veían de tan cerca y donde tenían poder
para hacerla cesar, no hacían, no han hecho nada.
Yo he tenido la oportunidad de poder escapar de la
guerra, pero hay otros compañeros y compañeras que no han podido o no han
querido y que están sufriendo las penalidades de toda guerra. Porque YO NO
SOY LA ÚNICA. Compañeros y compañeras que intentan atrincherarse y
defenderse con las pocas armas que tienen. Por cierto ¡qué valientes! Me
gustaría regalarles una coraza de esas que nada traspasa y todo resbala, como
las que se llevan en la guerra. Y, cómo contrasta ese valor de mis compañeros y
compañeras con la cobardía de otros y otras.
A aquellos que siempre le han gustado las guerras
nada les puedo pedir ni decir, te esperas y no te sorprende su posición, va
intrínseca a su ideología de derechas, pero a aquellos que un día se
consideraban de izquierdas y aún se lo consideran, unida o sin unión en Chiclana,
a aquellos que hacen del andalucismo progresista su bandera, a todos ellos me
veo una vez más en la obligación de decirles que la guerra hace estragos, que la
guerra causa dolor, que la guerra destruye a personas inocentes, que la guerra
continúa y que si no hacen nada por pararla serán tan cómplices, tan
colaboradores necesarios como aquel tripartito de las Azores, cuyas
consecuencias todos conocemos. DIARIO Bahía de Cádiz |