Año IV

 

  

 

 

 PORTADA

 Noticia del día

 Cádiz

 Jerez

 San Fernando

 El Puerto

 Chiclana

 Puerto Real

 Rota

Participa AQUÍ en la encuesta

 El Mundo

 Deportes

 Toros

 Opinión

 Cartas al Director

 El Derrotista

 Servicios

 Reserva Hoteles

 El Tiempo

 Prensa/TV/Radio

 Entrevistas

 A Fondo

 Foto-Noticias

 Bahía Cultural

 Carnaval366Días

Pídenos información sobra la PUBLICIDAD AQUÍ

 Suscribirse

 Patrocinadores

 Publicidad

 Quiénes somos

 Contacto Prensa

 Hemeroteca


 

 

 PEQUEÑAS HISTORIAS TAN GRANDES

Viviendo otra vida

 ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

 (Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

lopezhidalgo@us.es

 

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

Desde que comenzó a vivir con Elisa, la vida le iba viento en popa. Había logrado echar al olvido los inconvenientes de su relación anterior. Apenas lograba recordar ya el perfume de Encarna. Eso sí, una y otra tenían dos puntos en común. El primero, el nombre de las dos empezaba por E. El segundo, las dos eran grandes devoradoras de best-seller. Cuando rompió con Encarna, deambuló por la ciudad durante más de seis meses como un perro vagabundo. Hasta que una buena noche Elisa lo recogió en su casa después de una borrachera de órdago. Fue lo primero que compartieron: la resaca. Pero no aquélla, sino también todas las que vinieron después.

 

Nadie lo hubiese dicho, pero eran piel de la misma piel. Al principio, nadie apostaba un euro por aquella relación. Después de poco más de un año, se disiparon todas las sospechas infundadas de sus más allegados. Fue la primera vez que él había logrado mantener una relación estable, a excepción de la que compartió con Encarna. Quienes lo conocían más de cerca decían incluso que era toda persona, que Elisa lo había cambiado por completo y lo había hecho a su capricho y medida. En realidad, había algo de eso. Él, sin embargo, no sospechaba que su vida era otra y que no tenía ningún punto en común con un tiempo pretérito que había olvidado sin empeño y que tal vez por eso mismo no echaba de menos.

 

Ahora era disciplinado hasta en los más pequeños detalles. Elegante en el vestir, desentendido en los sueños, parco de palabras, sobrado de sonrisas y áspero en los compromisos. Vivía encerrado en una vida tan perfecta que no sospechaba que pudieran existir los errores ni las metas inalcanzables. En cierto modo, Elisa lo cambió. Sin embargo, no era tan culpable como la mayoría pensaba. Es verdad que Elisa le había inculcado algunos de sus hábitos, pero también lo era que ninguno había sido a la fuerza. Desde entonces se acostumbró a fumar cigarrillos rubios, a beber vermouth rojo, a escuchar a Bob Dylan y a Pavarotti, y sobre todo a leer best- seller.

 

Por las tardes, mientras ella regresaba del trabajo abría alguno de los numerosos volúmenes que Elisa conservaba en las estanterías y lo digería sin haberle dado apenas dos chupadas al gintonic. Aquel día, sin embargo, le llamó la atención el título de un libro: Viviendo otra vida. El nombre de la autora no le sonaba de nada: Elena Sabina. Se percató, eso sí, de que el nombre empezaba por E. Comenzó a leer sin prestar demasiada atención, pero poco a poco se metió tan de lleno en la historia que por momentos creía reconocer a algunos personajes, las situaciones no le eran del todo desconocidas, pero sobre todo el perfil de uno de sus protagonistas se parecía demasiado a él.

 

No necesitó terminar la novela para saber que bajo el seudónimo de Elena Sabina se escondía la personalidad de Encarna. No era, desde luego, el primer libro que publicaba, pero con aquel había logrado unas ventas que ya quisieran para sí muchos autores. Escondió la novela donde Elisa no la pudiera encontrar. Se vistió con premura y salió a la calle sin rumbo fijo. Tenía la sensación de vivir en una vida que no era la suya y ahora reconocía como propia aquella otra de la ficción. Anduvo sin saber adónde varias horas sin saber si volvería a ver a Elisa y sin intención de reprocharle nada a Encarna. Sólo pensaba en Elena, un sobrenombre sin identidad, sin rostro. Navegaba entre dos vidas. Una, enterrada en el pasado. Otra, vivida y olvidada para siempre. En cualquier caso, ambas irreconocibles y sin interés. DIARIO Bahía de Cádiz

 

En ese momento se detuvo, se subió las solapas de la chaqueta y entró al primer bar que encontró. La camarera le sirvió un café tibio y un chupito de orujo. Ella le miró. ¿De dónde vienes?, le preguntó ella. ¿Ya no recuerdo?, le dijo. Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Ella respondió mirándole: Elena. Él le propuso salir a tomar algo cuando acabara la jornada. Ella le respondió afirmativamente. Y le preguntó: “No sabes de dónde vienes. ¿Sabes a dónde vas?”. Él sabía la respuesta: “Me quedo. Sólo sé que de momento me quedo”.


ARTÍCULOS ANTERIORES


ARTÍCULOS DE "EL RUIDO Y LAS NUECES"

 

DIARIO Bahía de Cádiz (BC) v. 1.8.
© 2004-2007 DIARIO Bahía de Cádiz

Publicidad | Contáctenos

¿Quiénes somos?  --  Aviso Legal  --   Suscribirse  --   Poner como página de inicio  --   Añadir a Favoritos                          Imprimir esta página

 

 

 

Publicidad         

 

C/Profesor Antonio Ramos, 12, 3ºIZQDA - 11.100 San Fernando (CÁDIZ)
Redacción: redaccion@diariobahiadecadiz.com  Dirección: danyprensa@yahoo.es   Teléfono: 658 685 782