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Para ti que lo sabes
Me pides que conserve tus
palabras como si fuesen un objeto tangible, como si se pudiera abrir un bloc o
una carpeta y meter todo lo que va más allá de las palabras, porque las palabras
son símbolos, grafismos que esconden adivinaciones y certezas. Cómo se guardan
las palabras para que el óxido no las encuentre, para que el tiempo no las
extravíe en cajones olvidados o en miradas que no son la tuya y que pretenden
suplantarla. Cómo escondo tus palabras para que conserven tu imagen de sueño
completo, cómo salgo de estas paredes con la tranquilidad de que no se moverán,
de que no le crecerán patas como a las arañas y treparán por paredes y techos
como insectos vivos e inundarán la casa de tu olor y de tu piel y de tu pelo.
Cómo sé que no se enmarañarán en mi cuerpo, que no me apretarán la garganta
hasta estrangularme cuando sueño contigo, cómo sé que las palabras no silban
como las balas, cómo detener su vuelo sin dirección, cómo tragártelas sin que se
te queden adheridas a las tripas, sin que sean parte imprescindible de tus
vísceras. Cómo conservo tus palabras para que no crezcan como enredaderas, para
que no me atropellen los pies cuando camino, para que no se fusionen con mis
palabras cuando escribo, para que no perturben mis sueños cuando te veo a mi
lado, para que no me sigan como un perro sin dueño cuando me pierdo en la ciudad
sin ti a mi lado. Cómo construyo la vida si tus palabras son ladrillos de un
muro infranqueable, cómo rompo ese muro si quiero tirar mi espalda contra su
consistencia de acero, cómo puedo volver a respirar si esas palabras llenan el
aire con tu voz.
No sé si las palabras se
pueden encerrar en otros libros sin que alteren su acento o su estilo, sin que
condicionen otro final ya escrito. No sé si tus palabras tienen vida propia
porque me roban mi propia vida, no sé si clavarlas con alfileres y exponerlas en
una vitrina como un trofeo. No sé tampoco si se multiplicarán como los peces o
como los pájaros y llenarán mi vida de otro vuelo que no controlo. Dime si hay
algún ungüento para doblegar sus picaduras y apagar sus hinchazones, si cambian
de color como los camaleones cuando mi ánimo atraviesa otro horario, si cuando
escucho música se meten en las canciones y por eso las apercibo con un fondo
liviano de saxofón o de piano. Dime qué hacer con las palabras cuando te pueden,
cuando te sustituyen por otro, cuando no te dejan crecer más allá de su
estatura. DIARIO Bahía de Cádiz
Sobre todo, dime qué hago con
tus palabras cuando las leo a cada instante, cuando siempre quise que me las
escribieras para tenerte tan cerca cuando no estás, cuando las llevo dobladas en
la cartera porque ya no me has escrito más palabras, porque quizás no me quieres
escribir más palabras y debo ingerirlas con un régimen estricto para no morir de
inanición, porque de inagnición ya he muerto. Cómo se escriben más
palabras si me he quedado en ellas, encerrado como en un ascensor sin luz y sin
música, esperando que vengas y abras la puerta y lo hagas elevarse cuando
solamente tú y yo estemos frente a frente, a solas con tus palabras.
Cómo conservo tus palabras si
están vivas como hongos que invaden mi piel, como lluvia que no cesa, como nubes
transparentes que surcan mi universo extraviado. Dónde coloco tus palabras para
que pueda verlas a cada instante, cómo las memorizo para que el olvido no me las
arrebate, qué tinta indeleble tienes en la boca para que no pueda borrar tu
rostro de esas palabras. Cómo sabes que algunas son para siempre, por qué me
escribes palabras que no tienen fecha de caducidad, por qué me las pones en la
mano sin un manual de instrucciones, sin consejos para su uso, por qué me las
entregas como un paquete a domicilio sin dirección, por qué las sacudo por si
traen gato encerrado, por qué las miro por su as y su envés como si fueran hojas
perennes, por qué las mastico como si fueran un chicle y después se me quedan
adheridas a la lengua y las siento bajar por la tráquea y me bloquean el
estómago buscando el corazón como una metástasis de literatura y vida
ensambladas en un mismo líquido viscoso que impregna la sangre.
Cómo te digo que tus palabras
son mías, que siempre quise que fueran mías, porque acaso yo te las dicté en un
sueño, y tú viniste sigilosa y me las robaste cualquier noche en la que nos
tropezamos en un mismo sueño compartido. Cómo te digo que son perfume y veneno
de un mismo frasco que es tu cuerpo de mujer atravesada en mi vida como nunca
antes.
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