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Marilyn Monroe ha vuelto
estos días a ser noticia. Esta vez ha sido la estrella de una subasta celebrada
en la sede neoyorquina de Christie’s. Un traje negro que lució la actriz en la
película The mistfits (1961) fue adjudicado por 66.000 dólares (52.455
euros). Un precio más elevado lo consiguió una agenda personal de direcciones y
teléfonos que utilizó Marilyn en la que se incluyen 160 anotaciones, entre otras
de amigos, restaurantes y estudios. Acaso quien adquirió esta documentación
buscaba entre números de teléfonos y de calles otra información más personal que
acaso nunca anotó en diario alguno.
A través de estos
restaurantes y amigos, uno puede atreverse a reconocer o a componer una vida
extraviada. Podemos imaginar a la Monroe vestida con el mencionado traje negro,
en una noche helada de Nueva York, cuando entra al restaurante citado en la
página 17, saludando con su mirada al camarero más próximo. La vemos sentarse
mientras espera. Pero no queremos que nadie se acerque a la mesa, hasta que
quien ha adquirido la agenda se acerca a la mesa y se sienta frente a la rubia
de sus sueños. Porque cuando adquirió este material buscaba teléfonos y
direcciones, pero también algún rastro truncado de sus sueños, algún rincón
ignoto de su vida apagada.
En los diarios y en las
agendas no sólo anotamos la dirección de un lugar, sino la sensación que nos
produce, aunque imperceptibles esbozamos torpes bosquejos de nuestras
sensaciones más íntimas y de nuestros sueños más remotos. Sobre todo, porque,
como dice Sergio Pitol, los sueños felices suelen ser escasos y difícilmente
recordables. Por el contrario, sentencia, los sueños angustiosos pueden no
dejarnos en paz durante varios días. Por eso, los anotamos en cualquier hoja
volandera que luego perdemos intencionadamente para no extraviarnos en la vida,
de manera que estos sueños no se nos vuelvan recurrentes.
Desde el año 1968, este
escritor mejicano cumplimenta en su diario no sus vivencias, sino que, lejos de
ello, lleva un diario de sueños. Al respecto, ha escrito: “Su carácter es
marcadamente narrativo. Contienen una historia principal y un mundo subterráneo
que la alimenta. El carácter angustioso surge del deseo de escapar de lo soñado
y la imposibilidad de hacerlo”.
Acaso quien compró la agenda
de Marilyn Monroe no buscaba los restaurantes donde se imaginaba cenando con la
rubia, sino las direcciones de sus sueños más íntimos, los recovecos más
escondidos de su alma que sólo él conoce y que construye cada noche y que
intenta olvidar al despertar para que las escenas no se transformen pesadillas
imposibles. Los diarios de sueños conservan la precisión de los días no vividos,
de un futuro incipiente que tal vez nunca existió, pero que resultan
imprescindibles para reconstruir un pasado que antes de serlo se nos muestra
ajeno y extraño.
Antonio Tabucchi cuenta en su
libro Autobiografías ajenas que alguno de sus libros surgió de sueños que
logró rescatar de la noche. Posiblemente fueran sueños propios o ajenos, pero
que hechos literatura algún lector reconoció como parte de su vida. Por eso, el
escritor italiano reconoce que, en casi todos sus libros ha escrito
autobiografías ajenas. De todas las formas de escritura, Elias Canetti
privilegia los diarios. Porque en el diario auténtico, cita Tabucchi a Canetti,
tiene lugar un “milagro incomprensible”. Es ésta la razón por la que en un
diario caben las biografías propias y ajenas, los sueños nuestros y los robados.
Un lector se dirige a Tabucchi: “Le escribo porque en su libro, en una de las
cartas (por discreción no le diré cuál), ha escrito usted mi historia. Usted ha
contado en síntesis esa autobiografía que yo nunca fui capaz de escribir”.
A esta hora seguramente quien
adquirió la agenda de Marilyn Monroe esté escudriñando entre sus páginas
aquellos sueños imposibles de descifrar porque estarán anotados en claves
indescifrables, y acaso en algún sueño logre reconstruir tal cual esas escenas
ya sin dueño que vagan por doquier esperando que algún escritor despierte a la
misma hora y escriba en cualquier libro esos sueños ajenos que un día eran
propiedad de Marilyn y que de momento se hayan escondidos entre direcciones
irreconocibles, números sin sentido y amigos que soñaron el mismo sueño
compartido que nadie logra desentrañar entre las páginas de una agenda que ha
sido subastada estos días.
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