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 EL RUIDO Y LAS NUECES

Un diario de sueños

 ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

 (Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

lopezhidalgo@us.es

 

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

Marilyn Monroe ha vuelto estos días a ser noticia. Esta vez  ha sido la estrella de una subasta celebrada en la sede neoyorquina de Christie’s. Un traje negro que lució la actriz en la película The mistfits (1961) fue adjudicado por 66.000 dólares (52.455 euros). Un precio más elevado lo consiguió una agenda personal de direcciones y teléfonos que utilizó Marilyn en la que se incluyen 160 anotaciones, entre otras de amigos, restaurantes y estudios. Acaso quien adquirió esta documentación buscaba entre números de teléfonos y de calles otra información más personal que acaso nunca anotó en diario alguno.

 

A través de estos restaurantes y amigos, uno puede atreverse a reconocer o a componer una vida extraviada. Podemos imaginar a la Monroe vestida con el mencionado traje negro, en una noche helada de Nueva York, cuando entra al restaurante citado en la página 17, saludando con su mirada al camarero más próximo. La vemos sentarse mientras espera. Pero no queremos que nadie se acerque a la mesa, hasta que quien ha adquirido la agenda se acerca a la mesa y se sienta frente a la rubia de sus sueños. Porque cuando adquirió este material buscaba teléfonos y direcciones, pero también algún rastro truncado de sus sueños, algún rincón ignoto de su vida apagada.

 

En los diarios y en las agendas no sólo anotamos la dirección de un lugar, sino la sensación que nos produce, aunque imperceptibles esbozamos torpes bosquejos de nuestras sensaciones más íntimas y de nuestros sueños más remotos. Sobre todo, porque, como dice Sergio Pitol, los sueños felices suelen ser escasos y difícilmente recordables. Por el contrario, sentencia, los sueños angustiosos pueden no dejarnos en paz durante varios días. Por eso, los anotamos en cualquier hoja volandera que luego perdemos intencionadamente para no extraviarnos en la vida, de manera que estos sueños no se nos vuelvan recurrentes.

 

Desde el año 1968, este escritor mejicano cumplimenta en su diario no sus vivencias, sino que, lejos de ello, lleva un diario de sueños. Al respecto, ha escrito: “Su carácter es marcadamente narrativo. Contienen una historia principal y un mundo subterráneo que la alimenta. El carácter angustioso surge del deseo de escapar de lo soñado y la imposibilidad de hacerlo”.

 

Acaso quien compró la agenda de Marilyn Monroe no buscaba los restaurantes donde se imaginaba cenando con la rubia, sino las direcciones de sus sueños más íntimos, los recovecos más escondidos de su alma que sólo él conoce y que construye cada noche y que intenta olvidar al despertar para que las escenas no se transformen pesadillas imposibles. Los diarios de sueños conservan la precisión de los días no vividos, de un futuro incipiente que tal vez nunca existió, pero que resultan imprescindibles para reconstruir un pasado que antes de serlo se nos muestra ajeno y extraño.

 

Antonio Tabucchi cuenta en su libro Autobiografías ajenas que alguno de sus libros surgió de sueños que logró rescatar de la noche. Posiblemente fueran sueños propios o ajenos, pero que hechos literatura algún lector reconoció como parte de su vida. Por eso, el escritor italiano reconoce que, en casi todos sus libros ha escrito autobiografías ajenas. De todas las formas de escritura, Elias Canetti privilegia los diarios. Porque en el diario auténtico, cita Tabucchi a Canetti, tiene lugar un “milagro incomprensible”. Es ésta la razón por la que en un diario caben las biografías propias y ajenas, los sueños nuestros y los robados. Un lector se dirige a Tabucchi: “Le escribo porque en su libro, en una de las cartas (por discreción no le diré cuál), ha escrito usted mi historia. Usted ha contado en síntesis esa autobiografía que yo nunca fui capaz de escribir”.

 

A esta hora seguramente quien adquirió la agenda de Marilyn Monroe esté escudriñando entre sus páginas aquellos sueños imposibles de descifrar porque estarán anotados en claves indescifrables, y acaso en algún sueño logre reconstruir tal cual esas escenas ya sin dueño que vagan por doquier esperando que algún escritor despierte a la misma hora y escriba en cualquier libro esos sueños ajenos que un día eran propiedad de Marilyn y que de momento se hayan escondidos entre direcciones irreconocibles, números sin sentido y amigos que soñaron el mismo sueño compartido que nadie logra desentrañar entre las páginas de una agenda que ha sido subastada estos días.


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