Año II

 

  

 

 

 PORTADA

 Noticia del día

 Cádiz

 Jerez

 San Fernando

 El Puerto

 Chiclana

 Puerto Real

 Rota

Participa AQUÍ en la encuesta

 El Mundo

 Deportes

 Toros

 Opinión

 Cartas al Director

 El Derrotista

 Servicios

 Reserva Hoteles

 El Tiempo

 Prensa/TV/Radio

 Entrevistas

 A Fondo

 Foto-Noticias

 Bahía Cultural

 Carnaval366Días

 Suscribirse

 Patrocinadores

 Publicidad

 Quiénes somos

 Contacto Prensa

 Hemeroteca


 

 

 EL RUIDO Y LAS NUECES

Esperando otro día

 ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

 (Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

lopezhidalgo@us.es

 

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

Leo Tokio Blues, la novela del japonés Haruki Murakami que algunas amigas me recomiendan. Y empiezo a descubrir la prosa contundente y madura de Sergio Pitol, de quien había oído hablar en México hace ahora dos años pero en la que no había podido detenerme hasta ahora. Veo el mar de Estepona en un día en que el calor ha dado paso a un viento ligero que reconforta y ayuda a llevar con humor la noche y los amigos. Siempre asimilo el buen tiempo con el mar y los libros, una trilogía imperfecta que necesita de un vaso frío para llevar la jornada a buen puerto.

 

Tienen estos meses previos al verano la alfombra de las salas de espera, la impaciencia recurrente de dejar a un lado el horario laboral para huir a una playa desierta o a una isla perdida. Pero, como dice Joaquín Sabina, ya no hay islas para naufragar, así que arañamos en las guías turísticas y en las ofertas de las agencias otras posibilidades menos ambiciosas pero también valiosas para que los sueños sigan siendo una parte importante del equipaje estival.

 

Mientras consumimos los últimos meses antes de que nos atropellen las altas temperaturas, comenzamos a diseñar nuestro itinerario personal para esos días en que nos escabullimos de la norma y los horarios, del tráfico urbano y de los jefes, de la declaración de la renta y otros pormenores que no caben en el exiguo equipaje con el que subimos la montaña, o facturamos en el avión, o volcamos sin demasiado cuidado en el vehículo propio o ajeno que nos conducirá a otro paisaje, el paisaje onírico de las noches dejadas atrás, pero también el paisaje real y breve de estas vacaciones que cada año administramos son sorpresa y decisión y que a veces, también, se nos desparrama en las ilusiones y se nos rompe como un plato que se nos escapa de las manos.

 

Es éste un tiempo que navega entre el pretérito y los días venideros, como un velero sin rumbo o como un perro sin dueño que indaga en las calles de alguna ciudad la identidad de los vecinos, los cobijos posibles, la aventura de vivir como un perro sarnoso. También éste será el tiempo de las mascotas abandonadas, las mismas que acariciábamos en Navidad y que crecieron sin preguntarnos si queríamos que crecieran y si nos importaba que crecieran. Son estos meses de mayo y junio un tiempo de reflexión, en el que la cerveza fría nos empuja a vagar por las calles como los perros que abandonamos en la espera de hacer más soportable las noches calientes, los sueños volátiles, la vida misma.

 

Es hora ahora de abrir un libro y descubrir en sus páginas todas las vidas que intencionadamente ignoramos, las historias que nos conducen inevitablemente a nuestra propia historia. Leo a Murakami y veo los 20 años de Toru Watanabe pero también mis 20 años de entonces, unos años después de que el escritor japonés escribiera la historia, la suya y un poco también la nuestra. No es una obra perfecta pero te deja llevar por sus páginas sin darte cuenta de que en el fondo te está metiendo en las páginas de tu propia vida. Y de golpe alzas los ojos y sólo ves el mar de Estepona, solo de turistas y gris, pero con la sensación emergente de que no has consumido todas las páginas del libro que no has escrito o no quieres escribir, pero que descubres en una historia ajena como ésta.

 

Llega ahora un tiempo que es como un libro que has ignorado en su estante hasta que ahora te lo tropiezas de golpe y lo abres, y en sus páginas ves el mar de todos los veranos, el paisaje de una juventud que se desarrolló en el mismo mar que ahora miras desde la ventana como quien mira parte de su vida tendida en un día nublado y gris de mayo como mero anticipo del tiempo venidero.

 

Vuelves del viaje sabiendo que sólo es un tramo de otro viaje emprendido con anterioridad, un segmento de una medida superior, una hora cualquiera de cualquier día como éste en el que has mirado tu vida en la vida que te muestra otro libro, y ya sólo cuentas las horas de un verano anticipado que te obliga a esbozar itinerarios y a dibujar paisajes posibles mientras cierras la ventana y dejas atrás toda la costa gaditana y esperas, como hacemos cada día durante tantos días, mientras nada sucede.


ARTÍCULOS ANTERIORES

ÚLTIMOS TITULARES                                   

  Portada Principal © DIARIO Bahía de Cádiz (BC) Aviso Legal 
Publicidad -  Poner como página de inicio  -  Añadir a Favoritos  -   ¿Quiénes somos?

 

 

Publicidad         

 

C/Profesor Antonio Ramos, 12, 3ºIZQDA - 11.100 San Fernando (CÁDIZ)
Redacción: redaccion@diariobahiadecadiz.com  Dirección: danyprensa@yahoo.es   Teléfono: 658 685 782