Año II

 

  

 

 

 PORTADA

 Noticia del día

 Cádiz

 Jerez

 San Fernando

 El Puerto

 Chiclana

 Puerto Real

 Rota

Participa AQUÍ en la encuesta

 El Mundo

 Deportes

 Toros

 Opinión

 Cartas al Director

 El Derrotista

 Servicios

 Reserva Hoteles

 El Tiempo

 Prensa/TV/Radio

 Entrevistas

 A Fondo

 Foto-Noticias

 Bahía Cultural

 Carnaval366Días

 Suscribirse

 Patrocinadores

 Publicidad

 Quiénes somos

 Contacto Prensa

 Hemeroteca


 

 

 EL RUIDO Y LAS NUECES

Errores de bulto

 ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

 (Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

lopezhidalgo@us.es

 

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

De él conocemos las iniciales de su nombre y sus dos apellidos: A. L. S. Sabemos también que tenía 63 años y que era escayolista prejubilado. Lo más grave es que también sabemos que murió el 23 de septiembre de 2004 en la Fundación Hospital Alcorcón (Madrid). También se sabe ahora con precisión que este hombre acudió tres veces al servicio de urgencias del centro en sus dos últimas semanas de vida. Según se ha sabido estos días, tenía problemas para orinar y había perdido tanta fuerza en las piernas que ya no se podía sostener. Lo que no sabemos es cómo eran sus andares, si su mirada estaba perdida como consecuencia de esta dolencia, si podía expresarse con perfección a la hora de contar sus males. El caso es que los médicos no vieron en el enfermo ninguna dolencia y optaron por ingresarle en psiquiatría ante la sospecha de que sufriera un trastorno mental y estuviera somatizando una enfermedad que sólo podía existir en su cabeza.

 

Los errores son humanos, por supuesto, y cualquiera puede incurrir en uno nada más dar la vuelta en la esquina más próxima. No sabemos cómo serían los lamentos de este hombre para que los médicos pudieran confundir un tumor en el riñón con un desequilibrio mental. Es cierto que la gravedad de algunas enfermedades nos puede llevar a ver alucinaciones, a inventar situaciones supuestas, a soñar sueños inexistentes o a inventar falsas vivencias. Posiblemente el dolor perturbe tanto la actitud del enfermo que la mejor solución sea encerrarlo en un psiquiátrico para acabar de una vez con todas con sus dolores de cabeza aunque sea un tumor en el riñón la causa de sus delirios.

 

La familia, no satisfecha con el diagnóstico médico, pidió que le practicaran la autopsia y ésta reveló que A. L. S. tenía un tumor de 800 gramos en el riñón. Para colmo, el tumor no era maligno, pero llegó a crecer de tal forma que le provocó la muerte. Los datos son fríos y dejan a cualquiera helado: el peso de un riñón sano oscila entre los 135 y los 180 gramos. Al parecer, hubiese bastado con una ecografía para detectar el tumor. Pero ante los “síntomas inespecíficos del paciente”, los sanitarios optaron, antes de estudiar más a fondo las causas, remitir al paciente a psiquiatría.

 

Nadie duda de que en este mundo de hoy todos andamos un poco locos y que a algunos incluso se les ha desprendido más de una turca que no ha sido sustituida, pero cuesta entender cómo a un ser humano le diagnostican que está como una cabra cuando no puede orinar ni moverse, cuando sus familiares en ningún momento declararon que el enfermo estaba de atar, sino más bien de intervenir en el quirófano. Tienen estos errores el presagio de la fatalidad, la consumación del despropósito.

 

En esta historia de locos los psiquiatras tampoco escapan en sus despropósitos. Al parecer, concluyeron que el enfermo padecía un “trastorno somatomorfo”, es decir, que sus males no tenían un origen físico, y como consecuencia consideraron que era su mente la que los estaba creando. No sólo eso. Además, observaron en el enfermo “rasgos paranoides”, por lo que le remitieron a los Servicios de Salud Mental. A los seis días de abandonar el hospital, volvió a él no para ser ingresado en la unidad de Salud Mental, sino para morir como consecuencia de un tumor en el riñón. Ahora la Comunidad de Madrid ha admitido el error y ha indemnizado a la viuda con 102.482 euros.

 

Ya decía el adagio popular que no hay que confundir la cabeza con el riñón, ni lo evidente con lo virtual, ni el dolor físico con la enajenación mental, ni la imposibilidad de mear con la cordura. La vida adopta a veces la estructura de un relato incongruente, el final absurdo de un drama que aparentaba ser comedia. Todos podemos incurrir en el error, pero hay errores de bulto y riñones de un tamaño desproporcionado que alcanzan un tamaño de 800 gramos y que pueden conducir a la locura. Tiene a veces la vida un final trágico sin explicación posible, y acaso ésa sea la peor de todas las conclusiones: saber que el absurdo también mata, que el puro azar te condena a morir de una causa que la propia naturaleza había descarado en un principio.


ARTÍCULOS ANTERIORES

ÚLTIMOS TITULARES                                   

  Portada Principal © DIARIO Bahía de Cádiz (BC) Aviso Legal 
Publicidad -  Poner como página de inicio  -  Añadir a Favoritos  -   ¿Quiénes somos?

 

 

Publicidad         

 

C/Profesor Antonio Ramos, 12, 3ºIZQDA - 11.100 San Fernando (CÁDIZ)
Redacción: redaccion@diariobahiadecadiz.com  Dirección: danyprensa@yahoo.es   Teléfono: 658 685 782