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 EL RUIDO Y LAS NUECES

Cambiar la Guardia Civil

 ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

 (Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

lopezhidalgo@us.es

 

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

La caída de José Bono como ministro de Defensa ha precipitado el relevo del jefe del Estado Mayor del Ejército, José Antonio García González, y el nombramiento del general  Carlos Villar para ese cargo. Con esta medida, el Gobierno pretende reforzar la disciplina en el Ejército tras el controvertido episodio que protagonizó el general José Mena con motivo de la celebración de la Pascua Militar, momento que aprovechó para censurar la reforma del Estatuto catalán. La medida no sólo ha sido acertada, sino tardía, porque estos mandos que el Gobierno de Aznar alzó a la cúpula militar no supieron prescindir de una ideología trasnochada que en nada concuerda con un país que ha dicho clara, rotundamente y en muchas ocasiones hacia dónde quiere ir. Era ésta la última medida que el Gobierno había de adoptar para que olvidemos de una vez la anterior legislatura que a todos nos ha hecho recordar un pasado que ya creíamos extinguido para siempre del mapa político español.

 

Obviamente, esta decisión llevaba aparejada otra tan importante como la anterior, como era la destitución del teniente general del Ejército del Aire Carlos Gómez Arruche como director general de la Guardia Civil y el nombramiento de Joan Mesquida Ferrando. De nuevo, un civil está frente del instituto armado, un nombramiento que la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) ha valorado como una buena noticia y que considera como un primer paso imprescindible para restablecer la normalidad en la Dirección General de este cuerpo. El hecho de que un civil haya vuelto a la jefatura de la Guardia Civil ha sido valorado positivamente en distintos sectores sociales, incluso en los medios de comunicación. El diario El País, no obstante, en un editorial titulado Relevo en la Guardia Civil, señala que este hecho ya no es relevante por sí mismo. Pero este diario se equivoca, porque los símbolos, cuando los cambios sociales están en marcha, contienen más significado del que podemos observar desde afuera, tanto más, como este mismo diarios dice, cuanto que el nombramiento de Gómez Arruche no contaba con la confianza del ministro del Interior e incluso dentro del propio cuerpo era visto por algunos sectores “como un infiltrado del Ejército, escasamente proclive a asumir las reivindicaciones a favor de legalizar el derecho de asociación”. Por supuesto que así era y, en consecuencia, su destitución era un clamor en el cuerpo y un cambio previsible y anunciado.

 

Es lamentable que a estas alturas todavía algunos medios de comunicación se nieguen a ver la realidad que vive la Guardia Civil. El propio diario El País, durante muchos años, ha cerrado sus ojos y sus páginas a una realidad que se hacía evidente. La evidencia hoy ha podido a la visión parcial de algunos medios de contar sólo un trozo de la realidad, de no ver más allá de donde le señalan sus propios dedos. Es un riesgo que un diario como éste no debe correr más, porque las nuevas tecnologías llevan al ciudadano a informarse con otras herramientas, ciertamente más torpes e incluso menos fiables, pero donde hurgando podemos tropezarnos con momentos inéditos de nuestras propias vidas.

 

La realidad  de este instituto armado se dejó sentir el pasado día 22 de abril en una manifestación en Madrid en la que varios miles de guardias civiles volvieron a reivindicar la desmilitarización del cuerpo, la modificación del Régimen Disciplinario, la regulación de un nuevo Estatuto laboral y profesional y la homologación retributiva, estatutaria y profesional con el resto de los cuerpos policiales. En esta manifestación, los guardias civiles hicieron públicos algunos significativos: 17.000 guardias han sufrido baja laboral por depresión, 400 han visto la cárcel también por motivos laborales y el número de suicidios en el seno del instituto es alarmante.

 

Muchas de las reivindicaciones antes señaladas, totalmente razonables y no desde ahora, ya las incluyó el PSOE en su programa electoral pero hasta la fecha han quedado nada más que en el anuncio y la promesa. Fuentes próximas a La Moncloa me dicen que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, quiere cumplir íntegro su programa electoral. Haría bien y haría mejor, de una vez por todas, en resolver la crisis interna que atraviesa la Guardia Civil desde que en este país inauguramos la transición democrática. No se trata sólo de cumplir un programa electoral, sino de asumir una responsabilidad que se debe materializar desde la izquierda si queremos que este país, de una puñetera vez, cierre el aldabón de la transición de manera definitiva. A algunos nos quedan tan pocas dudas que volver a recordarlo resulta cansino, pero también necesario. Y no sé por qué, pero adivino que esta vez el cambio es posible y real. Será que lo he vivido tan de cerca durante tantos años que uno aprende que las injusticias, por muy estereotipadas que nos las muestren y por muy arraigadas que estén en las instituciones, nunca habitan en nosotros para siempre. Al tiempo.


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