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 EL RUIDO Y LAS NUECES

¿Dónde y cuándo jugarán los niños?

 ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

 (Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

lopezhidalgo@us.es

 

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

Leo en la prensa que la oficina de la UNICEF en Irán está enviando alrededor de 10.000 mantas y 300 tiendas de refugio a la provincia de Lorestan para proporcionar ayuda humanitaria inmediata a los niños y familias afectadas por los recientes terremotos en Irán. Hace unos días, y cada vez con más frecuencia, los informativos televisados mostraban imágenes inquietantes sobre el hambre que sufrían los niños en algún país africano. Da igual el país. Los ejemplos podrían ser muchos y clamorosos. Veo las imágenes, como las vemos todos, a la hora de comer o ya con una copa en la mano, y pienso, y pensamos, cómo es posible que a estas alturas tantos niños en tantos lugares del mundo puedan morir por inanición.

 

Ayer domingo, día 16 de abril, mientras celebrábamos el Domingo de Resurrección alguien posiblemente también celebró el día mundial contra la esclavitud infantil. Hace once años murió asesinado Iqbal Maíz, un niño católico que luchó contra las mafias de la esclavitud en Pakistán y que hoy es un símbolo de esta lucha contra una situación tan injusta y deplorable. Sabemos de modo reiterativo que muchas multinacionales fundan sus beneficios en la precariedad laboral utilizando a los niños como trabajadores y esclavos, niños con 6 ó 7 años que se ven forzados a trabajar con un horario superior al de las ocho horas diarias por el que nos regimos en nuestro país y su entorno democrático.

 

Pero todas estas cifras macroeconómicas, todas imágenes tan repetidas y conocidas que en nada nos son ajenas, pero que definitivamente no están al alcance de nuestros ojos cuando cruzamos la calle, nos llevan a desentendernos del problema, como si en nuestro país todo fuera una bañera llena de espuma. Cuenta David Trueba que le escriben mujeres contándole sus pavorosas experiencias profesionales. Una madre que oculta que lo es en su empresa para no perder el trabajo. Otra que tuvo responder en una entrevista laboral si entraba en sus planes de futuro tener hijos. Una madre de un hijo con retraso cerebral que le contaba su odisea para cuidar de él sola sin entregarlo a la custodia estatal. O una joven a la que habían despedido de la Televisión Educativa dependiente del Ministerio por pretender adecuar su horario para dar de mamar a su recién nacido. Por no hablar de las múltiples historias que todos hemos escuchado o que conocemos por vecinos o familiares de padres y madres que no ven a sus hijos más que para acostarlos con un beso de buenas noches y levantarlos para encerrarlos en el colegio o la guardería.

 

Pero hace sólo unos días leo un titular que me causa estupor: “Un niño de dos años pierde dos dedos por el supuesto maltrato de la madre”. La madre, Pilar F. A., de 32 años, fue detenida en Sabadell por un presunto delito de “negligencia en sus obligaciones familiares con resultado de lesiones”. El hijo, de 28 meses, presentaba importantes quemaduras en la mano izquierda. Al parecer el deterioro de la herida era tan grave que los médicos no tuvieron otra opción que amputarle dos dedos. Pero, lamentablemente, no es el único caso. Hace poco más de un mes la niña Alba, vecina de la localidad barcelonesa de Montcada i Reixac, fue ingresada en la unidad de cuidados intensivos del hospital de Vall d’Hebron, en Barcelona, por los malos tratos recibidos por sus progenitores. Hace algo más de dos semanas se dio otro caso también en Montcada, cuando los médicos de este mismo hospital detectaron restos de cocaína en la orina de un niño de un mes y medio.

 

Hablamos sólo de las noticias más recientes y de aquellas noticias que se publican en los medios de comunicación, pero el maltrato a los menores es un hábito, desgraciadamente, demasiado arraigado aún en nuestro país. Por supuesto, siempre hablamos de casos excepcionales, que obviamente no se repiten en la mayoría de las familias españolas, pero que pese a todo son ejemplos puntuales y reiterativos que se hace necesario eliminar de nuestra vida diaria.

 

Susana Ramos cuenta en su libro Mariposas cómo vivió el proceso de adopción de un niño ruso, las secuelas que le dejaron el maltrato y el abandono, cómo bebía agua de los charcos y desmantelaba las papeleras públicas buscando alimentos. Me contó que un día Iván cogió una lagartija viva y se la comió ante la estupefacción de la familia. Unos años después el niño ha cambiado, ha olvidado sus primeros años de niño vagabundo, ha encontrado en sus padres adoptivos un nuevo modo vida que le ha hecho olvidar la infancia truncada del ayer. Iván ha encontrado una vida, pero muchos otros niños, aquí y allá, viven esclavizados a nuestros intereses y a nuestro olvido. Pero a nadie sorprende lo que escribo, porque ya lo sabíamos y porque, de algún modo, todos lo hemos vivido. Recuerdo ahora la canción de Maná en la que se preguntaban dónde jugarán los niños. En algún lugar del mundo, habrá que añadir a esta letra dónde jugarán los niños y si quieren jugar después de haber trabajado doce horas diarias y si también pueden hacerlo con dos dedos de la mano amputados.


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