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La historia, inevitablemente,
se repite. Los Grupos Revolucionarios Antifascistas Primero de Octubre (GRAPO)
han vuelto a matar. Como el Guadiana, este grupo terrorista aparece y
desaparece. Aunque nunca anunciaron su disolución, seis veces se les dio
desaparecidos definitivamente. A pesar de eso, en 1997 la banda estuvo a punto
de disolverse tras las negociaciones mantenidas entre el Gobierno del PP y
varios interlocutores del grupo internados en la cárcel Sevilla II.
Ahora vuelven a reaparecer
para cobrarse la vida de una empresaria: Ana Isabel Herrero, de 44 años. Un
comunicado atribuido a los GRAPO reivindica el atentado. Al parecer, la nota, de
dos folios, tiene el sello y la redacción habitual de la banda y del PCEr, su
brazo político. El objetivo, según el comunicado, era expropiar una determinada
cantidad de dinero en concepto de impuesto revolucionario, pero al
enfrentárseles la mencionada empresaria y su marido, dice el escrito, se vieron
en la obligación de disparar. El día 21 de febrero Francia extraditó a la
miembro de los GRAPO Josefina García Aramburu, acusada de diez atentados con
bomba y del asesinato de un policía en Barcelona en 1982. El día 26 del mismo
mes agentes de la Ertzaintza detuvieron en el barrio bilbaíno de Santutxu a
Israel Torralba, buscado por la supuesta participación en el asesinato de Ana
Isabel Herrero, quien mató a un policía en el año 2000. Según fuentes
policiales, en el asesinato de la empresaria de Zaragoza participaron también
Juan García Martín e Ismael Clemente.
Tanto tiempo después de que
se iniciara la transición democrática y ahora que comienza a hablarse paz en el
País Vasco, cuesta pensar que miembros de los GRAPO vuelvan a atentar contra
seres humanos con el único fin de subsistir. Andalucía, y concretamente Sevilla,
ha sido golpeada en distintas ocasiones por ETA y los GRAPO. Respecto a este
segunda banda, el 5 de septiembre de 1984 la organización terrorista reapareció
de nuevo atentando contra dos empresarios, que resultaron muertos, y contra un
ingeniero, que quedó malherido, en acciones simultáneas en Madrid, Sevilla y La
Coruña. En La Coruña, la policía sostuvo un tiroteo con dos terroristas, uno de
los cuales falleció. Los tres atentados coincidieron con el tercer aniversario
de la muerte del máximo dirigente de los GRAPO, Enrique Cerdán Calixto, abatido
por la policía en un enfrentamiento en Barcelona.
El día del triple atentado de
los GRAPO estaba yo en la redacción de El Correo de Andalucía escribiendo
un reportaje en dos entregas sobre la vendimia en Jerez y Montilla-Moriles. Hube
de interrumpir mi trabajo para acudir al establecimiento de Artes Gráficas que
el empresario Rafael Padura tenía en la calle Luis Montoto. Nada más llegar, vi
partir una ambulancia. Entré en la librería, vi manchas de sangre en el suelo y
un dependiente que me decía que habían preguntado por él, que entraron en el
despacho situado a la izquierda conforme se entraba y que sin intercambiar
palabra le dispararon en la cabeza. El presidente de la Confederación de
Empresarios de Sevilla murió minutos después en la ambulancia que lo conducía al
hospital. Antes de que la policía me hiciera abandonar el local, el dependiente
me dijo que dos individuos, de entre 30 y 35 años, camuflados con peluca y
vestidos con chándal y zapatillas, preguntaron por él para después dispararle
dos tiros. Eran pasadas las doce del mediodía. Después fueron llegando los
periodistas y los viandantes se aglomeraron a las puertas del comercio. Rafael
Padura tenía 37 años, estaba casado y tenía dos hijos, de 12 y 9 años de edad.
Cuando ahora leo la noticia
de que los GRAPO vuelven a atentar, pienso si el tiempo se habrá detenido, si no
hay paréntesis posible que se cierre para siempre, si es posible romper para
siempre el espejismo de ver una bala atravesando el cristal del espejo y parando
el tiempo donde hubo de quedarse el tiempo muerto del ayer. Treinta miembros de
los GRAPO permanecen en la cárcel, donde apenas reciben ayuda del exterior,
excepto esta última noticia de una empresaria de Zaragoza que ha sido asesinada,
y no sabemos si para ellos este hecho aislado sólo es un percance que no hubo de
ocurrir, o si miran esta muerte como un síntoma de supervivencia, como una
posibilidad remota de remontar el vuelo pesado de su historia. Tanto tiempo
después, cuesta pensar que cualquier tipo de ideal secunde estos atentados y más
parece cierto, como sospecha la policía, que este comando ya no sea propiamente
una organización terrorista, sino un grupo de delincuentes comunes dedicados al
“terrorismo de subsistencia”. Pero ahí, precisamente, es donde radica su
peligro. Veintidós años después de aquel miércoles sangriento en que perdió la
vida Rafael Padura, Sevilla no logra correr un tupido velo sobre su pasado más
negro y sobre esos muros del internado de Sevilla II donde permanecen encerrados
30 miembros de esta organización terrorista.
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