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 EL RUIDO Y LAS NUECES

Truman Capote: de Algeciras a Holcom

 ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

 (Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

lopezhidalgo@us.es

 

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

Estos días se ha estrenado la película de Bennett Miller Truman Capote, genialmente caracterizado por el actor Philip Saymour Hoffman. En Estados Unidos se hizo con el título Capote, a secas. Posiblemente, como dice mi amiga Lola Domínguez, en España le han añadido el nombre al título para que el público no confunda la tragedia griega con un tema relacionado con la tauromaquia. Sea como fuere, el resultado es una historia un tanto deshilvanada, donde el gran acierto estriba en mostrar al espectador esa ambigüedad que lleva al escritor, por una parte, a obsesionarse con la historia de este cuádruple crimen, consciente de que ha encontrado aquí la materia necesaria para escribir una obra maestra, peor, al mismo tiempo, necesita mentir y traicionar a los condenados para que éstos le confiesen con detalle cómo maquinaron y llevaron a cabo el asesinato. Capote lo sabía y, efectivamente, A sangre fría supuso un éxito clamoroso y está considerada hoy la obra cumbre de aquel oxidado movimiento que Tom Wolfe denominó de manera reiterada Nuevo Periodismo nortaeamericano.

 

A Truman Capote se le atribuye la invención de la novela de no ficción, pero al parecer él nunca presumió de tamaño descubrimiento, si bien es cierto que consideraba que se trataba de un género nuevo y serio, y que él sencillamente sólo había aportado la obra más ambiciosa y perfecta, como en efecto lo es. En la propia película se le atribuye al escritor norteamericano la autoría de lo que él mismo denomina la novela documental. Obviamente, no inventó la novela de no ficción, también denominada novela-reportaje. Pero eso sí, A sangre fría supuso desde entonces la culminación de un género todavía en gestación. En los años 50, 60 y 70 se escribieron muchas o demasiadas novelas de no ficción, ese género en que las técnicas periodísticas y literarias se dan la mano para bordar un género sutilmente sugerente. El primero de estos reportajes novelados se publicó en 1946 con el título Hiroshima, obra de John Jersey, claro precedente de la novela-reportaje y que influiría notablemente en autores como Liliam Ross, Norman Mailer o Truman Capote. Jersey se mantiene fuera del relato, como si escribiera un reportaje, no quiere tomar parte de la historia que relata, sencillamente reconstruye con minuciosidad mediante entrevistas exhaustivas con seis personajes supervivientes de la tragedia lo que un año antes había sucedido en Hiroshima. Sobrio en el manejo de recursos estilísticos, desde las primeras líneas Jersey dice al lector qué va a ocurrir o qué ha ocurrido. Lo mismo hará Capote en A sangre fría o García Márquez en Crónica de una muerte anunciada.

 

La película de Miller vuelve a poner de moda a un escritor que todos deberíamos haber leído ya, sobre todo porque indagando entre líneas podemos descubrir las huellas vivas de la novela de nuestros días. Capote era caprichoso, amanerado, histriónico, patético, brillante, bajito, homosexual, alcohólico, drogadicto, pero sobre todo era un genio. Se ha escrito estos días que su obra maestra hizo de la no ficción algo tan literario como la ficción. Por supuesto, para nada comparto esa sospecha envenenada de que la ficción supera a la realidad. Muestra de ello es precisamente la obra de Capote y las obras que con posterioridad el periodismo, vestido de traje largo con los recursos propios de la literatura, ha aportado a nuestra historia más reciente. Capote murió en 1984 y no fue capaz desde la publicación de A sangre fría de ultimar una obra extensa. Sus obras posteriores se reducen a un conjunto de retratos, entrevistas, reportajes y cuentos magistrales, algunos de los cuales recogió con el título Música para camaleones.

 

La película, sobre todo, nos ayuda a acercarnos de nuevo a este escritor magistral, quien escribió algunas de las páginas sobre el asesinato de Holcom en la Costa Brava. En los próximos días además verá la luz Un placer fugaz, volumen que recoge su correspondencia completa a través de 700 páginas. Entre las cartas aquí recopiladas, incluye algunas que hacen referencia a nuestro país. Al parecer, Capote exagera en algunas de estas misivas. Por ejemplo, en julio de 1949 escribe a Cecil Beaton y alude a su viaje a la provincia de Cádiz. Dice así: “Hemos pasado algunas aventuras, de las que la más sorprendente ocurrió entre Granada y Algeciras, cuando de golpe toda la gente del tren empezó a gritar y a tirarse al suelo: ¡bandidos! Las balas silbaban. Lo que pasa es que no eran bandidos. Sólo eran unos españoles que habían perdido el tren y disparaban para que parase. A un hombre le dieron en la cabeza. Un país precioso”.

 

Posiblemente Capote exagere en estas cartas, pero diez años después dejó de hacerlo para contarnos de manera exhaustiva cómo dos jóvenes asesinaron a sangre fría a los cuatro miembros de una familia de granjeros de la América profunda. El resultado no es un libro precioso, sino una obra sencillamente perfecta.


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