Año II

 

              

 PORTADA

 Noticia del día

 Cádiz

 Jerez

 San Fernando

 El Puerto

 Chiclana

 Puerto Real

 Rota

Participa AQUÍ en la encuesta

 El Mundo

 Deportes

 Toros

 Opinión

 Cartas al Director

 El Derrotista

 Servicios

 Reserva Hoteles

 El Tiempo

 Prensa/TV/Radio

 Entrevistas

 A Fondo

 Foto-Noticias

 Bahía Cultural

 Carnaval366Días

 Suscribirse

 Patrocinadores

 Publicidad

 Quiénes somos

 Contacto Prensa

 Hemeroteca


 

   

 EL RUIDO Y LAS NUECES

Esa fatal coincidencia

 ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

 (Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

lopezhidalgo@us.es

 

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

Tiene la vida esa pretendida voluntad de asemejarse a la ficción, a los supuestos farragosos, a los casos imposibles e inusuales. Alguna vez un etarra asesinó a un ciudadano español con la firme sospecha de que con este acto facilitaba el camino a la independencia de su país. Se supo después que el asesino vivía puerta con puerta con su víctima. Y ese hecho tremendo pero a la vez corriente nos lleva a la conclusión de que en alguna ocasión los vecinos se tropezarían en el ascensor con un saludo afectuoso, o tomarían café en el bar de la esquina con esa indeferencia de dos seres humanos que no se conocen pero cuyos destinos se cruzan por avatares inciertos no del destino sino de la impiedad de unos desalmados.


En Sevilla hace unos años atraparon a dos etarras que habían alquilado un piso a las espaldas de la Facultad de Comunicación; entonces ubicada en la calle Gonzalo Bilbao. Alguna que otra mañana acudíamos a un café cercano a desayunar y posiblemente nos tropezamos con ellos mientras nosotros criticábamos el plan de estudios en vigencia y ellos planificaban un golpe de muerte efectivo y cruel. Supimos después por los medios de comunicación que dos camareras del establecimiento habían identificado sus rostros como los de aquellos ciudadanos tan amables que cada mañana se acercaban a comprar el pan. Aunque la policía sello el piso, un cámara de televisión pudo grabar a través de la ranura de la cerradura un ángulo del interior de la vivienda en el que sólo se podían ver colgados un par de jamones y un montón de chorizos. Se podría deducir, a la luz de tamaño paisaje, que el asesino necesita tener la mente clara para poder ejercitar el injusto e indigesto deporte del crimen.


Viajando a París para consumir en el país vecino el puente de la Inmaculada y de la Constitución leo en El País un reportaje de mi amigo Pablo Ordaz en el que cuenta que el terrorista de ETA que mato en 1980 a Ramón Baglietto ha comprado una cristalería en los bajos de la casa de Azkoitia donde vive su viuda, que actualmente es concejal del Partido Popular. Una vez más, la victima y el verdugo están condenados a vivir puerta con puerta. Esta historia, sin embargo, contiene otras casualidades que sólo pueden ser producto del infortunio.


En 1962, Ramón Baglietto alcanzó a coger al niño que una mujer llevaba en los brazos cuando esta se avalanzó contra un camión para coger a su otro hijo que se le había escapado de la mano. Sólo se salvo la criatura que Ramón arrebato a la madre. Unos años más tarde, concretamente el 13 de mayo de 1980, Ramón se dirigía a su casa cuando un terrorista se le cruzó en el camino y lo acribilló a tiros. Unos días después la policía detuvo a Kandido Azpiazu como autor de los disparos. Lo que no supo Ramón el día de su asesinato es que el niño que salvo en sus brazos ahora tenía 18 anos y era uno de los miembros del comando que acabó con su vida. El presunto autor del tiro de gracia en su sien, escribe Pablo Ordaz.


Tiene la vida esa intermitencia cruel que no le es dada a la ficción ni a la imaginación más solvente. Tiene la vida a veces un argumento entrelazado de momentos fatídicos sin desenlace posible. Kandido Azpiau fue juzgado y condenado a 49 años, pero redimió su pena y salio en libertad en 1995. El 16 de marzo de este año Azpiau compró la cristalería del número 14 de la calle Ibai-Ondo, el mismo edificio en el que vive Pilar Elías, la viuda de Ramón. Compro el local por 120.202 euros, pero la viuda aún no ha cobrado la indemnización por la muerte de su marido.


Tiene la vida ese sarcasmo atroz de las coincidencias recurrentes, repetidas hasta la saciedad por alguna maldición siniestra del azar. Leo este reportaje mientras el avión toma tierra en el aeropuerto de Orly, y se me queda la imagen de la cristalería grabada en la mirada todos estos días en que recorro admirado observando los rincones majestuosos de París, mojado por fuera con la lluvia intermitente de Lyon y por dentro del vino tinto de la tierra que Yoko bebe con ese elegancia del momento tan esperado mientras mi amigo Samuel González asume su papel de chófer insobornable que no se deja seducir por el aroma de estos caldos embriagadores.


Viajo a Suiza con el frío pegado a los pies y con la sensación permanente que deja en el cuerpo la imagen clara de una cristalería que no podía estar ubicada en otro rincón de la ciudad sino en el bajo del mismo edificio en el que la viuda de Ramón quema sus días y su mirada cuando se cruza por la misma acera con ese hombre ya maduro que cuando era niño su marido arrebato de los brazos a su madre para que ejecutara, como Judas, la misión que el destino le tenía encomendada y que nadie como Pilar Elías conoce hasta en sus detalles más insignificantes.


 

ARTÍCULOS ANTERIORES

VER TODOS LOS TITULARES DEL DÍA                     

  Portada Principal © DIARIO Bahía de Cádiz (BC) Aviso Legal 
Publicidad -  Poner como página de inicio  -  Añadir a Favoritos  -   ¿Quiénes somos?

C/Profesor Antonio Ramos, 12, 3ºIZQDA - 11100 San Fernando (CÁDIZ)

@ contactar