
Desconocemos las razones y,
de momento, también las consecuencias de esa noticia que tanto recuerda ese
chiste sin sentido del humor al que todos hemos recurrido en alguna ocasión y
que hace referencia a ese ciudadano que va al concesionario a comprar un coche
último modelo pero, por favor, que incluya también a la rubia de la publicidad
que se sentaba en el asiento del conductor. Pero nada, ya se sabe que la
publicidad, como la magia, nos muestra una realidad virtual que sólo es
tangible en ese mundo incierto de los sueños. Pero no es éste el caso.
El caso es que una bella
rubia estadounidense de Denver ha decidido poner a la venta su casa a través
del portal de Internet eBay. Desde luego, lo que pide por su hasta hogar no es
moco de pavo. Ella se conforma con la modesta cantidad de 600.000 dólares.
Posiblemente haya sido tan elevada cantidad la razón que ha disuadido a
posibles compradores del empeño de convertirse en propietarios. Pero esta
rubia yanqui, antes que bajar el precio, ha optado por ofrecer al presunto
comprador el inmueble amueblado, con la particularidad de que en el lote va
incluida ella misma.
La rubia tiene 48 años y es
fabricante de joyas. Pero quien hace la ley hace la trampa, dice el refrán. O
lo que es lo mismo: quien pone el anuncio añade la letra pequeña. Es decir,
que el nuevo propietario no sólo debe soltar la pasta, sino además casarse con
la dueña del hogar. Eso sí, la única condición previa es que la edad oscile
entre los 40 y 60 años. A raíz de otros detalles que no han pasado
desapercibidos a los ciudadanos de Denver, la futura vida del nuevo
propietario no parece que vaya a derrapar por la vía del aburrimiento o la
desidia, pues la vivienda viene ya equipada con salón de billar, jacuzzi y
televisión de pantalla gigante.
El dinero, dicen, no da la
felicidad. Pero para casos como éste, parece que no ayuda demasiado ser un
colgado sin una moneda. Es lo que tiene la publicidad: que te pone el pastel
delante de la nariz, pero su espejismo se resquebraja apenas parpadeamos. No
se sabe, eso sí, si la mencionada dueña de la casa a vender ha recibido más
visitas de curiosos que de ciudadanos convencidos de que necesitan un nuevo
hogar con pareja ya incorporada.
De España esta buena mujer
debe haber recibido pocas llamadas preguntando por esta oferta 2x1, a modo de
técnicas ya manidas por las grandes superficies. Los datos así lo evidencian.
De una parte, el resultado del crucero Medias Naranjas no fue el esperado.
Cuando se despidieron sus protagonistas, en el puerto de Málaga, sólo
alcanzaron a besarse en la mejilla. Los únicos besos de pasión que se vieron
eran falsos como las rebajas de enero: se trataba de dos actores que estaban
rodando una serie de Canal Sur. La fatídica idea del crucero la gestó Gama 10,
una agencia de viajes de la Costa del Sol, que atrajo a gente de entre 29 y 70
años, aunque la media se situaba sobre los 45, que generalmente eran
separados, divorciados o viudos. Está claro que la belleza de Venecia,
Dubrovnik (Croacia), Corfú (Grecia), Malta o Túnez no sedujo que estos
presuntos amantes.
El otro entimema sobre el
que se sustenta mi lógica informal lo ha hecho pública la prensa estos días y,
como es lógico, no deja de ser alarmante. Al parecer, los españoles mantenemos
–perdón, mantienen- una media de 105 relaciones sexuales al año. Es decir, dos
por semana. Esta dudosa cifra –a mi parecer- supone una reducción de cinco
coitos anuales respecto al año pasado, según se desprende del Informe Durex
2005. Igual lo que no sabe esta empresa es que los españoles además lo hacen
sin protección o manejando con arte la marcha atrás. Pero eso sí, la fama de
los hispanos no es un mito. De hecho, se sitúan por encima de la media
mundial, que según esta encuesta es de 103 anuales. Pero los griegos son los
que se la llevan calentita, con una media de 138 relaciones sexuales al año
por habitante. Lo que no alcanzo a entender es cómo los protagonistas del
crucero del amor antes mencionado no se aprendieron la lección cuando el barco
atracó en el puerto de Corfú. Es lo peor de la vida: tener el sueño delante de
tus narices y no verlo. O sea, al revés que la publicidad.
La idea de organizar
cruceros para personas sin parejas es una novedad en España, pero no en
Estados Unidos. Me da la impresión, no sé por qué, que la rubia que pretende
vender la casa con ella dentro ya practicó la demagogia de viajar por mar y le
debe haber mareado el porcentaje del fracaso con que sucumbió a aquella
experiencia. Así es que ni corta ni perezosa puso toda la carne –perdón, todos
los ladrillos- en el asador –perdón, en la agencia inmobiliaria-. Llevo unas
semanas llamándola, pero siempre comunica. No sé si es que hay demasiados
clientes o es que la señora encontró comprador y pareja y anda de crucero por
esos mares de Grecia que Dios guarde de todo recato e intromisión. Así sea.
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