
Leonor ha venido al mundo
con un pan bajo el brazo. Tal vez, por esa razón, la Reina dijo sin ambages
que la niña es gordita y llorona. Leonor también ha venido al mundo con una
Constitución bajo el brazo, de ahí que haya puesto a cavilar a todas las
fuerzas políticas del terruño. Leonor ha venido, sobre todo, para echar a un
lado todas las demás noticias que nos acuciaban desde hacía tantas semanas con
huracanes, atentados y tensiones políticas. Pero además Leonor vino al mundo
bajo un manto de lluvia, que así lo quisieran para ellos los hortelanos de las
tierras de Murcia, por donde no llueve ni aún sabiendo que la Corona ya tiene
continuidad en nuestro país.
Leonor, nada más nacer, ya
es infanta, tendrá tratamiento de Alteza Real y es la segunda en la línea
sucesoria después de Don Felipe. Es la segunda, claro, si al padre no le da
por ser padre otra vez de un hijo varón. Por esta razón, aunque no es
acuciante, la tarea de reformar la Constitución es necesaria para corregir una
anomalía en los tiempos que corren por la cual el hombre ya no tendrá
preferencia sobre la mujer para heredar el trono de España. De hecho, los
movimientos feministas y las mujeres en las instituciones ya han alzado la voz
para advertir que esta reforma de la Constitución será un paso más contra la
discriminación y que el nacimiento de la heredera contribuirá a la igualdad de
la mujer.
Leonor, nada más nacer, también ha puesto a trabajar a los políticos. Tanto
Gobierno como oposición apoyan el cambio de la Constitución para que la niña
sea reina, aunque Rajoy ya ha pedido que esta reforma no se mezcle con otras
reformas. La reforma de la sucesión habría de modificar el artículo 57.1, el
cual reviste una cierta complejidad pues implica su aprobación con una mayoría
de dos tercios de las cámaras, convocar elecciones, volver a aprobar el texto
por la misma mayoría de las cámaras y ratificarlo en referéndum. De manera que
PSOE y PP tendrían que llegar a un acuerdo en la primera votación en esta
legislatura pero también en las nuevas Cortes.
Como decíamos, Rajoy ha
pedido que no se mezcle esta reforma con otras, pero no parece conveniente
llevar a cabo una consulta exclusivamente sobre una cuestión sucesoria, ya
que, como ha planteado más de un diario, podría convertirse en un plebiscito
sobre la Monarquía. Es decir que el nacimiento de Leonor, además de todo lo
dicho, ha puesto frente a frente a los dos partidos mayoritarios para ver si
son capaces de cerrar algún acuerdo en torno a esta España cambiante que
Leonor, con su sola presencia, ha sabido plantear a quema ropa sin apenas
haber abierto la boca como no sea para llorar. Eso sí, esperemos que el llanto
no sea por el dolor del país donde le ha tocado nacer.
Leonor ha venido al mundo
con un nombre literario, aunque sea cierto también que es poco usual. Estos
días, el Instituto Nacional de Estadística ha estado ofreciendo información a
los medios de comunicación sobre la frecuencia que se impone el nombre que
lleva la infanta. A saber, sólo lo recibieron 77 de las 219.059 niñas nacidas
el año pasado en España. En 2003, se impuso a 68 de las 214.297 bebés. Además,
la nieta de Don Juan Carlos y Doña Sofía es la segunda princesa de Asturias
con ese nombre. Los primeros Príncipes de Asturias de nuestra historia fueron
Enrique III el Doliente y Catalina de Lancaster que contrajeron matrimonio él
con nueve años y ella con 16. Enrique y Catalina tuvieron una nieta: Leonor de
Aragón, quien fue la primera Princesa de Asturias con ese nombre. La hija de
Doña Leticia y Don Felipe será la segunda.
Pero Leonor habrá de
esperar todavía a que su padre sea rey para recibir el título. Pero con el
ritmo que trae en el cuerpo esta criatura, no es de extrañar que la espera sea
breve. Lleva sólo unos días en el mundo y ya ha comenzado a reformar el país
como no han sido capaz de hacerlo ni Zapatero ni Rajoy, ni su padre ni su
abuelo. Viene esta niña con aires innovadores que nadie adivina, que ha puesto
en jaque hasta los republicanos menos convencidos que miran con ojos de
sospecha hasta dónde es capaz de llegar una criatura que ha nacido en un país
en el que nos cuesta blindar un acuerdo aunque sólo sea para salir a la calle
a ver la lluvia caer. Y si no que se lo digan a Don Felipe y a Doña Leticia,
que no celebran ningún acontecimiento sin un buen chaparrón.
Por alguna razón que
desconozco, he recordado estos días el relato de García Márquez titulado
Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo (1955). Que traducido al
castellano, y viendo la que está cayendo en el país, podría decir más o menos
Monólogo de Leonor viendo llover en España (2005).
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