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 EL RUIDO Y LAS NUECES

Leonor viendo llover en España

 ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

 (Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

lopezhidalgo@us.es

 

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

Leonor ha venido al mundo con un pan bajo el brazo. Tal vez, por esa razón, la Reina dijo sin ambages que la niña es gordita y llorona. Leonor también ha venido al mundo con una Constitución bajo el brazo, de ahí que haya puesto a cavilar a todas las fuerzas políticas del terruño. Leonor ha venido, sobre todo, para echar a un lado todas las demás noticias que nos acuciaban desde hacía tantas semanas con huracanes, atentados y tensiones políticas. Pero además Leonor vino al mundo bajo un manto de lluvia, que así lo quisieran para ellos los hortelanos de las tierras de Murcia, por donde no llueve ni aún sabiendo que la Corona ya tiene continuidad en nuestro país.

 

Leonor, nada más nacer, ya es infanta, tendrá tratamiento de Alteza Real y es la segunda en la línea sucesoria después de Don Felipe. Es la segunda, claro, si al padre no le da por ser padre otra vez de un hijo varón. Por esta razón, aunque no es acuciante, la tarea de reformar la Constitución es necesaria para corregir una anomalía en los tiempos que corren por la cual el hombre ya no tendrá preferencia sobre la mujer para heredar el trono de España. De hecho, los movimientos feministas y las mujeres en las instituciones ya han alzado la voz para advertir que esta reforma de la Constitución será un paso más contra la discriminación y que el nacimiento de la heredera contribuirá a la igualdad de la mujer.


Leonor, nada más nacer, también ha puesto a trabajar a los políticos. Tanto Gobierno como oposición apoyan el cambio de la Constitución para que la niña sea reina, aunque Rajoy ya ha pedido que esta reforma no se mezcle con otras reformas. La reforma de la sucesión habría de modificar el artículo 57.1, el cual reviste una cierta complejidad pues implica su aprobación con una mayoría de dos tercios de las cámaras, convocar elecciones, volver a aprobar el texto por la misma mayoría de las cámaras y ratificarlo en referéndum. De manera que PSOE y PP tendrían que llegar a un acuerdo en la primera votación en esta legislatura pero también en las nuevas Cortes.

 

Como decíamos, Rajoy ha pedido que no se mezcle esta reforma con otras, pero no parece conveniente llevar a cabo una consulta exclusivamente sobre una cuestión sucesoria, ya que, como ha planteado más de un diario, podría convertirse en un plebiscito sobre la Monarquía. Es decir que el nacimiento de Leonor, además de todo lo dicho, ha puesto frente a frente a los dos partidos mayoritarios para ver si son capaces de cerrar algún acuerdo en torno a esta España cambiante que Leonor, con su sola presencia, ha sabido plantear a quema ropa sin apenas haber abierto la boca como no sea para llorar. Eso sí, esperemos que el llanto no sea por el dolor del país donde le ha tocado nacer.

 

Leonor ha venido al mundo con un nombre literario, aunque sea cierto también que es poco usual. Estos días, el Instituto Nacional de Estadística ha estado ofreciendo información a los medios de comunicación sobre la frecuencia que se impone el nombre que lleva la infanta. A saber, sólo lo recibieron 77 de las 219.059 niñas nacidas el año pasado en España. En 2003, se impuso a 68 de las 214.297 bebés. Además, la nieta de Don Juan Carlos y Doña Sofía es la segunda princesa de Asturias con ese nombre. Los primeros Príncipes de Asturias de nuestra historia fueron  Enrique III el Doliente y Catalina de Lancaster que contrajeron matrimonio él con nueve años y ella con 16. Enrique y Catalina tuvieron una nieta: Leonor de Aragón, quien fue la primera Princesa de Asturias con ese nombre. La hija de Doña Leticia y Don Felipe será la segunda.

 

Pero Leonor habrá de esperar todavía a que su padre sea rey para recibir el título. Pero con el ritmo que trae en el cuerpo esta criatura, no es de extrañar que la espera sea breve. Lleva sólo unos días en el mundo y ya ha comenzado a reformar el país como no han sido capaz de hacerlo ni Zapatero ni Rajoy, ni su padre ni su abuelo. Viene esta niña con aires innovadores que nadie adivina, que ha puesto en jaque hasta los republicanos menos convencidos que miran con ojos de sospecha hasta dónde es capaz de llegar una criatura que ha nacido en un país en el que nos cuesta blindar un acuerdo aunque sólo sea para salir a la calle a ver la lluvia caer. Y si no que se lo digan a Don Felipe y a Doña Leticia, que no celebran ningún acontecimiento sin un buen chaparrón.

 

Por alguna razón que desconozco, he recordado estos días el relato de García Márquez titulado Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo (1955). Que traducido al castellano, y viendo la que está cayendo en el país, podría decir más o menos Monólogo de Leonor viendo llover en España (2005).


 

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