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 EL RUIDO Y LAS NUECES

Trafalgar

 ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

 (Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

lopezhidalgo@us.es

 

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

Hace ahora  doscientos años acaecieron los hechos que Benito Pérez Galdós relató en el primero de sus Episodios Nacionales. La pasada semana, el Gobierno andaluz quiso recordar, con la celebración de distintos actos, lo que aconteció en la Batalla de Trafalgar. El Centro de Arqueología Subacuática (CAS), organismo creado por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, comenzó hace unos años las prospecciones de localización de los restos de la Batalla de Trafalgar, después de haberse establecido un listado de posibles zonas de hundimiento para cada uno de los doce navíos naufragados como fruto de una exhaustiva recopilación de información y confrontación de las distintas fuentes, o las actuaciones arqueológicas en los bajos al noroeste de Cádiz, una de las zonas más ricas arqueológicamente de toda Andalucía. Para alcanzar este objetivo la mayor parte de estos navíos hundidos ya estaban localizados y sólo pendientes de que se iniciara su recuperación y catalogación.

 

A lo largo del siglo XIX se publicó mucha bibliografía sobre la Batalla de Trafalgar, tanto por parte de autores nacionales como extranjeros, sin embargo han sido escritas desde un punto de vista histórico, analizando las causas, el desarrollo y las consecuencias desde un punto de vista político y humano, pero nunca hasta la fecha se había planteado analizarla desde un punto de vista arqueológico, como sucede ahora con el Proyecto Trafalgar.

 

 En la documentación consultada, el CAS ha encontrado referencias a lo sucedido con esos navíos, no obstante no han sido numerosas ni fructíferas, además de ser poco unánimes en cuanto a la indicación de las zonas donde se produjeron los hundimientos a causa del fuerte temporal que se desató durante varios días después de la batalla. Después de contrastar la información, el CAS localizó las zonas de hundimiento de varios navíos naufragados con actuaciones arqueológicas o bien por referencias orales con hallazgos subacuáticos de cañones, restos de madera o forro de cobre del casco del buque.

 

La siguiente fase del Proyecto Trafalgar consistía, lógicamente, en el planteamiento de actuaciones arqueológicas, tanto de los pecios que tradicionalmente han sido adscritos a este enfrentamiento entre la escuadra inglesa y franco-española, como en las zonas apuntadas en esta fase documental como posibles áreas de naufragios de los navíos, que a consecuencia de los daños sufridos en el combate primero y posteriormente por el temporal que sobrevino a la batalla, se produjeron.

 

El objetivo último es clarificar mediante una metodología arqueológica, en la medida de lo posible, la identificación y datación de los restos materiales, para luego facilitar su conservación como parte integrante de nuestro Patrimonio Arqueológico Subacuático.

 

En este famoso combate naval se enfrentaron el 21 de octubre de 1805 frente al Cabo de Trafalgar, en el Sur de la Península Ibérica, un total de 74 barcos; una parte, bajo pabellón inglés a las órdenes del almirante Nelson, y otra formada por la escuadra aliada hispano-francesa comandada por su homólogo francés Villeneuve. El almirante francés había sido informado erróneamente de las fuerzas navales al mando de Nelson: un total de 18 navíos, por lo que salió de la Bahía convencido de su superioridad numérica. Sin embargo, su alegría duró poco, porque Nelson contaba realmente con una fuerza de 27 navíos, cuatro fragatas y dos balandras, con más de 2.000 piezas de cañones.

 

Los ingleses, después de su rotunda victoria, apresaron 18 navíos. Al combate le sucedió una situación más extrema: el temporal predicho por los marinos españoles se desató y con bastante fuerza. En un recuento final, se hundieron cinco navíos de nacionalidad francesa: Aigle, Berwick, Bucentaure, Fogueux, Indomptable. Ocho de nacionalidad española: Argonauta, Monarca, Neptuno, Rayo, San Agustín, San Francisco de Asís y Santísima Trinidad. En definitiva, sólo diez barcos de la Escuadra Combinada entraron en el puerto de Cádiz: Montañés, Príncipe de Asturias, Santa Ana, San Justo, San Leandro, Algeciras, Argonaute, Héros, Neptune y Plutón. En los días siguientes a la batalla aparecieron gran cantidad de restos de los navíos destrozados, así como multitud de cadáveres en la costa de Cádiz.

 

Además de las labores de rescate de los supervivientes, se establecieron una serie de actuaciones para recuperar los restos de los navíos que se pudieran reutilizar. La Batalla de Trafalgar significó la decadencia de la Marina Española. Muchos de los "navíos de línea" que surcaron los mares, con la pérdida de las colonias americanas, terminarían pudriéndose en los astilleros españoles por falta de carena. El silencio de la prensa local, a pesar de que los gaditanos fueron testigos de primera fila, es extensivo tanto a la prensa nacional como a la prensa francesa. Ello se debe a la intención de los dos gobiernos de silenciar el desastre.

 

El CAS ha catalogado desde su creación, en el año 1997, 26 yacimientos y constatado la potencialidad arqueológica, a falta de realizar un estudio en profundidad, de otros 45 en el amplio litoral andaluz de algo más de 800 kilómetros. Estas actuaciones se han centrado en Almería (fundamentalmente en la zona de Cabo de Gata), Granada (La Herradura), Málaga (Estepona) y Cádiz (Tarifa, Conil y Cádiz).

 

La elaboración de este catálogo de yacimientos fue desde sus inicios uno de los objetivos prioritarios del CAS, ubicado en el antiguo Balneario de la Palma de la ciudad de Cádiz, en cuanto que su conocimiento es requisito indispensable para realizar las tareas de investigación y protección que tiene encomendadas de la Consejería de Cultura. El Centro partía además de una situación de gran desconocimiento de este patrimonio, como indica el desfase existente entre los yacimientos terrestres (12.208 registros) y subacuáticos (51 registros, tanto de yacimientos como de zonas de alta intensidad arqueológica) recogidos en el Inventario de Yacimientos Arqueológicos de Andalucía (IYAA). Estos trabajos del CAS han puesto de manifiesto no sólo el escaso conocimiento que se posee sobre el Patrimonio Arqueológico Subacuático andaluz, sino el grado de expolio al que se ve sometido.


 

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