Número 3.232 - Año XIII - martes, 25 de abril de 2017

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El intérprete elegido para el concierto: Manuel Guillén, catedrático de violín / FOTO: Francisco Mesa

Festival de Música Española: Manuel Guillén y las Mujeres Compositoras, un combinado de sabor exquisito

Francisco Mesa - 29/11/2014 (19:38h)

 

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CRÍTICA. El Taller de Mujeres Compositoras es una apuesta firme y decidida del Festival de Música Española de Cádiz con el objetivo de potenciar y difundir la creación musical femenina. El taller tiene nueve años de existencia y un breve recuento nos informa que han pasado por él veinte compositoras y cerca de cien obras. De la importancia que se concede a este Taller, santo y seña del Festival gaditano, da cuenta que en esta edición han estrenado obras una mayoría significativa de las compositoras que han pasado hasta ahora por el mismo. Casualmente, o no, doce de ellas para la décimo segunda edición dan cuenta del interés de todos por dar voz al silencio histórico sobre el papel de la mujer en la música.

Además, la importancia del evento vino reforzada por el intérprete elegido para el concierto: Manuel Guillén, catedrático de violín del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. De su trabajo dimos cuenta hace unos años, cuando participó en el FMEC con un selecto programa de obras para violín de compositores españoles; un hito en su incansable, entusiasta y meritoria labor de difusión de la música española para violín de nuestros tiempos.

El intérprete señaló previamente al concierto la variedad de estilos de las obras a interpretar en este Taller “no solo porque las compositoras que participan en el taller van desde los 30 hasta los 80 años; obviamente cada una tiene su estilo, y además algunas me piden que interprete más matice”. Variedad que hace difícil establecer categorías en las creaciones presentadas y, mucho menos, establecer grados de apreciación sobre las mismas.

Ya en las dos primeras obras interpretadas percibimos enfoques estilísticos diferentes, no necesariamente antitéticos. El origen remoto del Solo para violín Marisa Manchado se encuentra en su primer cuarteto de cuerda, Rinascita, obra compuesta en 2004. Solo para violín es una pieza donde explora los armónicos, una perspectiva contemporánea que anima a la exploración tímbrica y nuevas realidades sonoras en forma de sonidos inusuales y ataques no tradicionales. Una obra técnica que permite la exhibición de las capacidades virtuosísticas del intérprete aplicadas a la conformación sonora de las melodías armónicas integradas en esta obras. La joven compositora Maria José Arenas prefiere la corporeidad del sonido en Maktub I, que explora las cualidades expresivas del instrumento, exhaustivamente y sin resquicio al silencio, siguiendo la estela de la tradición. La preponderancia de la melodía sobre los recursos técnicos impregna esta pieza. En un punto intermedio entre el Solo para violín de Marisa Manchado y Maktub I de Mª José Arenas se puede situar Loan de Rosa Mª Rodríguez Hernández absorbiendo los méritos técnico-expresivos de ambas creaciones con imprecisa definición de su objetivo, aunque su final es por cierto emocionalmente intenso.

Carmen Fernández Vidal continúa la serie iniciada el año pasado en la pieza para clavicémbalo con su Toccata seconda para violín, que desarrolla al principio con un trazado de cambios alternados, y en el que destaca la tensión conseguida con su final de carácter contrastante. Elogio del agua de Iluminada Pérez Frutos es un trabajo donde el tempo tiene importancia decisiva en la apreciación del oyente, que mantiene la tensión desde la primera exposición motívica. La monotonía de la persistente reiteración temática se diluye en las pequeñas variaciones tímbrico-melódicas y en los sutiles cambios de articulación que se imbrica en el desarrollo temático.

En la parte central del concierto, La escenificación y la dramatización de las piezas interpretadas dominan las cualidades sonoras de la composición. Diana Pérez Custodio dedica su pieza The Voice of the Devil al propio Manuel Guillén que surge como un homenaje a William Blake en la que se plantea “una disquisición entre lo que está bien y lo que está mal”. El discurso textual es básico, el intérprete lee el texto en voz alta a la vez que desarrollo el trasfondo sonoro, sobre la idea del propio Blake que “si las puertas de la percepción fueran limpias, aparecería como infinitas”.

Dolores Serrano Cueto (Piedras, mejor ¡no habléis!) define con precisión su obra: “Intenta transmitir ese eco pelágico, esas caricias y toqueteos que les damos a las piedras que recolectamos en la orilla de la playa, y que lo mismo desechamos tras entrar en contacto con ellas. También… la historia que van acumulando a lo largo del tiempo. Y simbólicamente todo está relacionado con las piedras que llevamos en la mochila y que vamos arrojando”. Tres simbologías que articula Dolores Serrano en una representación tripartita, dividiendo el escenario en tres espacios diferentes que recorre el intérprete, a la vez que arroja de vez en cuando algunas piedras al suelo.

Anna Bofill Levi repite tema con su Spazio frammentato II, esta vez para violín, con un objetivo de expresar el contraste entre estaticidad y movimiento, entre la permanencia y el cambio, entre determinación e indeterminación. En Cenit de Consuelo Díez Fernández destaca su exploración de recursos de articulación sobre la base inicial de una repetición de motivos, aunque la exhibición técnica no seduce al auditorio. Sin embargo, la compositora canaria Laura Vega Santana exhibe un inusitado lirismo melódico en Alone, con resonancias tardo-barrocas. La textura sonora se expande en la fase final de la pieza, tanto con una reelaboración polifónica del desarrollo melódico inicial, como con la exploración tímbrica en los límites de la tesitura y el refuerzo dinámico del discurso.

La Obsesión de Mª Luisa Ozaita se representa con un motivo en cuerdas dobles con sus pausas correspondientes, que expresan “la inquietud del durmiente mientras vive la pesadilla en sueños”. El retorno al proceso inicial, tras una parte melódico-armónica, refuerza conceptualmente la obsesión que intenta transmitir en su obra. Finalmente, la compositora Teresa Catalán rescata el paisaje urbano de la capital navarra para dar título a su Belena de San Cernin, un trabajo de variaciones tímbrico-melódico sobre un ostinato en registros graves que buscan un punto de reposo sobre dos cuerdas. En su cuerpo central, esta pieza revive el sentimentalismo melódico atribuido al instrumento base de este concierto.

Concierto magníficamente ejecutado por Manuel Guillen, con toda suerte de retos interpretativos que resuelve con su excelente capacidad técnica. DIARIO Bahía de Cádiz Francisco Mesa


FICHA DEL CONCIERTO:

XII Festival de Música Española de Cádiz
Taller de Mujeres Compositoras. Manuel Guillén, violín. Programa (Estreno absoluto):   I – Marisa Manchado Torres (1956) Solo para violín. Mª José Arenas Martín (1983) Maktub I. Rosa Mª Rodríguez Hernández (1963) Loan. Carmen Fernández Vidal (1970) Toccata seconda. Iluminada Pérez Frutos (1972) Elogio del agua. Diana Pérez Custodio (1970) The Voice of the Devil.   II – Dolores Serrano Cueto (1967) Piedras, mejor ¡no habléis! Anna Bofill Levi (1944) – Spazio frammentato II. Consuelo Díez Fernández (1958) Cenit. Laura Vega Santana (1978) Alone. Mª Luisa Ozaita (1939) Obsesión. Teresa Catalán (1951) Belena de San Cernin.
Lugar y día: Salón del Claustro de la Diputación de Cádiz, 22 de noviembre de 2014. Asistencia: un cuarto de aforo.

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