El Ayuntamiento de Cádiz
inauguraba en la tarde del viernes 2 de mayo, en la plaza de la
Constitución, el monumento con el que se quiere conmemorar el trigésimo
aniversario de la vigente Constitución Española, la de 1978. Un acto
presidido por la propia alcaldesa, Teófila Martínez, y la mayor parte del
Gobierno local, además del propio autor de la obra, Luis Quintero.
El monumento reemplaza al señero
ficus frente al edificio de Hacienda, que ha sido trasladado al parque de
Astilleros, aunque durante el acto del viernes algunos ciudadanos
denunciaron y protestaron por este hecho.
En la jornada del martes comenzó
a instalarse este monumento ciertamente polémico, ya que desde la oposición
se pidió que se convocara un concurso para elegir el diseño. Pero no, el
proyecto lo encargó el Gobierno local al chiclanero Luis Quintero, que
esbozó una primera idea, que incluso fue presentada a los medios, de cuatro
metros y sobre el concepto antropomórfico de una interpretación filosófica
de la Carta Magna. Finalmente se cambió el proyecto por la idea de
pájaro-jaula.
La idea final que escenifica el
monumento a la Constitución del 78 es la de un pájaro, como símbolo de
“libertad”, incrustado en una especie de jaula, como símbolo de la opresión.
“Cuando me encargan un trabajo sobre la libertad, trabajo con elementos
contrarios. Así la idea del pájaro representa la libertad infinita, sin
límite, y la jaula simboliza la falta de ella, la opresión. La cola, además,
simboliza la escalera hasta recorrer esa preciada libertad”, ha señalado el
propio autor.
“Es importante dotar a la ciudad
de objetos que inviten a la reflexión, dar más cabida a las esculturas, que
inviten a la poesía, y este momento, la conmemoración de la actual
Constitución Española, era un momento propicio para ello”, afirma Quintero.
El monumento es transparente, en
acero inoxidable, y tiene unas dimensiones de nueve metros de altura por 10
metros de anchura.
Esta obra se iba a colocar en
principio frente a las Puertas de Tierra. Aunque finalmente se deja a un
lado, frente a Hacienda.
MONUMENTO SOLIDARIO, VÍA SMS
El pájaro-jaula de Quintero
incorpora, además, según informaron fuentes municipales a DIARIO Bahía de
Cádiz, una novedad especial “que realza el sentido de libertad y solidaridad
de lo representando tanto por la propia figura como por el texto
constitucional al que alude”.
El Consistorio, tras acordarlo
con el propio autor, está trabajando para que a través de un servidor de
telefonía móvil exclusivo para el pájaro-jaula que ya está instalado en el
propio monumento, la puerta simbólica de la jaula, ubicada en la parte
delante del monumento, se abra mediante el envío de un mensaje corto desde
cualquier teléfono móvil. Este mecanismo de comunicación a través de la
domótica serviría como acción solidaria, ya que los beneficios de los costes
de envíos de los SMS irán destinados a una organización benéfica.
De esta forma, afirman fuentes
municipales, se consigue otorgar al monumento la idea de libertad expresada
por el propio autor, no sólo por la imagen visual del mismo conjugando las
ideas de prisión de la jaula y la libertad del pájaro, sino también a través
de que cualquier ciudadano tenga la libertad de abrir el mecanismo enjaulado
del monumento, conocedor además de que con esa acción participa de una
acción social.
El Ayuntamiento sigue, de esta
forma, con su proyecto ‘Cádiz 2012’ para conmemorar el Bicentenario de la
Primera Constitución Española, la de Cádiz de 1812, “dándole a uno de los
documentos más importantes de nuestra historia el escenario y lugar que
merece en nuestra ciudad”.
LA
MACROBANDERA
Por otro lado, y previo a la
inauguración del monumento de Quintero, el Ayuntamiento procedía a izar la
macrobandera de España en la Plaza de Sevilla, en esta ocasión
justificándose en los “actos conmemorativos del 2 de mayo”, bicentenario de
la Guerra de la Independencia. Y tras varias interpretaciones seguidas del
himno nacional.
Este pendón –también
polémico- de más de 70 metros cuadrados ya se intentó levantar sobre el
cielo de Cádiz un lluvioso 19 de marzo, de infausto recuerdo para alguno.
Día en el que, por efecto del agua y el viento, la tela no resistía y se
rasgaba en plena ceremonia. Horas después era colocada, con nocturnidad,
otra bandera más pequeña, en comparación con el mástil, de más de 20 metros.