31/08/2010. Francisco Mesa
En la época preindustrial, no hace tanto tiempo según se mire, la mayoría de las actividades artesanales se hacían a ojo, sin medida ni cálculos previos. Así que, para disponer de una cuba de vino no había más remedio que confiar en la habilidad del artesano cubero para conseguir volúmenes con las medidas deseadas. El reconocimiento de la habilidad del maestro artesano para realizar cubas de la misma capacidad nos legó la expresión “a ojo de buen cubero”, aunque utilizamos “a ojo” para indicar que la medida no se realiza con exactitud ni precisión.
Nuestra vida habitual está salpicada de muchos “a ojo”. A ojo se calcula los avíos del puchero, a ojo te suben los impuestos, algunos tenderos parecen pesar a ojo y así muchas más. A poco que te descuidas, un albañil poco experto que realice un trabajo de reforma interior en tu casa, un “chapú” en la jerga, primero te presenta un presupuesto a ojo, te levanta paredes perfectamente oblicuas a ojo, y luego pasas trastornado unos días al finalizar la obra hasta que consigues deshacerte de ladrillos, cajas de azulejos y un montón de arena, sobrantes por sus cálculos a ojo.
Por eso, dar información precisa y exacta es signo de modernidad, capacidad y buen hacer. Cuando José Loaiza propone como eje de su pretendida actividad como alcalde, la colocación de 3.500 árboles de sombra, se muestra como un político previsor y capaz. También oportunista, porque la propuesta se recibe con más agrado en estos calurosos días de agosto; pero no le falta razón a José Loaiza, San Fernando precisa de más sombra (o le sobra, según se mire). Pero, ¿por qué 3.500? ¿No podrían ser 3.564, por ejemplo? La precisión de José Loaiza supera con creces al ojo de buen cubero, es producción matemática de una máquina robotizada, moderna y eficaz.
Al fin, hay alguien que parece saber de cuentas y medir con exactitud, precisión y fiabilidad. Comparen si no con las dichosas (pueden serlo, según se mire) cuentas del ayuntamiento de San Fernando. UPyD, que lleva todo el verano “echando un ojo” al informe de la Cámara de Cuentas, descubre que el funcionario de turno sencillamente lleva las cuentas del ayuntamiento a ojo. Se supone que tal funcionario municipal ha superado unas duras oposiciones en las que le han medido su capacidad, matemática sobre todo; pero ahí está “el artista” confundiendo miles con millones y llenando el hueco con facturas falsas para equilibrar. Muy sagaz, ¿no?
Adivine usted de dónde sale la cifra, pero don José ya tiene calculado que son necesarios 3.500 árboles, ni uno más ni uno menos. Ahora bien, en cálculo y preocupación por el medio ambiente no gana nadie al actual equipo de gobierno del ayuntamiento isleño, por mucho que se empeñe José Loaiza. Cuando en el año 2005 se aprobó el convenio urbanístico con los reversionistas de los antiguos polvorines de Fadricas afirmaron que San Fernando dispondría de un nuevo pulmón verde de 273.351 m2, un 50,8% de dichos terrenos. Como una imagen vale más que mil palabras, reproduzco el diseño de la urbanización proyectada.

Puede observarse que la mayor parte del gran pulmón verde prometido corresponde a la franja de servidumbre del dominio público marítimo-terrestre que impone la Ley de Costas. No tengo las habilidades de cálculo de nuestros políticos, pero puedo estimar a ojo que el proyecto sólo destina a zona verde un 15% de los terrenos excluidos por la ley de Costas, que se destinarán en su mayoría a la construcción de viviendas. ¡Psé, una minucia de 220.000 m2 menos de zona verde real!
No incluye José Loaiza esta zona (incluida la zona de servidumbre) en sus previsiones de arbolado, pero creo que hacen falta más de 3.500 árboles si quiere cumplir su plan; si es que consigue poner algún árbol en un terreno del cual no es dueño el ayuntamiento. Dudo mucho que sea de interés ajeno repoblar la zona, como está demostrado en otras actuaciones. ¿Qué pretende hacer usted, don José, con esa zona verde? DIARIO Bahía de Cádiz
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