23/08/2010. Estefanía Benítez Reyes (Concejala no adscrita Ayuntamiento de Chiclana)
Si bien considero que mi actual condición de concejala no adscrita del Ayuntamiento de Chiclana debe alejarme de la lucha entre los grandes titanes de la política, he creído conveniente manifestarme, como representante de los ciudadanos en la Corporación Municipal y, más aún si cabe, como andaluza –de origen y residencia, cosa que él no puede decir-, ante las aciagas declaraciones del diputado popular Juan Soler, para más datos, diputado autonómico por Madrid si bien, como la mayoría de aquellos que destacan las cualidades del pueblo madrileño y que incluso se las adjudican a sí mismos, no es originario de la capital de España sino de Cantabria. Algo que, por si el señor Soler no lo sabe, causa enorme malestar a los verdaderamente oriundos de Madrid, quienes ven cómo foráneos se apropian indebidamente de sus rasgos característicos y manchan su nombre dentro y fuera de la Comunidad.
Independientemente del color político de este señor y del de la víctima de sus críticas, la socialista Trinidad Jiménez, la diana de sus disparos, por mucho que intente dar una interpretación ambigua o amortiguada a sus declaraciones, no ha sido otra que el pueblo andaluz que, una vez más, ha visto como los políticos no tienen el menor reparo en usar las señas de identidad de una tierra grande, noble y hospitalaria.
Es penoso observar que hoy día la rivalidad política, que debiera ser exponente de una sana democracia, en la que, como es lógico, tuvieran cabida la pluralidad y la tolerancia, se ha convertido en un campo de batalla en el que todo vale, en el que lo que más abundan son las “puñaladas traperas”, los insultos, las calificaciones, el control de la vida personal de los opositores.
Ejemplos, como el protagonizado por el incalificable Sr. Soler, demuestran que la xenofobia está latente en nuestra sociedad, que la democracia en este país es pura teoría y que en la práctica lo que prima es la imposición de unas ideas, las que sean, las propias, las del político de turno, sin respeto a las de los demás, derribando, destruyendo, aniquilando todo lo que encuentran a su paso, en su escalada hacia el ansiado poder. El debate político es legítimo, por supuesto, y la crítica y la fiscalización y el control a las acciones que afecten al pueblo que no nos parezcan correctas. Pero el ataque personal, no. Y menos aún el desprecio a millares de personas.
Parece mentira que quienes, aparentemente, apuestan por la unidad de España discriminen a alguien por su acento andaluz. Porque está claro que no se trata del hecho de haber nacido en un lugar distinto de Madrid, ya que Juan Soler no es natural de Madrid, sino el de ser, en concreto, de Andalucía y, como corresponde, hablar con acento andaluz. Tal vez lo que sucede es que este político separatista se ha sentido amenazado ante la posibilidad de que la Sra. Jiménez ocupe el cargo al que aspira y no por el partido al que pertenece, que para mí y más en este caso es lo de menos, sino por su procedencia, porque le asusta el carisma y el empuje del andaluz que, sin duda, a él le faltan.
Cuando leí la noticia, es decir, las declaraciones-insultos llevadas a cabo por este siniestro personaje de la política española pensé que, si tienen un mínimo de dignidad, lo cual no pongo en duda, sus compañeros andaluces de su partido e incluso los militantes del mismo en Andalucía, debían haberse sentido ofendidos porque, lógicamente, de sus palabras se desprende que está llevando a cabo una discriminación en sus propias filas, advirtiendo de la imposibilidad de un político popular de origen andaluz de acceder a un cargo en Madrid. O puede que, en ese caso, haciendo gala de un burdo catetismo, esa persona fuese obligada a olvidar su acento y hablar en castellano. Reitero lo dicho, un catetismo y una actitud dictatorial de la que muchas personas hemos sido víctimas y que hay que desterrar de la manera que sea porque hablar en andaluz no es hacerlo de manera incorrecta ni debe acomplejarnos en absoluto si nos sentimos orgullosos de haber nacido en Andalucía. Se puede hablar adecuadamente en andaluz como se pueden usar muchas palabras y expresiones de manera incorrecta hablando en castellano.
Así, si insiste en criticar un acento que suena de fuera en Madrid, más le valiera al partido del Sr. Soler documentarle para que conozca la cuantía del número de ciudadanos extranjeros y procedentes de otras Comunidades españolas empadronados en Madrid, así como los hijos de estos que, lógicamente, oyen en sus hogares hablar en infinidad de lenguas y con acentos muy diversos. Lógicamente, en una ciudad cosmopolita, que se precisa de ser abierta y multicultural como Madrid, el Sr. Soler estaría mejor alejado de la vida pública y encerrado en un despacho, no sea que su acento se contamine del de los muchos habitantes de fuera que la pueblan. DIARIO Bahía de Cádiz